
Es el correlato habitual de las crisis económicas en el mundo y, por supuesto, el fenómeno se constata también en la Argentina: el saldo inmediato de quiebre o colapso económico es una mayor concentración de la riqueza. Previsiblemente, el derrumbe de la economía argentina en 2020 no fue la excepción.
En línea con la destrucción de los puestos de trabajo, el aumento del desempleo y también de la pobreza, la brecha en la distribución del ingreso durante el año pasado se profundizó notoriamente. Concretamente, el 20% de la población más rica obtuvo en 2020 ingresos que representaron 13 veces lo que obtuvo el 20% más pobre. El dato marca el fuerte deterioro que produjo la pandemia y las severas medidas de restricciones a la actividad en el tejido social del sector más vulnerable y sostiene, a la vez, una tendencia negativa respecto a la mejora que se había obtenido en 2018, cuando esa diferencia se ubicó en 9,7 veces. Un año más tarde, tras las corridas cambiarias, salto de la inflación y más recesión, la brecha se situaba en 10,1 veces a fin de 2019.
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Los datos surgen del informe publicado ayer por la Oficina de Presupuesto del Congreso (OPC), a cargo de un seguimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 10 (ODS 10), uno de los 17 puntos dedicado a reducir la desigualdad en y entre los países establecidos en 2015 por las Naciones Unidas. “Si la población se dividiera en cinco grupos, se advierte que la distancia entre los ingresos del quintil 1, grupo más pobre, y el quintil 5, el más rico se mantiene prácticamente constante entre 2016 y 2018. En 2019, esta distancia comienza a ampliarse y alcanza su máximo en 2020. En efecto, en 2019, el 20% de los hogares más ricos (quintil 5) tenía ingresos que representaban 10,1 veces el ingreso del 20% de los hogares más pobres (quintil 1). En 2020, la distancia entre los ingresos de los hogares más ricos y pobres se amplió, ascendiendo a 13”, explicó el informe.
Esta estimación coincide con el coeficiente de Gini que elabora el Indec según el cual el ingreso per cápita familiar logró una leve reducción de la desigualdad de ingresos entre 2016 y 2018 y un incremento en los años siguientes: en 2016, este valor se ubicaba en 0,427, en 2019 ascendió a 0,434 y al final de 2020 alcanzó el 0,451.
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Si bien es dramático, el informe de la OPC destaca que en el crecimiento de la brecha entre ricos y pobres resultaron un alivio las medidas tomadas por el Gobierno al inicio del aislamiento obligatorio para reducir el impacto económico del mismo. Entre ellas, el IFE, los pagos adicionales de AUH y la tarjeta AlimentAR.
“Aquellos hogares que ya se encontraban en situación de pobreza o percibían ingresos bajos, fueron quienes se vieron más afectados por la situación económica, junto con aquellos cuyas actividades laborales estuvieron vinculadas a sectores particularmente afectados por la pandemia (como la construcción, trabajadoras de casas particulares, monotributistas sociales, entre otros)”, sostiene el informe y agrega: “Como respuesta, el Estado anunció medidas para reducir el impacto de la crisis en los sectores de mayor vulnerabilidad que constituyeron un alivio ante la situación de extrema necesidad”.
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Lo cierto es que en un contexto de escasez de recursos propios y acceso totalmente vedado al financiamiento externo, el Estado se vio limitado a la hora de disponer amplios planes de asistencia. Así, dispuso apenas el equivalente a 3,5% del PBI, lejos de lo que pudieron destinar otros países de la región como Paraguay, Chile y Brasil, entre 5% y 8% de su Producto Bruto Interno.
El informe de la OPC aporta otro dato que cuantifica la desigualdad. Se trata de la cantidad de personas que viven con ingresos por debajo de la mitad de la mediana de ingresos de la población. Cuanto mayor es este número, mayor es la pobreza relativa. También este indicador empeoró en 2020, replicando la tendencia general de la distribución del ingreso.
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“En la Argentina entre los años 2016 y 2020, dos de cada diez personas tuvieron ingresos inferiores a la mitad de la mediana. La evolución del indicador muestra una caída del porcentaje de población peor posicionada en la estructura de ingresos entre 2016 y 2018, que desciende del 20,2% al 19,1%, y luego un incremento en 2019 (20%) y 2020 (20,6%)”.
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