
El año pasado marcó varios hitos nefastos en materia de variables económicas: reservas negativas en un margen inédito, endeudamiento récord, inflación en sus niveles más altos de las últimas tres décadas y un nivel de emisión monetaria también en niveles récord, en torno a los 7 puntos del PBI. Ese porcentaje es prácticamente el mismo que emitió el Banco Central durante el peor año de la pandemia, en 2020, pero con una economía en funcionamiento y en plena campaña electoral. Pues bien, esa dinámica cambió abruptamente tras el cambio de gobierno cuando desde el Central aplicaron un “sudden stop” (freno súbito) a la máquina de imprimir billetes y se suspendió la emisión monetaria para financiar el Tesoro. Es decir, para cubrir el déficit fiscal. Lo explica el presidente Javier Milei en cada oportunidad que tiene y lo repite el ministro de Economía, Luis Caputo, también en versión dolarizada: “No hay plata”.
Así, por ahora será difícil encontrar billetes firmados por el flamante presidente del Banco Central, Santiago Bausili, y la presidenta del Senado, Victoria Villarruel o, en su defecto, del titular de la Cámara de Diputados, Martín Menem. De hecho, los billetes más nuevos que entraron en circulación en las últimas semanas todavía llevan la firma de Miguel Pesce, ex titular del BCRA, y de Cecilia Moreau, quien presidió durante el último año y medio las esporádicas sesiones de los legisladores en el Congreso.
En cualquier caso, si bien la máquina de hacer billetes no estuvo disponible para el Tesoro, tampoco cayó totalmente en desuso como prometió durante la campaña Milei, dado que es ésa la implicancia directa de su demorado plan de dolarización.

Lejos de eso, una de las principales fuentes de emisión monetaria el mes pasado fue la adquisición de reservas, es decir, la compra de dólares a los exportadores que, con nuevo tipo de cambio marcadamente más alto, se sintieron motivados a liquidar sus granos.
También lo fue, por supuesto, la necesidad de afrontar el pago de los intereses de pasivos remunerados. Ambos conceptos sumaron una emisión de $4,4 billones y explicaron mayormente la expansión de la base monetaria, en la que la demanda de la Secretaría de Hacienda, por primera vez en muchos meses, no sólo no tuvo incidencia sino al contrario. El público aportó una variación negativa de $2,5 billones, atribuible al plan implementado por Caputo para migrar los pesos colocados en deuda del BCRA a títulos del Tesoro y con esos fondos recomprar bonos públicos en cartera de la autoridad monetaria.
El dato fue destacado ayer por el asesor de Caputo en el Palacio de Hacienda, el economista Martín Vauthier, quien en su momento lideró la avanzada en la transición con los equipos salientes de Sergio Massa. En un posteo de la red social X, el economista compartió un gráfico explicativo de los factores de variación de la base monetaria en diciembre del año pasado y destacó que “el Sector Público deja de ser monetariamente expansivo. El equilibrio fiscal en 2024 consolida esta dinámica, condición necesaria para revertir el deterioro en el balance del BCRA”.
Previsiblemente, el fin de la emisión monetaria para financiar las cuentas públicas es celebrado por el mercado, en el que ahora anidan otras preocupaciones. Por ejemplo, una de las mayores inquietudes que desvela a operadores e inversores es la suerte de la brecha cambiaria. La mayor demanda de divisas que inevitablemente implicará el desmantelamiento de las restricciones a las importaciones, combinada con una suba del dólar oficial de 2% mensual, sobre lo que ya existen muchas dudas y, ante todo, la agresividad de la tasa de interés negativa hace creer a los analistas que el esquema no será sostenible por muchas semanas más, en el marco de una inflación por encima de 20% mensual. De todos modos, desde el equipo económico no han emitido hasta ahora ninguna señal de un cambio de estrategia.
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