
Con el ministro de Producción, Matías Kulfas, al frente de las operaciones, el Gobierno desató finalmente ayer la “guerra contra la inflación”, en una reunión con representantes de empresas alimenticias y supermercados en la que exigió el retrotraimiento de precios al 8 de marzo. Participó del encuentro también el secretario de Comercio, Roberto Feletti, hace ya varias semanas preocupado porque se estaba perdiendo “la batalla contra los precios de los productos frescos”. Pues bien, en el frente de lucha todavía falta que aparezca un actor central: el titular del Banco Central, Miguel Pesce. La evolución del dólar y de las tasas de interés son, en definitiva, un pilar más silencioso pero fundamental para alcanzar la victoria.
O, al menos, así está estipulado en el acuerdo con el Fondo Monetario que este viernes tratará el directorio del FMI, en el que se define claramente una política monetaria que no sólo limita la emisión sino que también indica tasas reales positivas y un avance del dólar oficial que acompañe el ritmo de inflación.
Hasta la semana pasada, el BCRA había comenzado a acomodar las variables para dar cumplimiento a los últimos dos requisitos. Sin embargo, el sorpresivo dato de inflación conocido el martes pasado tendió un manto de suspenso sobre el accionar inmediato de la entidad. Por lo pronto, se postergó el jueves último la reunión de directorio en la que se esperaba una nueva suba de tasas, decisión que se espera para las próximas horas o, a más tardar, mañana.
Pero el principal dilema con el que se enfrenta por estas horas es cómo seguir con la “tablita” de devaluación. Desde que se inició el año, Pesce aceleró el ritmo de depreciación del peso, tal como se discutió con los técnicos del FMI. Así, la tasa de depreciación mensual pasó gradualmente del 1% mensual que anotaba hasta noviembre del año pasado al 2% en los primeros meses del año hasta alcanzar el 3% mensual durante las últimas semanas. Con este ritmo, el Banco Central hubiera logrado un avance del dólar más cercano a la inflación registrada hasta enero. Pero el dato de febrero abre ahora claros interrogantes y, otra vez, en el mercado prevén que se volverá a atrasar el tipo de cambio.

“Un crawling peg arriba de 4% mensual luce medio inestable. en algún punto el mercado esperaría un salto discreto”, afirmó el analista Amílcar Collante. “De hecho, si se buscara mantener el ritmo en términos reales. en algún momento debería subir por encima de la inflación y eso no va a ser posible al menos en 2022, salvo con un salto discreto”, agregó.
En este sentido, desde la propia entidad advertían antes de iniciar el proceso de crawling peg que una inflación sostenida por encima de 3% implicaba un límite al ritmo más acelerado de inflación. “Es probable que tengamos una mayor apreciación real del tipo de cambio oficial en los próximos meses ya que para no sumar más presión a la inercia inflacionaria, seguramente el Banco Central no acelere el crawling peg. Esto, a su vez, hace más necesario la suba de tasas”, coincide Federico Furiase, socio de la consultora Anker.
La suba de tasas es una decisión pendiente, tras las postergaciones de la reunión de directorio de la semana pasada. Con el feriado por el 24 de marzo, este jueves tampoco habrá reunión, que podría adelantarse. Hace un mes, el BCRA aplicó un incremento de 250 puntos básicos, con la expectativa de que la medida sería suficiente, al menos por unos meses, en función del ritmo que acusaba la inflación. Sin embargo, el registro de de febrero de 4,7% y el impulso que imprimió para marzo -se espera incluso un punto más de inflación-, alientan la expectativa de que la autoridad monetaria volverá a incrementar la tasa de referencia, hoy en 42,5% anual con su correlato en la tasa de plazo fijo, hoy en 41,5% anual, que representa un rendimiento de 50,4% anual en términos de tasa efectiva anual. Se ubica así no sólo por debajo de la inflación esperada para este año sino también por debajo de la inflación pasada, actualmente en 52,3% interanual.
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