
Aun con todas las dificultades que tiene por delante la economía argentina, el acuerdo con los acreedores en la renegociación de la deuda es una bocanada de oxígeno no sólo para el Gobierno sino para las provincias y, sobre todo, para el sector privado. Es que, mientras que el canje que se concretará a fin de mes despeja el camino de vencimientos para el Gobierno durante más de tres años, por lo que no tiene una necesidad imperiosa de salir a buscar fondos frescos, las empresas sí necesitarán nuevo financiamiento e inversores bien dispuestos. De ahí que la expectativa es que, a partir del canje, sean las empresas las primeras en recuperar el acceso al financiamiento internacional. Incluso, los bancos asesores en el proceso de reestructuración de la deuda a nivel nacional y provincial consideran que esto puede ocurrir en 2021.
“Que el Gobierno no tenga que recurrir al mercado le hace el efecto contrario al crowding out (desplazamiento del mercado) a las empresas, que sí necesitan eventualmente ir a buscar financiamiento para crecer y, particularmente, salir de la pandemia. Eso es lo bueno que estamos viendo”, afirmó Nicolás Bendersky, director general del Citi en Argentina. “El primer paso de los corporativos argentinos es de aquellos que necesitan refinanciar el corto plazo, lo están haciendo, en términos de mercado, y eventualmente si bajan los spreads, sin el Gobierno en el mercado, tienen espacio para financiarse”, dijo el ejecutivo de una de las entidades elegidas por la provincia de Buenos Aires para su propia renegociación con sus acreedores.
Claro que la condición sine qua non para que eso sea posible, tanto para Bendersky como para Sebastián Loketek, CEO para Cono Sur del Bank of America, entidad que asesoró al ministro Martín Guzmán en el canje a nivel nacional, es que la Argentina consolide un sendero fiscal de reducción del déficit que le permita una mejora de las condiciones financieras por las que las futuras tasas que pague el país se ubiquen en niveles similares a los de los países de la región.
En ese caso, el contexto internacional ofrece una gran oportunidad ya que, destacó Loketek, la dinámica mundial es de mucha liquidez, las tasas están “por el piso” y la región se está financiando a mínimos históricos. “A pesar de las complicaciones en la economía real por la pandemia, el mercado está ávido de rendimientos y la reestructuración de la deuda genera la chance. No puedo decir si va a ser en dos o en cuatro meses pero es razonable pensar que el año que viene las empresas puedan acceder al mercado”, afirmó.
Los ejecutivos del Citi y del Bank of America compartieron en una jornada virtual de la revista Forbes, durante la cual coincidieron en la agenda que tiene el Gobierno por delante para recuperar el acceso al mercado, a saber:
- Las señales en materia fiscal son la clave para recuperar la credibilidad del mercado y el frente al que más atento van a estar los inversores.
- Gracias al acuerdo, la Argentina no necesita volver de inmediato al mercado, por el contrario, le conviene esperar que se reduzca el riesgo país. Si lo logra, con las señales correctas, los inversores estarían dispuestos a volver a financiar a la Argentina relativamente rápido. “No necesita ir desesperadamente al mercado sino que puede tomar la decisión cuando la tasa de descuento esté en niveles más sostenibles”.
- La estrategia hostil de negociación no tendrá mayores costos si a partir de ahora se encamina el rumbo económico. “No hay riesgo reputacional”, coincidieron.
- Mientras tanto, la ausencia del país en la plaza internacional deja espacio a que sean las empresas y también las provincias las que puedan, primero, refinanciar sus pasivos de corto plazo y, eventualmente, obtener fondos frescos. “Hoy las empresas están haciendo un manejo de pasivos para diferir amortizaciones de 2021 y 2022 hacia adelante y están encontrando interés de los inversores, en el contexto positivo tras el acuerdo”, sostuvo Bedersky.
- Falta mucho todavía para despejar la incertidumbre sobre la economía argentina y hay mucha expectativa sobre si la tasa lograda en la reestructuración es razonable o no, ya que hoy los bonos se negocian a una tasa entre 12% y 13%. La cuestión fue central en la renegociación, en la que se consensuó con los acreedores aplicar una exit yield de 10%. Sin embargo, al principio puede no ocurrir ya que la reestructuración deja a una gran mayoría de grandes fondos de inversión con tenencias cuantiosas que, probablemente, vayan reduciendo.
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