
La baja de la inflación, más rápida de lo previsto según el consenso de los analistas y el propio Gobierno, trae aparejado nuevas dudas, tal vez bienvenidas, pero dudas al fin. La primera de ellas es, si tal como como ahora luce probable, en abril la inflación perfora 10% a pesar del ajuste de tarifas, es decir, baja a un dígito, cuánto tiempo tardará y, sobre todo, qué será necesario, para que la inflación alcance un dígito bajo. En el Gobierno creen que eso se logrará hacia fin de año, cuando el IPC marque un dato entre 2% y 3% mensual. Los privados, en cambio tienen dudas.
En otras palabras, se consolida la expectativa de que la inflación se ubicará en abril o marzo en un dígito, pero que eso será claramente en un dígito alto, entre el 7% y 9% mensual. Ese resultado promisorio se habrá alcanzado en un contexto de fuerte recesión, con caída estrepitosa del salario (19% en términos reales desde diciembre) y por ende un derrumbe del consumo.
Sin embargo, comienza a extenderse entre los consultores y economistas del mercado la presunción, basada en datos todavía preliminares, que la actividad económica ya tocó su piso y, eventualmente, también a partir de los próximos meses un proceso de recuperación. Cómo se conjugarán las variables inflación versus crecimiento es una de las tantas inquietudes que presenta a mediano plazo el plan de estabilización puesto en marcha por el ministro de Economía, Luis Caputo.
“Es uno de los grandes desafíos y la prueba de fuego. Está claro que la recesión jugó un papel importante en esta primera etapa de baja de la inflación pero es obvio también que no es sostenible mantener los precios en calma con la economía planchada”, opinó Camilo Tiscornia, para quien existe un elemento clave podría marcar la diferencia con otros períodos de reactivación económica que resultaron a la vez inflacionarios. “Esta vez hay algo diferente en el horizonte y es el ajuste fiscal. Si en el marco de la recuperación se mantiene el foco en las cuentas ordenadas, sin emisión para financiar déficit, entonces las chances de crecer con y a la vez bajar la inflación son mucho más altas”, sostuvo.

El ajuste fiscal es, junto con el ancla cambiaria que implica una suba de apenas 2% mensual del dólar oficial, el principal pilar del plan macroeconómico desde que asumió la gestión de Javier Milei. Pero mientras el orden de las cuentas públicas es celebrado por los mercados, el crawling peg despierta cada vez mayores dudas respecto de su sostenibilidad y, eventualmente, el impacto en los precios si se decidiera en algún momento una corrección más acelerada.
“La baja de la inflación está dándose con un ancla cambiaria que, o bien tendrá costos en términos de actividad o que requerirá una corrección en el futuro. Nuestra visión siempre fue que un crawling peg acelerado (digamos al 6%) impactaría muy poco sobre los precios. Pero esta no es la visión del Gobierno y vemos altamente probable que el dólar oficial al 2% mensual continúe. La inflación seguirá bajando, pero a costa de que Miami quede más cerca que Mendoza. Es una batalla eterna entre la sustentabilidad y la generación de credibilidad de corto plazo”, aportó el último informe de Econviews, la consultora de Miguel Kiguel, precisamente uno de los economistas que advierte sobre las eventuales dificultades de hacer bajar la inflación un nuevo escalón, una vez que se ubique ya en un solo dígito.
También el economista Fernando Marull analizó la relación entre inflación y recesión y, eventualmente, entre inflación y crecimiento. “El 11% no es para festejar, pero es relativamente bueno en el sentido de lo esperado. En diciembre se esperaba para estos cuatro meses un total de 116 ó 120 puntos, la inflación viene siendo menor de lo esperado y la recesión es más fuerte de lo esperado también, hay una relación indirecta”, advirtió el economista quien, de todos modos, descartó que la reactivación conlleve necesariamente un repunte del nivel de suba de precios.
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