
La noticia que conmociona a los mercados internacionales y al ámbito político estadounidense es la muerte de Alan Greenspan a los 100 años. El expresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, que lideró el organismo entre 1987 y 2006, fue una de las figuras más influyentes de la economía mundial durante el último cuarto del siglo XX y el inicio del XXI. Su fallecimiento ocurrió en Washington y, de acuerdo con la prensa internacional, la causa fue una complicación derivada del Parkinson, enfermedad que atravesó en sus últimos años. Su esposa, la periodista Andrea Mitchell, lo confirmó a los medios y destacó su pasión por el béisbol, la música y su dedicación a la economía.
El nombre de Alan Greenspan se asoció durante años a la prosperidad estadounidense, al control de la inflación y al misticismo en torno a los mensajes del banco central. Según Financial Times, los mercados globales y la política de Washington vieron en él a un “maestro” capaz de conducir la economía a través de escenarios complejos. Su figura generó devoción en Wall Street y en los círculos de poder, incluso cuando las críticas por la crisis financiera de 2008 comenzaron a modificar la percepción sobre su legado.
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Nacido el 6 de marzo de 1926 en Nueva York, Greenspan creció en el barrio de Washington Heights. Su infancia transcurrió en un departamento modesto junto a su madre y sus abuelos, tras la separación de sus padres. Desde joven mostró habilidades sobresalientes en matemáticas y música. Formó parte de una banda de jazz profesional en su adolescencia y estudió en la prestigiosa Juilliard School antes de decidirse por la economía. Según relató a Associated Press, la experiencia como músico le permitió comprender la disciplina y la modestia, rasgos que luego aplicó en su carrera como analista económico.
Tras obtener su doctorado en economía por la Universidad de Nueva York, Greenspan fundó una consultora y se integró en los círculos de poder económico y político. En los años cincuenta, se vinculó con la filósofa Ayn Rand, quien lo apodó “el enterrador” por su vestimenta oscura y su actitud reservada. Rand influyó en su visión sobre el libre mercado y la autorregulación, conceptos que marcaron su pensamiento a lo largo de su vida profesional.
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Su irrupción en la política nacional se consolidó en los años setenta, cuando presidió el Consejo de Asesores Económicos de la Casa Blanca bajo el gobierno de Gerald Ford. Posteriormente, Ronald Reagan lo convocó para liderar la Reserva Federal (FED) en 1987. Apenas dos meses después de asumir el cargo, enfrentó el desafío del “Black Monday”, el mayor desplome bursátil en un solo día en la historia de Estados Unidos, con una caída del 22,6% en el Dow Jones. Associated Press detalló que Greenspan optó por garantizar liquidez y confianza, evitando así una crisis sistémica mayor. Los mercados se recuperaron rápidamente y su reputación creció como gestor de crisis.
Durante su mandato, Greenspan atravesó otros episodios que pusieron a prueba su capacidad de reacción: la crisis financiera asiática de 1997, la caída del fondo Long-Term Capital Management y los ataques del 11 de septiembre de 2001. Según Financial Times, su liderazgo consolidó a la Reserva Federal como una institución confiable y dotó al organismo de herramientas modernas para enfrentar la volatilidad global. La FED, mediante un comunicado recogido por Associated Press, destacó que bajo su dirección se alcanzó una era de estabilidad de precios y crecimiento económico, lo que fortaleció la confianza pública en la institución.
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La gestión de Greenspan coincidió con uno de los ciclos de expansión económica más extensos en la historia contemporánea de Estados Unidos. Entre 1991 y 2001, el país vivió un boom de crecimiento, descenso del desempleo y control de la inflación. Financial Times señaló que, a pesar de su filiación republicana, Greenspan supo trabajar con presidentes de ambos partidos: Reagan, George H.W. Bush, Bill Clinton y George W. Bush lo mantuvieron en el cargo y confiaron en su criterio técnico y en su pragmatismo.
El nacimiento de un idioma nuevo: el “Greenspanese”
El estilo comunicacional de Greenspan aportó mística y desconcierto a los mercados. Su lenguaje, deliberadamente ambiguo, dio origen al término “Greenspanese”, que describía la forma críptica en la que se dirigía al Congreso y a la prensa. Associated Press recogió una de sus frases más recordadas: “Sé que creen que entienden lo que piensan que dije, pero no estoy seguro de que se den cuenta de que lo que escucharon no es lo que quise decir”. Esta técnica de comunicación le permitió minimizar el impacto inmediato de sus palabras en los mercados, aunque también generó frustración entre legisladores y periodistas.
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El fenómeno del “Greenspanese” trascendió el ámbito técnico y se volvió parte de la cultura financiera de Estados Unidos. Analistas e inversores intentaban descifrar cada palabra y cada gesto del presidente de la FED, atentos a los posibles mensajes ocultos sobre la dirección de la política monetaria. El humor y la confusión que generaba su oratoria reforzaron el aura de misterio alrededor de sus decisiones y potenciaron su influencia en la dinámica de Wall Street y Washington.
