
Marco Rubio, un senador ultraconservador de Florida, que en las primarias del partido republicano de 2016 compitió con Donald Trump, para luego convertirse en uno de sus principales aliados en el Congreso, apoyó públicamente la formación de un sindicato en una planta de Amazon en Alabama, en lo que es considerado un desafío clave a la política de la empresa fundada por Jeff Bezos en 1997: evitar la sindicalización de su personal.
Rubio, que votó contra el aumento del salario mínimo por hora, fijado en USD 7,25 la hora desde 2009, apoyó en cambio el intento de formar un sindicato en ese centro de almacenamiento y distribución de Amazon, en el que trabajan 6.000 empleados.
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En un artículo publicado en USA Today, uno de los diarios de mayor circulación de EEUU, Rubio acusó a Amazon de librar “una guerra contra los valores de la clase trabajadora” y apoyó el intento de sindicalización de los trabajadores, pero instándolos a “no ser aliados de la izquierda”.
“No es culpa de los trabajadores de Amazon que sientan que la única opción disponible para protegerse de la mala fe es formar un sindicato”, escribió.
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Los trabajadores de la planta de Alabama empezaron a votar hace varias semanas (pueden hacerlo por correo, medida que Amazon buscó resistir) y podrán hacerlo hasta el lunes 29 de marzo, cuando se contarán los votos. Si el 50% más uno de los empleados votan a favor, el sindicato quedará constituido y pasará a formar parte del Gremio de los Trabajadores del Comercio Minorista, Mayorista y de Tiendas de Departamentos ( RWDSU según sus siglas en inglés).
El presidente de RWDWU, Stuart Appelbaum celebró las palabras del senador republicano.”El apoyo de Rubio demuestra que la mejor manera para defender la dignidad de los trabajadores en el lugar de trabajo es a través de la sindicalización; esto no debe ser una cuestión partidaria”, señaló.
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Doble desafío
Para Amazon es un doble desafío, también el presidente de EEUU, el demócrata Joseph Biden, defendió de algún modo el intento sindical cuando criticó la campaña de Amazon para desalentarlo. “No es mi tarea decidir si un trabajador debe sumarse a un sindicato, pero tampoco es tarea del empleador”, dijo el mandatario.
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Amazon también se opuso, sin éxito, a que los empleados pudieran votar por correo. Y también lanzó una campaña y creó una página en internet advirtiéndoles a los empleados que en caso de sindicalizarse “no será fácil ser tan colaborativos y sociales entre unos y otros”.
Hasta ahora, Amazon logró evitar la sindicalización en EEUU, pero no en Europa, donde algunos paros de personal sindicalizado afectaron sus capacidad y tiempos de distribución.
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Por otra parte, Amazon paga un salario mínimo por hora de USD 15, más del doble del mínimo legal, y el propio Bezos se involucró personalmente en una campaña para que el salario mínimo aumente a USD 15 la hora. La empresa paga ese valor, pero no algunos de sus principales competidores, como WalMart, que recién en febrero pasado llevó el salario mínimo por hora de sus empleados a 11 dólares. La empresa enfatiza también el alcance de la cobertura de salud que ofrece a sus empleados.
Básicamente, la sindicalización reduciría la capacidad de Amazon de adaptar rápidamente su nómina de empleados, tanto para aumentarla como para disminuirla, en respuesta a la demanda.
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Otros intentos
Antes que el caso en Alabama, Amazon desafió exitosamente y logró desactivar un intento de formar un sindicato de camioneros en su planta de Des Moines, en el estado de Iowa, en el que no se llegó siquiera a la instancia de votación. Antes, en 2014, un intento de sindicalización en una planta de Delaware, fracasó cuando apenas 30 trabajadores votaron a favor de la sindicalización.
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Esta vez, sin embargo, el intento parece tener más fuerza. Sería paradójico que el primer sindicato en una planta de Amazon en EEUU se forme en Alabama, un estado conservador, dominado por el partido republicano, de escasa tradición sindical y donde por ley los empleados no están obligados a pagar aportes a los sindicatos que los representan.
Guerra cultural
El caso exhibe aspectos de la “guerra cultural” que se intensificó en los últimos años. En el gobierno de Trump, notó a Infobae Marc Blyth, director del Centro de la Economía y Finanzas Internacionales de la Universidad Brown (EEUU) el salario real del 40% de los norteamericanos de menores ingresos aumentó durante tres años consecutivos.
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Según Blyth, Trump y los republicanos representan la “coalición del carbono”, que se impone en estados que dependen en buena medida de industrias asociadas a los hidrocarburos, en tanto los demócratas ganan en centros urbanos, identificados con la “economía post-carbono”, que prefiere consumir energía de fuentes renovables. En esa configuración, Amazon aparece como parte de la economía urbana y post-carbono, un perfil diferente al de un estado como Alabama.
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