
La apertura de las importaciones genera más oferta, mayor competencia y, en muchos casos, una calidad superior de productos. En el rubro automotor, no sólo en los vehículos se puede apreciar el cambio en el mercado, sino también en los neumáticos, lubricantes o autopartes en general, lo cual automáticamente baja los precios por una ley básica del mercado de oferta y demanda.
Pero bajar los precios implica reducir márgenes también, lo que inevitablemente lleva a tener que ajustar los valores cuando suben los costos para mantener rentabilidad. Por ese motivo, aunque hay mucha cautela y nadie quiere adelantar su política comercial para octubre, hay cierta coincidencia en aceptar que los autos probablemente aumenten entre un 6 y un 8% en promedio.
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Si bien hasta la semana pasada los números estimados eran superiores, la baja que tuvo la divisa este lunes producto de la reducción a 0% de las retenciones al campo hizo que el sector recalculara. De todos modos, aún falta para el cierre de mes, por lo que las terminales analizarán cómo continúa la cotización en los próximos días antes de tomar una decisión.
Cuando sube el dólar, sube el costo de todo bien importado. Entonces, dependiendo del producto que se trate, el precio de venta debe hacerlo también. Con los autos nacionales, puede amortiguarse un tiempo. Algunas marcas podrían aplicarlo en dos meses, pero con los importados, el ajuste es directo. Por ese mismo motivo, la mayoría de los autos que vienen completos desde otras regiones no se venden en pesos sino en dólares.
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Un auto fabricado en Argentina, por ejemplo, tiene un promedio de 50% de partes importadas, dependiendo el modelo y la marca. En el caso de aquellos que tienen una mayor localización de partes, el traslado a precios se puede sostener hasta que se consume el stock de repuestos, tanto los existentes en las fábricas como los de los proveedores, muchos de los cuales fabrican con insumos importados también.
Ese “buffer” actúa como un amortiguador de precios para casos en los que el dólar suba y baje dentro del esquema de bandas, como ocurrió en los dos primeros meses tras la salida del cepo. Pero cuando el valor se estabiliza mucho tiempo en la zona alta de la cotización oficial, el impacto es inevitable porque ese stock se termina y reponer es más caro.
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Desde una automotriz explicaron: “Es la historia de Argentina. El famoso valor de reposición, que siempre fue la excusa para remarcar por las dudas. La diferencia esta vez es que con una competencia abierta, el que ponía el precio más alto para quedarse cubierto, vendía menos y perdía mercado. El precio, cuando está abierta la economía, lo pone el consumidor”.
“Quienes apostaron a vender mucho no tienen ese margen y deben aumentar porque no estaban protegidos de eventuales aumentos del tipo de cambio. Quienes le dieron prioridad a la rentabilidad y el menor riesgo con precios cubiertos, ahora pueden sostener precios sin trasladar la suba del dólar. La mayoría aplicó aumentos menores, por eso el aumento de los autos fue la mitad de lo que subieron el dólar y la inflación. Así que en octubre el incremento será inevitable”, adelantaron.
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A su vez, el presidente de la Asociación de Fábricas Argentinas de Componentes (AFAC), Juan Cantarella, remarcó: “Teniendo en cuenta que los márgenes comerciales se han ido reduciendo desde el año pasado, el riesgo de traslado a precios se va incrementando. En términos generales es posible que no se traslade en su totalidad porque el nivel de ventas se ha enfriado, pero nadie va a trabajar sin margen”.
“En el caso de los repuestos importados también el impacto es directo, y en el caso de repuestos de fabricación local hay cierto porcentaje de materias primas que están dolarizadas. En este sector también los márgenes cayeron drásticamente con respecto a 2023, con lo cual ante un mercado estancado, algo se podrá absorber pero ya no queda mucho espacio para eso”, puntualizó.
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Mejores condiciones para las exportaciones
Con la decisión del Gobierno de extender la eliminación de las retenciones al campo de este lunes, una de los temas de agenda de la industria automotriz vuelve al escenario: la competitividad de las exportaciones, que representan entre el 50 y el 70% de la producción nacional.
A diferencia del campo, que exporta commodities, los autos son productos manufacturados con una cadena de suministro integrada por una sustancial proporción de proveedores que utilizan insumos importados.
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La competitividad de las exportaciones se ve favorecida por la suba del dólar, pero no alcanza para ser “la otra cara de la moneda”, porque el reclamo de los fabricantes nacionales es una menor carga fiscal y no un ajuste del tipo de cambio. Hoy Argentina tiene entre 13 y 15 puntos de impuestos sobre las exportaciones. “Un dólar más alto es mejor, pero es una aspirina, no es la solución del problema”, aseguran.
“La suba del dólar posiciona mejor nuestros productos, pero no es suficiente para ganar nuevos mercados de exportación sino para vender a mejores precios a los países que ya nos compran. Establecer un cambio de proveedor es un proceso muy largo que puede demandar casi un año de trabajo y una condición sostenida en el tiempo, no algo circunstancial”, explicaron desde una automotriz.
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Varios ejecutivos de la industria sostienen desde hace un año y medio, tras pasar la crisis del mercado del primer semestre de 2024, que una devaluación no es la solución que necesita el sector. “Lo que necesita la industria es una baja de costos que involucra el trabajo privado y el público. Nuestro trabajo es lograr una mayor eficiencia interna en cada marca. La del sector público es bajar los impuestos y costos nacionales, provinciales y municipales que pagamos”, dijo Gustavo Salinas, presidente de Toyota Argentina al respecto en varias oportunidades, y que repiten sus pares en cada oportunidad que tienen para hacerlo.

Fabricar y exportar o sólo importar
Sin embargo, hay un problema de fondo que incluso puede ser más preocupante aún, que es el equilibrio de las dos vías de comercio exterior, la balanza entre exportaciones e importaciones. Si se exportara más de lo que se importa, el dólar cerca de $1.500 permitiría vender más vehículos al exterior de modo tal de compensar el ajuste para el mercado interno y no volcarlo completamente a precios. Pero pasa lo contrario.
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“No es un problema en sí mismo que suban las importaciones. El problema es que suben mientras las exportaciones están estancadas, y eso hace que suba el déficit. Si se agrega que los proyectos nuevos estarán varios escalones más abajo de localización de autopartes nacionales, vamos a estar acercándonos cada vez más a un escenario en donde pueda resultar indiferente tener o no está industria”, fue el análisis de un empresario del sector que mira más allá del dólar, en el equilibrio entre fabricar y exportar contra sólo importar.
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