
La dificultad de millones de argentinos para pagar sus deudas se convirtió en un foco de tensión para el gobierno de Javier Milei y llegó a las páginas del periódico británico especializado Financial Times. A 14 meses de su intento de reelección y con la mirada puesta en 2027, el aumento de los préstamos en mora expone uno de los costos sociales más visibles de su ajuste, aun cuando la inflación anual cayó desde un pico de 289% a comienzos de 2024 hasta 34%.
El dato más contundente surge del último tramo del problema: 5,8 millones de personas ya están atrasadas en sus pagos, casi un tercio de todos los prestatarios, según reconstruyó Financial Times a partir de cifras de la consultora Equilibra. El centro de estudios estimó además que 16,3% del crédito otorgado a individuos acumula al menos tres meses de mora.
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Esa combinación abrió un nuevo frente en el debate sobre las reformas de libre mercado del presidente. Mientras sectores exportadores como el agro y la energía muestran dinamismo, ramas como la construcción, la industria manufacturera y el comercio minorista atraviesan una desaceleración que achicó o congeló ingresos.

Nery Persichini, jefe de research de GMA Capital, resumió ese contraste ante el medio: “Hay crecimiento [económico], pero la gente no lo siente”. Y agregó: “Mucha gente la está pasando mal en esta transición”.
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El crédito creció al mismo tiempo que se encareció la vida cotidiana
El gobierno de Milei redujo el gasto público y estabilizó variables que habían distorsionado el sistema financiero argentino durante años. Ese proceso incentivó a los bancos a prestar más, pero coincidió con una mayor necesidad de endeudamiento de los hogares, que ya no cuentan con una inflación acelerada que licúe el peso real de sus cuotas.
Según la publicación, las tasas reales pasaron a ser marcadamente positivas y en muchos casos treparon muy por encima de los tres dígitos. A la vez, la eliminación de subsidios al gas, la electricidad y el transporte volvió más difícil calcular la capacidad de repago.
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El caso de Jonatan Verón, chofer de Uber de 41 años en La Plata, refleja ese deterioro. A comienzos de 2025 pidió un préstamo bancario de unos USD 1.300 para reparar el motor de su auto; pocos meses después empezó a incumplir pagos porque sus ingresos no acompañaron el costo de vida.
Cuando se le reventó un neumático, tomó además USD 330 de un prestamista informal con una tasa de interés de 300%. Desde entonces, sus deudas escalaron a más de USD 11.000 e incluyen compromisos con su hermana, su exesposa y su proveedor de telefonía móvil. “Es muchísimo”, dijo al diario. “Pero no tenía otra opción”.
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Para el oficialismo, el salto de la morosidad no configura una crisis. La oficina del presidente afirmó el lunes que las cifras “no muestran una situación de crisis” y sostuvo que los atrasos “tienden a disminuir” luego de que los datos de junio mostraran una estabilización de la mora desde mayo.
Los funcionarios agregan que el fenómeno responde en parte a una expansión demorada del crédito privado argentino, que equivale a apenas 12% del producto interno bruto, un nivel muy bajo en comparación con países vecinos. También atribuyen el deterioro a la fuerte suba de tasas del año pasado, aplicada por las entidades para cubrirse de la volatilidad de mercado antes de las elecciones legislativas de medio término.
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La deuda pasó de problema individual a riesgo político y económico
Milei dejó en claro que no comparte una mirada compasiva hacia los deudores. En una entrevista televisiva de este mes, planteó: “¿Alguien les puso un arma en la cabeza para hacerlo?”, y definió la mora como “un problema entre actores privados”.
Esa postura choca con el diagnóstico de varios economistas. Amílcar Collante, fundador de la consultora Profit, advirtió a Financial Times que, con tanta gente afectada, el fenómeno deja de ser microeconómico y amenaza con convertirse en un problema macroeconómico.
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El punto es sensible para la estrategia oficial. El gobierno considera al crédito privado una de sus principales herramientas para impulsar el consumo y la actividad, dos variables que avanzan más lento de lo esperado. Collante lo resumió así: “No está claro que el crédito pueda ayudar a la actividad cuando hay tanta gente incapaz de volver a endeudarse por deudas impagas”.
Luis Caputo, ministro de Economía, busca otras vías para ampliar el mercado. A comienzos de este mes flexibilizó restricciones históricas para que los bancos presten en dólares a empresas y el miércoles presentó un esquema destinado a impulsar el mercado hipotecario.
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La oposición peronista, fragmentada hasta hace poco, encontró en la deuda un eje común. Sus dirigentes acusan al Presidente de empujar a la población “a endeudarse para sobrevivir”, y la semana pasada sindicatos marcharon en Buenos Aires para exigir alivio.
Las billeteras digitales quedaron en el centro de las críticas por las tasas
La irritación social también alcanzó a las fintech y a las billeteras digitales, de uso masivo en Argentina. Más de 32% del crédito a individuos otorgado por fintech y otros prestamistas no bancarios está en mora, de acuerdo con Equilibra.
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Durante las protestas de la semana pasada, manifestantes acusaron a Milei de ser “cómplice” de la “usura” de esas plataformas. Luci Cavallero, fundadora del grupo comunitario Movida Ciudad, sostuvo: “Están cobrando 200% de interés, y eso es usura si se considera la poca capacidad de pago que tiene la gente”.
Mariano Biocca, titular de la cámara fintech argentina, respondió que las billeteras deben fijar tasas más altas que los bancos porque trabajan con prestatarios de mayor riesgo. También señaló que los préstamos fintech representan una porción reducida del total de deuda vencida. “Este es un proceso de aprendizaje”, dijo, y añadió que “todos los proveedores de crédito se fueron frenando este año mientras recalibran su toma de decisiones”.
Los datos del banco central muestran que la oferta de crédito a individuos casi no se expandió desde fines de 2025. Milei descartó un rescate estatal para deudores, aunque Caputo dijo el mes pasado que los prestamistas preparaban planes propios “para refinanciar deudas a plazos más largos y tasas más bajas”.
La dificultad para sostener el consumo ya empieza a rozar la política. La economía frenada afectó este año el respaldo al Presidente: 38% de los consultados aprueba su gestión, según la encuestadora Casa Tres. Persichini explicó al diario que, cuando los bolsillos pierden poder de compra por menores ingresos disponibles, el crédito debería funcionar como motor del consumo. “Ahora mismo, ese motor está apagado”.
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