El “Indicador del Maletín” (Briefcase Indicator)
La obsesión de los mercados por desentrañar los mensajes de Greenspan alcanzó niveles insólitos con el nacimiento del mito del “Briefcase Indicator”. Durante su mandato, inversores y periodistas llegaron a analizar el tamaño y el peso del maletín que llevaba a las reuniones de la FED para intentar anticipar cambios en las tasas de interés. Si el maletín de Greenspan se veía voluminoso y cargado, muchos interpretaban que llevaba documentos para respaldar una decisión trascendente. Si lucía liviano, predominaba la expectativa de continuidad en la política monetaria.
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Esta anécdota, recogida por Associated Press, ilustra cómo la figura de Greenspan generó todo un folclore en torno a su presencia física y sus hábitos cotidianos. El “Briefcase Indicator” es un ejemplo de la atención que despertaban detalles mínimos de su rutina y del poder que alcanzaron sus acciones simbólicas. La fascinación por su comportamiento reflejó la magnitud de su influencia y la sensibilidad de los mercados ante cualquier signo proveniente de la Reserva Federal.
Las dos palabras que derrumbaron los mercados: “Exuberancia Irracional”
La capacidad de Greenspan para modificar el rumbo de los mercados con una sola frase quedó evidenciada en diciembre de 1996, cuando pronunció las palabras “exuberancia irracional” en un discurso oficial. Durante una intervención que parecía rutinaria, planteó una pregunta retórica sobre el peligro de que los precios de los activos subieran demasiado rápido. La sola mención de ese concepto provocó una caída inmediata en los mercados bursátiles internacionales al día siguiente.
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El episodio de la “exuberancia irracional” marcó la relación entre la FED y los mercados financieros globales durante el auge tecnológico de los años noventa. Aunque Greenspan advirtió sobre el sobrecalentamiento, eligió no intervenir con una suba agresiva de tasas de interés, permitiendo que la burbuja dot-com continuara creciendo hasta su estallido en el año 2000. Financial Times explicó que su política consistía en intervenir después de los estallidos y no durante la formación de las burbujas, lo que generó debates internos y controversias que persisten hasta hoy.
La influencia de Greenspan en la cultura popular y en el periodismo especializado generó una atención inusual sobre el banco central estadounidense. Financial Times recordó que, a fines de la década del noventa, apareció en la tapa de la revista Time junto a los entonces secretarios del Tesoro y de Defensa, con el título “el comité para salvar el mundo”. El aura de infalibilidad se sostuvo durante la burbuja tecnológica y se reforzó con su célebre advertencia sobre la “exuberancia irracional”.
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La política monetaria de Greenspan generó debate y controversias, especialmente a partir de la crisis de las hipotecas subprime. Tras dejar la FED en enero de 2006, la economía estadounidense ingresó en un proceso de deterioro que culminó con la Gran Recesión de 2008. Críticos y analistas, según Financial Times y Associated Press, lo responsabilizaron por haber mantenido tasas de interés bajas durante demasiado tiempo y por haber apoyado la desregulación financiera. Greenspan se mostró autocrítico ante el Congreso y reconoció que confió en exceso en la capacidad de autorregulación de los bancos y de los mercados. “Cometí un error”, declaró ante los legisladores, citado por Associated Press.
Durante la administración de Bill Clinton, Greenspan impulsó la eliminación de partes clave de la Ley Glass-Steagall, lo que permitió la integración de la banca comercial y de inversión. También se opuso al aumento de controles sobre los derivados financieros, productos que luego estuvieron en el centro de la crisis. La Comisión de Investigación sobre la Crisis Financiera, según el reporte de Associated Press, concluyó que décadas de desregulación y confianza en la autorregulación impulsadas por Greenspan y otros funcionarios “eliminaron salvaguardas clave que podrían haber evitado la catástrofe”.
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A pesar de las críticas, el expresidente de la FED recibió múltiples reconocimientos a lo largo de su carrera. George W. Bush le otorgó la Medalla Presidencial de la Libertad, la máxima distinción civil del país. La reina Isabel II lo nombró caballero honorario en 2002. Financial Times destacó que, en su última reunión al frente de la FED, sus colegas lo ovacionaron y citaron pasajes de Shakespeare para elogiar su trayectoria.
En su vida personal, Greenspan cultivó pasiones diversas. Amante del jazz, tocó el clarinete y el saxofón en su juventud, y se mantuvo vinculado a la música durante toda su vida. Su matrimonio con la periodista Andrea Mitchell, en 1997, fue resultado de una larga relación. Previamente, había mantenido un vínculo sentimental con la conductora Barbara Walters, lo que lo llevó incluso a las páginas de la prensa de espectáculos, según relató Associated Press.
Luego de dejar el cargo, Greenspan fundó su propia consultora y continuó participando en debates sobre política económica. Publicó varios libros, entre ellos sus memorias y un análisis sobre la crisis financiera en “The Map and the Territory”. Defendió su gestión en la FED y argumentó que la magnitud de la burbuja inmobiliaria y la crisis posterior excedió las capacidades del análisis económico tradicional y los modelos de previsión vigentes en ese momento.
En los últimos años, Alan Greenspan intervino públicamente para defender la independencia de la Reserva Federal frente a las críticas de la administración Trump. En enero de 2026 firmó una declaración conjunta con otros expresidentes de la FED y exsecretarios del Tesoro, rechazando los intentos de politizar la política monetaria y advirtiendo sobre el impacto negativo que ello podría tener en la inflación y la estabilidad de los mercados.
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