El recuerdo del derrumbe post PASO de agosto de 2019 sigue fresco y es lógico que los análisis de bancos y sociedades de Bolsa se concentren en entender qué podría suceder el “día después” de las primarias. Pero es altamente probable que ni por asomo se repita lo que pasó hace cuatro años, cuando las acciones cayeron más de 50% en una jornada, el riesgo país saltó de 800 a 2.000 y el dólar salto de 45 a 60 pesos en la primera hora de negociaciones.
Ahora el escenario electoral luce bien diferente y ya no hay un “cuco” como en aquella ocasión. La posibilidad de un “batacazo” de Javier Milei, que significaría un “cisne negro” para los mercados, también luce muy baja.
La pregunta a responder es, por lo tanto, cuál podría ser la lectura de los inversores si Sergio Massa hace una elección mejor que la esperada. O mejor dicho si Unión por la Patria tiene obtiene un resultado mejor al que vaticinan las encuestas, incluso imponiéndose en estas primarias.
Este escenario no es el que está descontando en los precios de las acciones y los bonos. Sin embargo, para Wall Street la posibilidad de una eventual victoria de Massa no provoca el terror que sí generó la de Alberto Fernández hace cuatro años. Equivocadamente o no, los “lobos” de Nueva York consideran que el kirchnerismo está en retirada y que el candidato de Unión por la Patria podrá imponer su propio programa de Gobierno.
El mercado accionario acumula una gran remontada en el año, pero el índice Merval vale USD 800, cuando había llegado a USD 1.800 en el mejor momento del gobierno de Mauricio Macri. Lo mismo puede decirse del precio de los bonos. Las cotizaciones están lentamente volviendo a la zona de USD 35, pero los analistas creen que con un poco de viento a favor las cotizaciones tranquilamente podrían volver a un rango de 45 a 50 dólares.
Esto revela que aún quedaría un amplio margen para que continúe la recuperación de los precios. Pero para eso faltan muchas señales políticas y económicas. El resultado de las PASO representa un escalón significativo para ir despejando incógnitas. Hoy se resuelve la interna de la oposición y el candidato ganador tendrá grandes chances de llegar a la presidencia.
Aun con cautela, la principal apuesta de los inversores pasa por una victoria de Juntos por el Cambio en las PASO. Es muy probable que una diferencia abultada en esta primaria –de 5 puntos para arriba– gatille otro fuerte salto en los precios de los activos y también ayude a tranquilizar el tipo de cambio. No sería extraño que una victoria clara de la oposición provoque una retracción del dólar libre, que operó levemente por encima de los $600 durante la última semana.
Todo indica que luego de las PASO habría un cambio de enfoque por parte del Gobierno en relación al mercado cambiario. Por un lado, es mínima la chance de una devaluación discreta del tipo de cambio oficial. Pero por otra parte, el Central ya se quedó sin poder de fuego para intervenir agresivamente para bajar el dólar MEP, que terminó la semana a $540, casi 12% abajo del libre.
Las denuncias presentadas por el propio ministerio de Economía ante la Unidad de Información Financiera (UIF) buscan justamente desincentivar la demanda de operadores en este segmento. Claro que fue la propia intervención del Central en el mercado de bonos y usando reservas la que permitió contar con este valor de dólar subsidiado, que fue aprovechado por cientos de inversores para ganarse la diferencia.
¿Cuál era la apuesta de los mercados en la PASO 2019? En aquel momento se esperaba una victoria del kirchnerismo en la primaria, pero por una diferencia menor (entre 3 y 5 puntos). La expectativa era que Macri pudiera dar vuelta el resultado en la elección general. Los 14 puntos de distancia sacó Fernández revelaron que solo un milagro podría darlo vuelta. Y no ocurrió.
No solo es relevante lo que suceda el “día después” de las PASO con el dólar o el valor de los bonos. También habrá que recorrer una larga transición de más de dos meses hasta las elecciones de octubre y eventualmente serán tres meses hasta el ballotage. Es mucho tiempo en un escenario de alta inflación, un Banco Central que ya casi se quedó sin reservas líquidas y una caída del poder adquisitivo sobre todo en sectores informales.
Por eso se descuenta que cualquiera sea el resultado de hoy, Massa tendrá que tomar una serie de medidas para evitar un colapso mayor. El menú posiblemente no sea muy diferente de lo que ya se puso en marcha en las últimas semanas: un aumento del impuesto PAIS a las importaciones para recaudar más y de paso encarecer el acceso a divisas, una nueva versión del dólar agro desde septiembre pero apuntando a lo que falta liquidar de soja y también asegurarse el desembolso prometido por el FMI de USD 7.500 millones antes de fin de agosto.
Claro que el doble rol también complica a Massa. En su rol de ministro precisa evitar un deterioro mayor de las variables económicas y para eso es fundamental avanzar en un achicamiento del déficit fiscal. Así lo negoció incluso con el Fondo Monetario en el marco del nuevo acuerdo alcanzado y que tendrá vigencia apenas hasta fin de año. Sin embargo, en su rol de candidato precisa poner en marcha un nuevo “Plan Platita”, especialmente si llega con chances de pelear la presidencial. Aun con todas las contras, Massa sigue siendo candidato firme para ir a disputar el ballotage con el ganador de Juntos por el Cambio.
En ese contexto, es casi imposible pensar que no habrá nuevas tandas de bonos para jubilados, planes sociales, presión para definir una suma fija para empleados del sector privado, préstamos blandos para monotributistas o cualquier otro beneficio que se pueda otorgar. Por supuesto que la contrapartida será un mayor agujero fiscal y expansión monetaria.
Las elecciones de hoy tienen otra dimensión, que va más allá de la transición electoral. A partir del resultado que surja de las urnas se empezará a vislumbrar hacia dónde puede ir la política económica después del 10 de diciembre. Si en algo coinciden todos los candidatos con reales chances de llegar a la presidencia es en la necesidad de ir hacia el equilibrio fiscal.
Luego también aparece la discusión sobre la salida del cepo cambiario, que prácticamente ya quedó sepultado por el derrumbe de las reservas y una brecha cambiaria que supera el 110 por ciento. El camino hacia la unificación cambiaria también luce inevitable. Pero la forma en que se encare dependerá finalmente de quién gane las elecciones y hasta qué punto el próximo gobierno es capaz de recuperar la confianza de los inversores.
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