
Mientras las cuatro pantallas de indicadores financieros en tiempo real a metros del escritorio del ministro de Economía Martín Guzmán devolvían marcados números en rojo para los activos argentinos, en medio de una fuerte suba del riesgo país que lo ubica en torno de los 2.500 puntos y de un salto en los dólares paralelos, el Gobierno se aferra al último esquema más duro de restricciones al pago de importaciones al que lee como una suerte de “puente” de tiempo hasta que el Banco Central pueda conseguir, según estiman, unos USD 4.000 millones de reservas que encaucen la meta de acumulación de divisas y que pueda, eventualmente, calmar la volatilidad del mercado.
En paralelo, una cifra de ese volumen ingresó ayer a las arcas de la autoridad monetaria, como parte del segundo desembolso que el Fondo Monetario Internacional concretó luego de que el país superara la primera evaluación de cumplimiento de metas del acuerdo. Los USD 4.018 millones que se sumaron ayer a las reservas se utilizarán para pagar los vencimientos del FMI previstos hasta septiembre. A pesar del doble guiño del organismo entre la luz verde al giro de dólares al BCRA y el recálculo de los objetivos trimestrales hasta fin de año, el clima financiero no hizo otra cosa que empeorar en las últimas horas.
Los activos argentinos ya acumulaban castigo en los últimos meses y más recientemente lo sufrieron los bonos en moneda local, que vino acompañado de un despegue de las cotizaciones del dólar que no están administradas por el Gobierno. Esa reacción se puede leer como una respuesta del mercado al último reajuste de restricciones al pago de importaciones y de acceso a divisas a precio oficial, algo que dejó de manifiesto las dificultades crecientes de la Casa Rosada para contar con dólares.
De todas formas, en medio de esa fuerte volatilidad financiera, en el Gobierno defienden las últimas medidas y admiten que solo podrían funcionar de manera “temporal”, hasta fines de septiembre cuando, esperan, la estacionalidad sea menos desfavorable para el frente cambiario. La cuenta a grandes rasgos que circula en despachos oficiales y a la que se aferra el equipo económico es de USD 4.000 millones de ingreso de divisas en los próximos meses por tres vías.
Por un lado, según cálculos del presidente del Banco Central Miguel Pesce, hay unos USD 2.200 millones de la cosecha de soja que todavía no fueron liquidados, algo que tiene como explicación la persistencia de una alta brecha cambiaria que incentiva la demora de exportaciones y el anticipo de importaciones, ante las posibilidades de un salto devaluatorio.
La segunda vía, contemplada en el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, es la llegada de financiamiento neto desde bancos de desarrollo y organismos internacionales. El Gobierno esperaba para la primera mitad del año unos USD 700 millones, pero esos envíos por cuestiones que atribuyen a demoras burocráticos se aplazaron para los próximos meses, principalmente desde el BID.
La tercera fuente de “estabilización” que leen en el Poder Ejecutivo es el propio ahorro de dólares por un set de restricciones más fuerte para pagar importaciones al contado, y que una parte mayor de esas compras migren hacia un modo de pago financiado con créditos comerciales, por parte de las casas matrices o de sus propios proveedores. Por este canal el BCRA ganaría (o dejaría de perder) unos USD 1.000 millones más.
Esos USD 4.000 millones, aseguran desde el equipo económico deberían actuar como plafón para descomprimir la fuerte tensión cambiaria y financiera. En todo caso, es un camino largo para transitar en medio de una volatilidad como la presente, y hay un antecedente que aparece en los análisis que circulan en los pasillos oficiales y en analistas del mercado: la crisis cambiaria de septiembre y octubre de 2020.
En esa ocasión, se trató de una fuerte suba de los dólares paralelos (contado con liquidación, MEP y dólar blue) luego del anuncio doble que hizo el Gobierno del Presupuesto 2021 y, horas después, de un endurecimiento del cepo cambiario para atravesar el “desierto” de los meses de menor ingreso de divisas en la segunda mitad del año. El dólar blue llegó a orillar los $200 y el Poder Ejecutivo se vio forzado a actuar.
En ese momento la respuesta del Gobierno al mercado fue el anuncio de un “paquete” de anuncios que incluyeron un refuerzo a las licitaciones de deuda en pesos -por ejemplo, con la emisión de títulos públicos atados al tipo de cambio para desactivar expectativas devaluatorias-, prometió no solicitar más adelantos transitorios al BCRA, puso en marcha un esquema de “salida” para algunos fondos inversores del exterior que habían quedado “atrapados” por el cepo con tenencias en pesos y presionaban a los dólares paralelos financieros, anunció medidas específicas para algunos sectores productivos como el agro, construcción, minería e industria, entre otros.

Una réplica en un sentido similar ensayó el Poder Ejecutivo hace dos semanas, cuando en tándem el Ministerio de Economía y el Banco Central avanzaron en la segmentación de tarifas para ajustar el gasto en subsidios, aumentaron la tasa de interés nominal para contrarrestar la inflación, puso en marcha una licitación intermedia para descomprimir vencimientos y recalculó el Presupuesto 2022 que incluirá moderación en las erogaciones de algunas áreas.
“En otros años cuando nos sucedió lo mismo también actuamos así, vamos a sobrellevar la situación y vamos a responder como ya lo hicimos”, mencionaba en las últimas horas en reuniones privadas un alto funcionario del equipo económico. El temor que sobrevuela algunos despachos oficiales es que el acuerdo con el FMI pierda poder “ordenador”, en el sentido de que deje de actuar como croquis de plan económico del Gobierno. En tres meses de vigencia ya tuvo que soportar una recalibración.
En ese contexto, el dólar oficial se mantiene atrasado respecto a la evolución de la inflación en lo que va del año, un tema que será de atención en la segunda mitad del 2022 y que incluso ya formó parte de las últimas conversaciones con el FMI.
El Gobierno y el Fondo debatieron el ritmo de devaluación del tipo de cambio oficial. El compromiso del acuerdo vigente es mantenerlo en línea con la inflación para evitar un atraso, pero el staff del organismo ya empezó a alertar que el Banco Central depreció la moneda de una manera más lenta a la que ven como apropiada.
Según aseguran desde despachos oficiales, el FMI fue comprensivo con la explicación de la Casa Rosada sobre por qué a esta altura del año el equipo económico hizo avanzar el tipo de cambio mayorista a una velocidad crucero por detrás de la suba de precios. Desde que comenzó el año, la inflación acumulada hasta mayo fue de 29,3%, mientras que la actualización del dólar mayorista fue poco menos de 15 por ciento. En ese sentido, y de cara a la segunda mitad del año, en el BCRA esperan que la inflación comience a moderarse para acelerar la depreciación del tipo de cambio.
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