
En febrero, la inflación retomó protagonismo en la agenda económica. Diversos informes sectoriales y de consultoras privadas coincidieron en que no se detecta una desaceleración significativa tras el 2,9% informado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) en enero. Distintos relevamientos de precios de alta frecuencia, especialmente en alimentos y bebidas, revelan una inercia inflacionaria que dificulta el objetivo oficial de alcanzar un índice mensual que comience con cero para mitad de año.
Entre las consultoras, la proyección más optimista corresponde a Analytica, que estima un IPC de 2,8% para febrero, lo que implicaría una desaceleración mínima de 0,1 puntos porcentuales (p.p.) respecto al mes anterior. En el otro extremo, Eco Go prevé una inflación de entre 2,9% y 3%, lo que marcaría una ligera aceleración respecto al dato de enero. Similar a la consultora de C&T en donde estiman que estará por debajo del 3%. En cualquiera de los escenarios, los planes del equipo económico están complicados, ya que necesitan cortar de manera significativa con la tendencia de aceleración que ya arrastra más de cinco meses.
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El rol de alimentos y bebidas en la dinámica inflacionaria
El informe más reciente de la consultora LCG analizó la evolución de los precios en alimentos durante la cuarta semana de febrero. El monitoreo registró variaciones acumuladas que mantuvieron la atención sobre el impacto en la canasta básica y el consumo masivo. Según los datos relevados, la tendencia inflacionaria en alimentos “no presentaron variaciones de precios contra una semana atrás”. No obstante, aclararon que “aún con la estabilidad de precios de esta semana, la inflación mensual se dispara a niveles por encima del 4%”.
En el último informe, LCG destacó: “Carnes presentó una caída de precios después de 15 semanas al alza”. A la vez, el reporte remarcó que Bebidas y Carnes (45% de la canasta) aumentan por encima del 5% mensual. “La inflación mensual promedio de las últimas 4 semanas se aceleró 0,8 pp, trepando a 4,2%”, sumaron.
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Por su parte, Analytica informó que en la tercera semana de febrero los precios de alimentos y bebidas en el Gran Buenos Aires subieron 0,8% en términos semanales. “El promedio de cuatro semanas se ubicó en 2,6%”, detalló la consultora. En el desglose por categorías, carnes y derivados (4,2%) y pescados y mariscos (4,0%) encabezaron los incrementos, mientras que aguas, gaseosas y jugos aumentaron 1,4%, y panes y cereales, 0,9%. Estas cifras reflejan la dispersión de aumentos dentro del segmento, un fenómeno que se repite en otros relevamientos privados.
El informe de Econviews sobre supermercados reveló una suba promedio del 1,3% en la tercera semana de febrero para la canasta de alimentos y bebidas. En ese período, destacaron los aumentos en carnes (4,4%) y verdulería (2,4%). El acumulado de las últimas cuatro semanas alcanzó 2,1 por ciento. Aunque este dato es levemente inferior al reportado por Analytica, ambas consultoras coinciden en que los alimentos siguen impulsando la inflación mensual en un contexto de alta sensibilidad social.
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Las consultoras advierten que dentro de alimentos y bebidas persisten diferencias notables entre grupos de productos: carnes, pescados y verduras muestran incrementos superiores al promedio, mientras que bebidas y panificados presentan subas más moderadas. Esta dinámica responde a factores como la estacionalidad, los costos de producción y las condiciones del mercado interno.
Cambios metodológicos y debate sobre la medición oficial
El seguimiento de los precios minoristas cobró aún más relevancia tras la publicación del dato oficial de inflación de enero, que marcó un incremento de 2,9% y un acumulado de 32,4% en los últimos doce meses. El resultado sorprendió a algunos analistas por la magnitud de la suba y reabrió el debate sobre la dinámica de precios para los próximos meses. La discusión se intensificó porque días antes de la publicación se produjo la salida de Marco Lavagna de la conducción del Indec y se conoció la decisión del Gobierno de postergar la actualización de la fórmula de inflación, que implicaba reemplazar la canasta de consumo de 2004 por la de 2017/2018, lo que habría reflejado de manera más precisa el aumento de los precios.
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En el plano metodológico, la continuidad de la fórmula actual se mantiene como tema de discusión. Tras la salida de Lavagna, el ministro de Economía, Luis Caputo, afirmó que no se realizarán cambios en la medición oficial hasta que no se consolide la desaceleración. No obstante, resta determinar si durante la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI) en la segunda revisión existió algún requerimiento específico, dado que la actualización fue un compromiso asumido en la primera revisión.
De haberse cambiado la fórmula, en enero hubiera dado menos de 2,9%, según estimaciones privadas, ya que se reducía la ponderación del rubro Alimentos y bebidas no alcohólicas de 26,9% a 22,7%, aunque aumentaba la de Vivienda, Agua, Electricidad y otros combustibles, que aumentaba de 9,4% a 14,5% en medio del nuevo esquema de subsidios.
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Proyecciones para el corto plazo y factores determinantes
El registro de 2,9% en enero, divulgado por el Indec, estableció un piso para las expectativas inflacionarias del primer trimestre. Las estimaciones para febrero, elaboradas por LCG, Analytica (2,8%), C&T (por debajo de 3%) y Eco Go (2,9%/3%), reflejan consenso entre los analistas respecto a la ausencia de una desaceleración relevante en el corto plazo. La inflación núcleo, que excluye precios regulados y estacionales, permanece en niveles elevados, lo que dificulta una baja sustancial en el índice general.
La evolución de la inflación en los próximos meses dependerá la política salarial, la evolución del tipo de cambio y la dinámica de los precios regulados. Las consultoras privadas continuarán publicando sus relevamientos y proyecciones, en un escenario donde cada punto porcentual adquiere relevancia para la economía doméstica.
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