
A grandes rasgos, el business plan es así: armar una empresa, restaurar áreas desforestadas, reducir el aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera y generar ingresos. El incipiente mercado de créditos o bonos de carbono es una incógnita para el gran público, pero es una realidad concreta que crece a nivel global y que comienza a despegar en Argentina de la mano de un puñado de startups pioneras.
Si bien las iniciativas verdes no parecen estar en ese momento del todo alineadas con la agenda política del país, hay muy interesantes proyectos en marcha que evolucionan, tienen muy buenas perspectivas y buscan posicionar al país como un jugador importante a nivel global de este incipiente negocio.
A estas empresas de un segmento de negocios denominado clima tech se sumaron BAX, la primera Bolsa de Bonos de Carbono del país; la Mesa Argentina del Carbono, con 52 integrantes y carácter institucional sectorial; y una cámara empresaria del sector que reúne a 15 compañías y busca articular normativas y procesos más transparentes y eficientes para el mercado.

Según cálculos de la Mesa del Carbono, si en el país se generarán créditos en el 10% de las tierras agropecuarias y forestales, podrían generarse por sus ventas unos USD 500 millones. Si el porcentaje sube a 30%, serían unos USD 2.400 millones. Todo sin inversión pública, pero con leyes que impulsen el sector.
“Los proyectos no compiten con la producción agropecuaria o forestal: la complementan. Permiten nuevos ingresos sin cambiar el suelo. Con ese plan, se podrían movilizar entre USD 2.200 y 3.800 millones en inversiones privadas hacia regiones productivas, con beneficios ambientales y sociales tangibles”, destacó la Mesa.
Otras empresas del sector son GMF, Ruuts, Unitan, Cambium y Prosustentia.
El nacimiento del negocio de créditos de carbono
El surgimiento del mercado de bonos de carbono responde a la necesidad de revertir las emisiones, principalmente de dióxido de carbono. Detrás de eso crece un verdadero negocio. Un crédito de carbono equivale a una tonelada métrica de CO₂ capturada o evitada. El valor de estos créditos varía de acuerdo con su calidad y al impacto ambiental real de cada proyecto. Los precios pueden oscilar entre USD 3 y 30, y los más costos están asociados a restauración de ecosistemas y captura efectiva de carbono atmosférico.
La calidad se determina por la capacidad del proyecto para restaurar ecosistemas degradados y ofrecer beneficios adicionales, como biodiversidad y desarrollo comunitario. Los créditos asociados a energías renovables suelen tener menor valor que aquellos vinculados a la recuperación de bosques nativos, ya que estos últimos generan una captura directa y cuantificable de carbono, además de contribuir a la regeneración de servicios ecosistémicos.
Un crédito de carbono equivale a una tonelada métrica de CO₂ capturada o evitada
Las primeras mediciones sistemáticas de CO₂ se iniciaron en Hawái en la década de 1950, lo que permitió establecer una correlación directa entre emisiones y calentamiento global. A partir de estos datos, organismos multilaterales como la ONU impulsaron tratados internacionales, entre ellos el Protocolo de Kioto y el Acuerdo de París, que sentaron las bases para la creación de mecanismos de compensación de emisiones entre países.
El mercado se divide en dos grandes segmentos: regulado y voluntario. En el primero, los estados asumen compromisos de reducción y pueden transferir créditos a otros países menos contaminantes. Por ejemplo, Argentina ha recibido fondos internacionales bajo este esquema, aunque la restauración efectiva de los ecosistemas no siempre acompañó el flujo de dinero.
El mercado voluntario, en cambio, surgió con grandes empresas que comenzaron a asumir compromisos propios de neutralidad climática, replicando el modelo de compensación estatal pero en la esfera corporativa. Multinacionales como Unilever y Microsoft se convirtieron en referentes, motivadas por exigencias de inversores y consumidores. Para operar en este mercado, los proyectos deben ser validados por certificadoras especializadas como Verra y Gold Standard, las principales certificadoras internacionales que auditan la calidad y efectividad de las acciones de captura o reducción de carbono.
La historia de Nideport
Una de las empresas locales que picó en punta en este mercado y apuesta por la restauración activa de bosques nativos y la producción de créditos de carbono de alta calidad es Nideport.
Su principal proyecto, Vida Nativa, está en Misiones, en la frontera con Brasil, sobre un área de más de 24.500 hectáreas pertenecientes al bioma de la Mata Atlántica, una de las zonas de mayor valor fotosintético del planeta; uno de los pulmones terrestres que iba desde Río de Janeiro hasta Misiones, y del que queda poco y nada.

“No somos ambientalistas: hacemos un negocio cuidando el medio ambiente. Nuestro objetivo es restaurar 45 millones de hectáreas en el país para 2035 y potenciar la comercialización de créditos en Europa y Estados Unidos”, le dijo a Infobae Juan Núñez, CEO y cofundador de la empresa.
“La empresa nació en 2019 y su modelo parte del arrendamiento y posterior compra de tierras privadas, ofreciendo a los propietarios ingresos superiores a los que obtendrían por la explotación maderera tradicional. El nuestro era un campo de árboles que para abrazarlos se necesitaban ocho personas... De esos, hoy queda uno solo. Se arrasó todo”, detalló el CEO.
Núñez es especialista en seguridad, con estudios en Israel y pasó por la función pública junto a Sergio Berni, en el Consejo de Seguridad Interior. Luego se desempeñó en la actividad privada y, en una reunión con amigos, surgió la idea de “hacer algo” con tierras que tenían dos de los socios en Misiones, aunque finalmente no se usaron para el proyecto inicial. Desde los comienzos, la empresa cuenta con el apoyo y la inversión del fondo de inversión tecnológico local Draper Cygnus y solo este año esperan sumar 130.000 hectáreas nuevas a la iniciativa.
