
La reciente reducción de los aranceles a la importación de productos textiles, calzado e indumentaria generó la reacción en la Unión Industrial Argentina (UIA), que advirtió sobre los riesgos de una apertura comercial sin tener en cuenta las condiciones de competitividad interna. Si bien la medida tiene como objetivo frenar el alza de precios en el mercado local, la UIA alerta que no se puede avanzar en una integración comercial sin una estrategia que nivele las condiciones para los productores nacionales y consideró que podría implicar un impacto en el empleo y la producción.
La industria textil y del calzado, uno de los sectores más importantes en términos de empleo y producción para varias provincias del país, se encuentra particularmente vulnerable frente a la apertura indiscriminada. En especial, la UIA sostiene que los problemas estructurales del país, como la presión fiscal excesiva, la falta de acceso a crédito y el costo de la informalidad, dificultan la capacidad de los productores nacionales para competir en igualdad de condiciones con las importaciones, especialmente las provenientes de países con estructuras de costos más competitivas.
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La UIA insistió con “la necesidad de tener una coordinación entre la agenda de competitividad y la integración comercial para no seguir profundizando la caída de la producción industrial y el empleo, en especial mediante la baja de impuestos nacionales, provinciales y municipales”.
La industria textil es uno de los principales empleadores en varias provincias, incluidas Buenos Aires, Catamarca, Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), Santiago del Estero y Tucumán. De acuerdo con datos recientes, se estima que más de 10.000 de los 30.000 empleos industriales perdidos en el último año corresponden a este sector. La caída del empleo, sumada al aumento de la informalidad, podría acelerarse aún más si no se equilibran previamente las condiciones locales para afrontar la competencia externa.
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La UIA destacó también que los aranceles a la importación deben ser solo una parte de una política integral que también contemple una mejora en la competitividad interna. Según sus declaraciones, el “costo argentino” –el cual incluye los altos impuestos nacionales, provinciales y municipales, la rigidez del sistema laboral y la falta de infraestructura adecuada– sigue siendo un obstáculo significativo para las industrias nacionales. Para poder competir de manera justa, sostienen, es necesario reducir la carga fiscal y mejorar el acceso al financiamiento, dos aspectos claves que afectan a las pequeñas y medianas empresas (PyMEs) del sector.

Otro de los problemas clave señalados por la UIA es el comercio ilegal, que afecta de manera significativa a la industria textil. Un reciente relevamiento realizado por el CEU-UIA muestra que el 33% de las empresas del sector industrial se ven afectadas negativamente por el contrabando, con un aumento de esta cifra en el sector textil, donde hasta el 80% de las empresas denuncian el impacto del ingreso ilegal de productos. La falsificación marcaria y el contrabando siguen siendo un lastre importante para las marcas nacionales, que luchan por mantener su competitividad en un mercado saturado de productos que no cumplen con los estándares legales.
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Este fenómeno de comercio ilegal no solo reduce las oportunidades para las empresas que producen de manera legal, sino que también distorsiona los precios de mercado y genera una competencia desleal. En este contexto, la UIA recalca que no es suficiente con reducir los aranceles si, al mismo tiempo, no se implementan políticas más firmes para combatir el contrabando y garantizar que los productos importados cumplan con los mismos estándares de calidad y legalidad que los nacionales.
Uno de los argumentos del Gobierno para reducir los aranceles es la necesidad de frenar los aumentos de precios que afectan a los consumidores. En enero, el rubro textil registró un aumento moderado de 0,6%, mientras que la indumentaria de producción textil aumentó un 1 por ciento. A pesar de estos incrementos, el aumento de los precios en el sector textil sigue siendo menor en comparación con otros sectores de la economía, como alimentos o energía, que registran subas mucho más significativas.
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De hecho, el aumento del precio de la indumentaria en el índice de precios al consumidor (IPC) durante el mes de febrero fue apenas de 0,4%, lo que parece indicar que, a pesar de los reclamos sobre la inflación en los productos textiles, el rubro no experimenta un aumento de precios tan pronunciado como el de otros sectores más sensibles al consumo.
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