
(Desde Washington, Estados Unidos) Luis Caputo y Nicolas Posse fatigaron los principales despachos de la administración de Joseph Biden para lograr que Kristalina Georgieva y su staff del Fondo Monetario Internacional (FMI) conceda a la Argentina un desembolso extraordinario de 15.000 millones de dólares destinados a fortalecer las reservas del Banco Central con el objetivo final de abrir el cepo y unificar el mercado de cambios.
Caputo y Posse son un tándem y juegan de memoria. Cada uno protagoniza su papel institucional: el ministro de Economía explica los fundamentos del programa de ajuste, y el jefe de Gabinete explicita la voluntad de Javier Milei para avanzar en una reforma del Estado que es inédita en cuarenta años de democracia.
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Gita Gopinath, subdirectora gerente del FMI, recibió a Posse y Caputo en una oficina cercana a su despacho en el Head Quarters Uno (HQ1) del Fondo. Junto a Gopinath estaban Rodrigo Valdés y Luis Cubeddu, director y subdirector del Departamento del Hemisferio Occidental del Fondo, mientras que al otro lado de la mesa se ubicaron el presidente del Banco Central, Santiago Bausili, el vicepresidente del BCRA, Vladimir Werning, el secretario de Finanzas, Pablo Quirno, y el representante argentino ante el FMI, Leonardo Madcur.
El conclave fue distentido, pero Gopinath y el staff fueron reluctantes al planteo combinado de Caputo y Posse. La subdirectora reconoció que las metas para la octava revisión -emisión, déficit fiscal y reservas- estaban cumplidas y que el programa económico fue más allá de sus expectativas.
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Sin embargo, Gopinath -que siempre refleja la perspectiva de Georgieva- postergó para junio una definición sobre el desembolso extra que solicita la Argentina para fortalecer reservas y enterrar el cepo. A Caputo y Posse no le quedó otra alternativa que sonreír para la tribuna, frente a una posición de la subgerente del FMI que les resulta contradictora con los números del plan de ajuste.

“Mire a la Argentina, un país que ha sido durante mucho tiempo percibido como un rezagado desde el punto de vista de las reformas, ahora se está moviendo muy rápidamente hacia el endurecimiento del gasto fiscal, conseguir la capacidad de la inversión privada para encontrar un mejor rendimiento. La inflación en Argentina está bajando un poco más rápido de lo que esperábamos inicialmente”, consideró Georgieva durante una conferencia de prensa que ofreció a los periodistas que cubren las Sesiones de Primavera del FMI.
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Las declaraciones de la directora-gerente del Fondo ocurrieron cuando Gopinath ponía su peor cara frente a los argumentos de Caputo y Posse. Por eso, el ministro de Economía y el jefe de Gabinete se fueron un tanto irritados del conclave con la subdirectora cuando su jefa directa -Georgieva- sostiene en público que el programa fluye desde su concepción de ajuste del Estado, licuadora y motosierra.
Después del cónclave con Gopinath, Caputo y Posse fueron hasta la Secretaría del Tesoro que maneja la representación de Estados Unidos en el board del FMI. Allí se reunieron con Jay Shambaugh, subsecretario de Asuntos Internacionales, un técnico demócrata con perspectiva de halcón que se alinea con Janet Yellen, secretaria del Tesoro y principal asesora económica de Joseph Biden.
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Shambaugh calificó de “impresionante” la reducción de la inflación y la acumulación de reservas, y solicitó que el programa de ajuste continúe con “los esfuerzos” para proteger a los sectores más débiles de la sociedad, en referencia directa a los jubilados, los desempleados y los pobres e indigentes.
El ministro de Economía y el jefe de Gabinete replicaron que la administración Milei asume los costos sociales del plan de ajuste y avanzaron con su objetivo de lograr que el FMI conceda a la Argentina un desembolso de 15.000 millones de dólares para apuntalar las reservas y unificar el tipo de cambio.
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Shambaugh entendió las razones presentadas por Posse y Caputo, y se comprometió a plantear el Caso Argentino a la secretaria Yellen. Nada más.

La frialdad en el FMI y la Secretaría del Tesoro contrastó con un clima más confortable en el Consejo de Seguridad Nacional de Biden y en la Agencia Central de Inteligencia (CIA), que Posse y Caputo visitaron en pos de menguar la resistencia del Fondo respecto al desembolso extra.
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En el Ala Oeste de la Casa Blanca, el jefe de Gabinete y el titular del Palacio de Hacienda dialogaron con Daniel Erikson, consejero de Biden en asuntos de América Latina. Erikson conoce la situación económica de la Argentina y por su posición institucional entendió sin dificultades la premura que tiene la administración Milei para obtener los 15.000 millones de dólares que pidió al FMI.
A diferencia de resortes de poder como el FMI y la Secretaría del Tesoro, que se mueven entre líneas rojas trazadas por índices fríos y datos estadísticos, en el Consejo de Seguridad Nacional se hacen cálculos políticos y se definen estrategias geopolíticas vinculadas a los intereses globales de Estados Unidos.
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Desde esta perspectiva, si para la Casa Blanca el proyecto de Milei lo coloca como aliado regional, es indispensable que la economía fluya para evitar que una azarosa situación social se engulla al proyecto de la Libertad Avanza.
Argentina defiende in totum la agenda de Estados Unidos en América Latina, enfrentando la diplomacia de Brasil, México, Colombia y a los regímenes autoritarios de Cuba, Nicaragua y Venezuela. Y esta defensa y sintonía, argumentaron Posse y Caputo ante Erikson, necesita que el programa de ajuste acelere sin mayores contratiempos.
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Tras la reunión con Erikson, Posse y Caputo cruzaron el río Potomac desde Washington y llegaron a Langley para encontrarse con William Burns, director de la Agencia Central de Inteligencia. Burns es el funcionario más influyente del gobierno de Biden, y su opinión pesa al momento de la toma de decisiones del Presidente de los Estados Unidos.
Posse ya conocía Burns -lo vio en DC y en Buenos Aires-, mientras que para Caputo era la primera vez que entraba al mundo de los espías, el humo y los espejos. El director de la CIA escuchó con atención los planteos de Posse y las explicaciones técnicas de Caputo, y se comprometió a llevar el asunto hasta el Salón Oval.
El jefe del Gabinete y el ministro de Economía aprovecharon las Sesiones de Primavera del FMI para empujar un objetivo que es muy importante para el plan de ajuste. Se llevaron la reluctancia del FMI, la aparente tibieza de la Secretaría del Tesoro y la voluntad política del Consejo de Seguridad Nacional y la CIA.
Durante la cumbre del G7 en junio, Milei y Biden se encontrarán bajo el sol italiano. Es allí, o nunca.
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