
La reciente derrota del Partido Demócrata en el estado de Virginia fue un mensaje para que los demócratas terminen con su avance estatista, pero si fuera por el ala progresista del actual partido de gobierno norteamericano, es improbable que la agenda expansionista se detenga, comentó la periodista Mary Anastasia O’Grady en un artículo de The Wall Street Journal, el diario financiero más influyente de EEUU.
O’Grady, que sigue hace décadas los avatares políticos y económicos de la Argentina, dice que la ideología del “Estado de bienestar” es adictiva: cada uno de sus avances crea dependencias que siguen creciendo, sin importar cuál sea el partido a cargo del Gobierno.
Según el artículo, el electorado argentino tal vez esté a punto de expulsar a la izquierda dura del peronismo en las elecciones legislativas del 14 de noviembre. Esa, dice, es la buena noticia. La mala es que incluso si el peronismo pierde su poder en el Congreso, ya es tarde para evitar otra crisis monetaria y fiscal. Además, prosigue, la tarea de restructurar la economía argentina de modo que respete la libertad de empresa tampoco será fácil, ya que ambas cámaras del Congreso seguirán siendo densamente pobladas por partidarios del “socialismo europeo”.
El artículo recuerda que hace un siglo la Argentina era una de las naciones más prósperas del mundo, pero luego de la década del veinte fue ganando espacio “el fascismo continental”: un golpe en 1930 suprimió la Constitución de 1853, modelada sobre la base de la Constitución de EEUU, y llevó a la Argentina al corporativismo, con Juan Perón, afecto a Benito Mussolini, gobernando el país entre 1946 y 1955 y brevemente entre 1973 y 1974.
Obstinado estatismo
Oleadas de hiperinflación y crisis de deuda no han cambiado la cultura política argentina, lo que demuestra, dice O’Grady, que el estatismo es pegadizo. Incluso cuando la Argentina probó, en los 90s, limitadas reformas de libre mercado, siguió el dispendio fiscal y se mantuvo un intransigente apoyo a rígidas leyes laborales.

La situación actual, explica, es que el gobierno de Alberto Fernández está quebrado; no puede acceder a los mercados internacionales de capital y su política de altos impuestos y emisión de dinero llevaron al país a una zanja, lo que podría costarle la mayoría legislativa a la coalición del “Frente de Todos”, teniendo en cuenta los resultados de las primarias de septiembre, en las que la oposición de Juntos por el Cambio aventajó al oficialista Frente de Todos por 42 a 30% de los votos, con una baja participación, del 67%.
Las encuestas indican que el peronismo podría perder la primera minoría en Diputados e incluso la mayoría que detenta desde 1983 en el Senado. Sin embargo, según O’Grady, incluso con una inflación superior al 50% anual, amplios controles de precios y la economía a los tumbos desde hace una década, todavía no surgió una alternativa viable al populismo.
Juntos por el Cambio, dice, contiene a muchos políticos de izquierda moderada, que son solo una versión más suave del status-quo, aunque incluye también a partidarios del libre mercado, como Ricardo López Murphy, pero le será difícil influir políticamente, a menos que el peronismo sea completamente desacreditado y que se rompa la coalición oficialista, algo que podría suceder, pero “está lejos de ser una certeza”.
De vuelta a 2001
El nuevo Congreso afrontará problemas similares a los del 2001, cuando anunció un default de USD 132.000 millones en medio de aplausos y el gobierno terminó un período de 11 años en que un peso valía igual que un dólar. Luego, el peronismo duplicó el gasto y, a pesar de algunas renegociaciones, el país estaba todavía en default en 2016, cuando Mauricio Macri, un rival del peronismo, arregló las cuentas con los acreedores pendientes, resume el artículo.

Macri parecía ofrecer esperanzas, e incluso le ganó al peronismo en las elecciones de medio término de 2017, pero fracasó en proponer un gobierno limitado y libertad económica; prefirió un enfoque gradualista para achicar el tamaño del Estado, pero en 2018 se quedó sin fondos y en 2019 perdió las elecciones. La Argentina le debe al FMI USD 45.000 millones, tiene que pagar USD 17.000 millones en 2022 y una suma parecida en 2003 y no tiene el dinero para hacerlo.
Lo más alentador del panorama, dice O’Grady, es el cuarto lugar [en Capital, 3°] que en las PASO logró una coalición libertaria, con el apoyo de muchos jóvenes, lo que mostraría que las ideas de libertad y responsabilidad van ganando espacio. “La esperanza se renueva de que la Argentina tal vez finalmente esté tocando fondo –como para aprender y cambiar- pero la experiencia sugiere algo menos optimista”, concluye el artículo.
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