
La realidad del sector lácteo se refleja en números en rojo desde hace varios meses en casi todos los eslabones de la cadena. Tanto los tambos como las industrias vienen enfrentando una realidad de costos al alza, con precios pagados por la materia prima y por el producto finalizado que no siempre dejan una rentabilidad aceptable a los empresarios.
Este escenario se magnifica a la hora de analizar la realidad de una pyme láctea, sea tambo o industria (que muchas veces conviven en un solo proyecto) sin escala y sin la tecnología ni la eficiencia productiva de compañías más grandes y con espalda para afrontar momentos duros o directamente de pérdida..
El conflicto que se vivió en la planta de Lácteos Mayol, en la localidad bonaerense de Gobernador Udaondo, con la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (Atilra) dejó al desnudo no solo la tensión entre las organizaciones gremiales y las empresas del sector, sino en particular la delicada situación de las pymes lácteas, que muchas veces cuentan con procesos de producción ineficientes, tecnología obsoleta o problemas de infraestructura graves, a lo que se le suma la suba constante de los costos por el proceso inflacionario que vive el país y los precios casi estáticos que reciben distintos eslabones de la cadena.
Lácteos Mayol fue fundada en 1936 por el migrante paraguayo Ernesto Mayol en Gobernador Udaondo, un pequeño pueblo que tiene hoy unos 300 habitantes en el partido de Cañuelas. La empresa, manejada por la cuarta generación familiar, procesa entre 10.000 y 11.000 litros diarios de leche, emplea a 14 personas, elabora quesos cremosos, de barra, mozzarellas y dulce de leche y distribuye su producción en las localidades aledañas.

Más allá de su historia y la notoriedad que adquirió por el conflicto del que fue parte días atrás, el caso Mayol es parecido al de otras pequeñas empresas lácteas marcadas por el retraso tecnológico y problemas de infraestructura. En diálogo con Infobae, la gerente de la empresa, Paulina Mayol, explicó que “fue una fábrica que quedó técnicamente muy obsoleta, mano de obra intensiva. No contamos con gran tecnología, la producción sigue siendo artesanal, con operarios que no son mano de obra calificada, de acá del pueblo”.
Como en muchos otros casos, la planta de Mayol está “en el medio del campo”. Para acceder a ella se precisan hacer 10 kilómetros por tierra (camino que la empresa debe mantener). Cuando llueve, sacar la producción o ingresar la leche es una seria dificultad. A esto se le suman los constantes problemas que tienen con la energía eléctrica.
“Estamos en una situación complicada, tratando de sobrevivir, de sostenernos. La localización siempre fue una complicación, con los costos de movilidad, de combustible, y demás, se hace todo más difícil. No podemos hacer demasiadas proyecciones. Con esta situación que nos pasó, estamos en semanas de decisiones para ver cómo continuar si es que es posible de seguir adelante”, indicó Mayol.
El conflicto
El conflicto comenzó cuando integrantes de Atilra bloquearon por 5 días los accesos a la fábrica, impidiéndole producir, a raíz de un reclamo del reencuadramiento de parte de sus trabajadores, que estaban bajo otro convenio, amén de otros pedidos sindicales.
Los Mayol se sorprendieron tanto con protesta como con los modos y la violencia en que se llevó adelante. Hoy la empresa está produciendo, gracias al dictado de una conciliación obligatoria por parte del Ministerio de Trabajo de la provincia de Buenos Aires.
Según relato Mayol, la protesta los tomó “sin aviso previo. No teníamos un conflicto manifiesto con la gente ni disconformidades y de pronto apareció el acampe frente a la fábrica el primer lunes de marzo a la madrugada. No desconocimos en ningún momento que hubiera un reclamo legítimo, pero nos llevó puesto el atropello y la forma del reclamo: muy violento, invadiendo la planta”.
