
La suba de las tasas de interés pasó a ser algo casi inevitable para el Banco Central. No sólo porque fue una de las medidas reclamadas por el FMI cuando habló de la necesidad de recuperar “tasas reales positivas”, es decir, que superen los niveles de inversión. También se requiere este ajuste para acelerar el aumento del tipo de cambio oficial, algo que arrancó a principios de diciembre que seguramente empezará a tomar un poco más de vuelo a partir de inicios del año que viene.
El incremento de tasas por parte del titular del BCRA, Miguel Pesce, llegaría a mediados de enero. Un informe elaborado por Delphos Investment consideró que el mes próximo el aumento llegaría a los 300 puntos básicos, es decir que la tasa de Leliq pasaría de 38% a 41% anual en pesos. Si bien se trata de rendimientos que están lejos de la inflación al menos en teoría, en realidad se acercarían bastante. En los niveles actuales de 38%, la tasa efectiva anual es de casi 44%. Esto se lograría reinvirtiendo todos los meses los intereses. Con una suba de 3 puntos porcentuales, se pasaría a una tasa efectiva del 48% anual en pesos, mucho más cerca de la inflación acumulada en el último año.
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El reclamo de “tasas positivas” del FMI parte de una base bastante obvia: rendimientos en moneda local que superan la inflación son la base para disminuir la presión sobre el tipo de cambio por parte de los ahorristas. Por supuesto no es una condición suficiente, pero sí algo necesario para tender a cierta normalidad. El comunicado del staff del organismo que se conoció hace una semana no sólo hace alusión a esta cuestión, sino que también insta al Banco Central a llevar una política de acumulación de reservas, aunque no especifica de qué manera podría conseguirlo.
La inflación de este año terminará en casi 50% y la mayoría de los economistas y consultores cree que el año próximo subirá un escalón adicional. El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) publicado por el BCRA arrojó una estimación de 52% para el 2022. En el caso de Delphos, por ejemplo, considera que podría llegar a 56%. El motivo de este salto adicional tiene que ver ajustes tarifarios que también exigiría el FMI para evitar que sigan aumentando los subsidios económicos. Además, también hay muchos precios que vienen congelados como sucede con la nafta, que inevitablemente tendrán su ajuste desde inicios de 2022.
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La compañía bursátil advirtió además que algunas medidas adoptadas por el Gobierno podrían tener un fuerte efecto sobre los precios en casos puntuales. Por ejemplo, el Previaje “puede impulsar la variación de precios en el sector turismo de forma permanente en los próximos años”.
No resultaría extraño que el BCRA aumente las tasas de interés. Es más, a esta altura resulta una mala señal que no lo haga, en medio de un contexto de inflación en alza. Incluso los bancos centrales de Brasil y Chile avanzaron con fuertes ajustes de su política monetaria para tratar de contener la inflación. En ambos países, el objetivo de las autoridades es que las tasas superen la inflación estimada.
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Incluso también la Reserva Federal norteamericana manifestó su preocupación por el salto inflacionario, que llegó a 6,8% interanual en la medición de noviembre. Por eso anunció que quitará el programa de estímulo monetario antes de lo previsto y la expectativa es que avance por lo menos con tres subas de tasa.
¿Qué efecto puede tener en la Argentina un incremento de las tasas? En un mercado tan regulado, claramente se desataría una suerte de reacción en cadena. Aumentaría la tasa de plazos fijos, pero también la de Leliq y pases pasivos que utiliza el Central para absorber pesos de los bancos. Al mismo tiempo, habría que revisar las tasas subsidiadas del Ahora 12, ya que habría que otorgar un incremento adicional. También deberían ajustarse hacia arriba las tasas de las tarjetas de crédito y de los préstamos personales. En ese sentido, el peligro de este incremento es que se transforme en un factor recesivo.
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El peligro latente de una medida de estas características es, por supuesto, que juegue en contra de la recuperación de una economía que rebotó fuerte en 2021. Sin embargo, el repunte de 10% de este año difícilmente se sostenga durante 2022, entre otros motivos por la necesidad de avanzar con un “sinceramiento” de distintas variables, incluyendo a la tasa de interés, el tipo de cambio oficial, tarifas y muchos precios que quedaron congelados en los últimos meses, como la nafta pero también alimentos y bebidas.
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