El país recibió unos USD 800 millones para protección de bosques, pero la mayor parte de las acciones de restauración provienen de privados
Una vez asegurada la tenencia de la tierra, la compañía detiene la deforestación e implementa un plan de restauración científica fusionado con procesos de certificación que incluyen colaboración con comunidades locales y pueblos originarios, como los Mbya Guaraní, plantación de especies nativas, recuperación de biodiversidad y utilización de tecnologías avanzadas de monitoreo —como drones con cámaras térmicas, sistemas de topografía digital y plataformas blockchain— para mapear y supervisar en tiempo real cada árbol plantado.
El proceso de certificación exige auditorías periódicas y la aplicación de metodologías estrictas. Verra, la principal certificadora internacional —un verdadero gigante con 80% del share global—, fue fuertemente cuestionada a nivel mundial hace unos tres años, lo que provocó un tembladeral en el sector. Tras aumentar sus estándares de certificación, logró recuperarse. Verra le otorgó a Nideport la certificación internacional y también cuentan con una calificación de “A” por parte de la auditora Silvera.
“Más allá de las discusiones ideológicas sobre el cambio climático que pueda haber, no se puede soslayar que estamos agotando recursos que el planeta tarda mucho tiempo en regenerar, mucho más que la velocidad en la que se consumen”, describió Núñez.
Nideport lleva recaudados unos USD 7 millones financiados por fondos internacionales —Draper Cygnus, Embarca, Antom, Koi Ventures y Alma Ventures— y hoy está valuada en casi USD 100 millones.
Cifras y alcance de la restauración de Vida Nativa
El proyecto se refleja en cifras que, según Nideport, están respaldadas por monitoreo ambiental continuo y validación pública: más de 1,2 millones de toneladas de CO₂ removidas y almacenadas desde 2020; reducción del 97% en la incidencia de incendios forestales; una retención adicional de agua estimada en 30 millones de metros cúbicos anuales; y la generación de beneficios sociales directos para unas 1.500 personas de comunidades y pueblos rurales.
Los precios de los créditos de carbono pueden oscilar entre USD 3 y 30, y los más costos están asociados a restauración de ecosistemas y captura efectiva de carbono atmosférico
Estas acciones permitieron la restauración activa de 22.878 hectáreas de selva Paranaense —un bosque degradado en más del 65%—, la protección de 10 especies en peligro de extinción, el resguardo de 50 especies endémicas y la reaparición en la zona de fauna emblemática como el yaguareté.
La estrategia de Nideport integra inteligencia artificial, drones autónomos, sensores IoT y monitoreo satelital para supervisar los ecosistemas restaurados y permitir una toma de decisiones precisa. Su nueva plataforma digital tiene vigilancia en tiempo real, prevención de incendios, detección de amenazas como la caza furtiva y la tala ilegal, y un control eficiente en zonas sensibles, especialmente en la frontera argentino-brasileña.
Este mes, su sistema de monitoreo satelital permitió la detección temprana de un incendio de gran magnitud. La empresa tiene drones automatizados que despegan solos para mostrar imágenes y ubicaciones en tiempo real ni bien el sistema detecta algún tipo de alerta temprana en sus campos.
La compañía emplea a 40 personas, de las cuales 15 trabajan en campo, y desarrolla proyectos piloto en países como Islandia, México e India.
Contexto internacional y exigencias regulatorias
La Unión Europea impuso requisitos estrictos para la importación de bienes y servicios, exigiendo la trazabilidad completa de la huella de carbono y la certificación de que la producción no proviene de bosques talados. Esta política se inscribe dentro de los compromisos del bloque de alcanzar la neutralidad climática entre 2035 y 2050. Como resultado, países agroexportadores como Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay enfrentan la necesidad de adaptar sus procesos productivos y adoptar mecanismos de compensación para no perder acceso a los mercados internacionales.
“No somos ambientalistas: hacemos un negocio cuidando el medio ambiente. Nuestro objetivo es restaurar 45 millones de hectáreas en el país para 2035” (Núñez)
En Estados Unidos, la administración federal muestra señales mixtas, pero las grandes compañías mantienen compromisos propios de reducción y retiro de créditos, lo que sostiene la demanda global de estos instrumentos. En 2025, se registró un récord de compras de créditos por parte de empresas norteamericanas y europeas.
Argentina posee extensas áreas de bosques degradados, resultado de décadas de explotación agrícola y forestal, y cuenta con una de las tasas de crecimiento forestal más altas, especialmente en regiones subtropicales como Misiones, lo que genera ventajas comparativas para proyectos de captura de carbono.
El mercado local aún se encuentra en una fase incipiente, y su desarrollo depende de la articulación entre organismos estatales como la Cancillería y la Secretaría de Ambiente, además de la convergencia entre el mercado regulado y el voluntario. Si Argentina logra formalizar su integración, prometen los jugadores del sector, el valor de los créditos nacionales podría duplicarse o triplicarse, alcanzando precios similares a los de países como Japón, donde la demanda insatisfecha es elevada.
A pesar de la llegada de fondos internacionales, la restauración efectiva es limitada hasta el momento. Según datos internos del sector, el país recibió alrededor de USD 800 millones destinados a la protección de bosques, pero la mayor parte de las acciones de restauración efectiva provienen de iniciativas privadas y startups tecnológicas.
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