El reclamo es por el encuadramiento de cinco de sus trabajadores, que en vez de estar bajo el convenio de los trabajadores lecheros lo están en el de alimentación. Según Mayol, “no tuvimos el reclamo directo de ninguno de nuestros empleados que estaban afiliados al gremio de alimentación”. Además, agregó: “El encuadramiento debería ser el de Atilra si no hay desarrollada otra actividad fuera de la láctea. Estábamos trabajando algunos proyectos de dulce de fruta, pero todavía no están concretados ni encaminados”.
Según Atilra, la empresa “ha violado deliberadamente, de manera sistemática y recurrente los derechos elementales de los trabajadores” lecheros. Y denunció que por incumplimiento de las regulaciones laborales “compite deslealmente con el resto de las empresas del sector”.
Asimismo, sostuvo en un comunicado que “pauperiza y maltrata a sus trabajadores, sin respetar ni cumplir elementales condiciones de higiene y seguridad, lo que repercute en los alimentos que elaboran y consume la población, manteniéndolos precarizados, fuera del convenio, en negro, sin abonarle horas extras, sin reconocerles el trabajo de sábados y domingos”.

Por último, ante la circulación de un video donde se acusaba a la empresa de pagar salarios en negro, Mayol dio su versión: “Ese día, para que levantaran el acampe nos solicitaron que, a los empleados que no les había impactado el pago de sueldo en sus cuentas bancarias, nos pidieron si le podíamos hacer un pago a cuenta para poder irse. Los sueldos estaban depositados, se había mandado toda la documentación al Ministerio de Trabajo, pero ellos alegaban que no lo tenían impactado y lo que se hizo fue realizar un pago a cuenta para que levantaran la medida, cuando ya estaban incumpliendo la conciliación desde hace varias horas”.
La realidad pyme
Como ya se dijo, el sector lechero, en su conjunto, está pasando por un momento complicado, que si se lleva a las escala de una pyme o un tambo pequeño, se agrava ante la falta de escala y ante la dificultad de realizar inversiones que sumen eficiencia a la producción y así poder hacer frente a la suba constante de costos.
En diálogo con este medio, el presidente de la Cámara de Productores Lecheros USV Abasto, Javier Linari, explicó que “los tambos desgraciadamente viven en crisis y hay cada vez crisis más cercanas en el tiempo y muchos tambos han cerrado por esto. Hay que ser cada vez más eficientes, porque sino los números no cierran y te tienes que ir de la actividad. Hoy el negocio tanto del tambo como de la pyme es muy ajustado”.
“La cadena está complicada toda. El eslabón más débil es el productor primario, porque las empresas ajustan sus costos y le bajan o le planchan los precios que pagan por la leche a los tambos y eso los hace más vulnerables. Hoy a las pymes chicas les es muy difícil competir con las empresas más grandes, no tienen escala”, agregó Linari.
Para el presidente de la Asociación de Pequeñas y Medianas Empresas Lácteas (APYMEL), Pablo Villano, en determinado segmento de las pequeñas empresas hay una falta de inversión ante la carencia de crédito, al mismo tiempo que la difícil situación que atraviesa el sector hoy día hacen que los empresarios estén más concentrados en “el día a día” que a proyectar.
“En este segmento de empresas tenemos, en general, no muy buena inversión, equipamiento, todo lo que es tecnificación ha quedado bastante de lado, porque lo que hemos vivido en los últimos años no nos permite hacer eso. Se está más en el día a día, que es vender los productos para pagar los costos”, señaló Villano.
Por último, explicó: “Siempre la inversión, sin tasas de razonables, queda para último momento. Es un sector que siempre está deficitario y Mayol no es la excepción. Hay muchas empresas de este tipo donde cuesta mucho llevarla adelante, pero que por otro lado tiene un a importancia muy fundamental en los pueblos del interior del país, donde hay un Mayol en cada pueblito y su actividad y economía gira alrededor de esta pyme y de sus tambos proveedores. Acá hay una importancia regional y de arraigo”.
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