
Para el Gobierno resulta fundamental mantener la “paz cambiaria” y lo está logrando. Pero no es gratis. Gracias al duro cepo cambiario dejó de vender dólares y está acumulando reservas a cuentagotas. Pero evitar que se disparen los dólares financieros es otra historia, que requiere una intervención activa en el mercado de bonos. La consecuencia es una caída continua en el valor de los títulos, suba del riesgo país y rendimientos que ya se acercan al 17% anual en dólares. Más parecido al de países que están cerca de defaultear que de aquellos que acaban de renegociar su deuda como hizo la Argentina hace menos de seis meses.
La debilidad de los bonos argentinos y un riesgo país que ayer cerró en 1460 puntos básicos obedece en realidad a dos razones. La más relevante, y preocupante, tiene que ver con la falta total de confianza por parte de los inversores. Son pocos los que realmente están interesados en incorporar deuda argentina a sus portafolios. Prefieren optar por muchas otras opciones en mercados emergentes y con buenos resultados, sobre todo a partir del repunte de los precios de las materias primas.
Pero la otra razón pasa por las ventas constantes de títulos por parte de organismos oficiales. El objetivo es ultra conocido: esas operaciones provocan que las paridades se mantengan deprimidas, controlando así la suba del tipo de cambio en los mercados financieros, tanto a través del “dólar Bolsa” como del contado con liquidación.
El problema de deprimir tanto la paridad de los bonos no es sólo que el Gobierno queda cada vez más lejos de obtener financiamiento. También se les complica a las empresas, que no pueden acceder a financiamiento genuino en los mercados para invertir, lo que le pone un límite a la recuperación de la economía.
Las intervenciones han sido permanentes desde fines de octubre, cuando el dólar libre llegó a superar los $ 190 y los dólares bursátiles rozaban los $ 180. Respecto a cuánto ascienden las ventas hay controversia en el mercado y tampoco existe información oficial. El economista Fernando Marul realizó un cálculo en base al balance del Banco Central y estimó que la entidad habría vendido bonos por entre USD 300 y USD 400 millones.
Pero a estas ventas del BCRA deben adicionarse también las intervenciones de ANSES, que también posee una importante cantidad de bonos en cartera. Ambas entidades recibieron los nuevos títulos del canje de deuda el año pasado, pero el efecto fue mucho más importante para el Central. La entidad entregó bonos que no tenían cotización y recibió unos USD 8.000 millones de AL30. Justamente estos son los bonos más castigados. Luego de la reestructuración arrancó a cotizar arriba de los USD 50 pero en poco meses cayó abajo de USD 39, lo que implica un rendimiento cercano al 17% anual en dólares.
Nuevamente la Argentina sufre el fenómeno de “curva invertida” para sus títulos. Esto significa que rinden más los bonos cortos que los largos, un fenómeno que sucede cuando el mercado considera que hay un elevado riesgo de default. Pero ahora está todo tergiversado por las intervenciones oficiales.
Claro que la venta de bonos a paridades tan bajas también representa un alto costo para el Gobierno, que se desprende de un activo a precios de remate y además asume altas tasas de interés en dólares al hacerlo. El debate sobre estas intervenciones volvió a generar polémica entre los economistas. Marcos Buscaglia, por ejemplo, señaló que “con la venta de bonos de ANSES y el BCRA para contener al dólar están endeudando al país a tasas astronómicas. Tenemos que parar esto”. Y Eduardo Levy Yeyati, director de la consultora Elypsis, agregó: “El mecanismo de venta de bonos para contener al dólar es parecido a la venta de futuros para postergar una devaluación. Es irresponsable y fiscalmente ruinosa”.
Pero en la medida que no reaparezca la confianza de los inversores, todo indica que las ventas de bonos continuarán. En el equipo económico tienen claro que la mejor manera de evitar que se dispare nuevamente el dólar libre es fundamental mantener bajo control los dólares financieros. Incluso cada vez son más los inversores que empiezan a advertir que la suba del dólar MEP (o Bolsa) y del contado con liquidación se está dando casi en forma de “tablita cambiaria”, es decir con subas escalonadas muy suaves y predecibles. En otras palabras, los dólares financieros se comportan cada vez más parecido al oficial, que está totalmente controlado por el Central y un duro cepo.
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