
Sin dudas la carne vacuna de Argentina es mundialmente conocida como un producto ícono de la Pampa Húmeda. Se trata de un alimento que es sin duda valorado por cualquier comensal en todo el planeta, lo que ha permitido alcanzar en 2019 un récord de exportaciones, con China como principal mercado comprador.
Por estos tiempos, además, las nuevas tecnologías avanzan sobre la producción de carne vacuna. En Europa, es noticia la creación y producción de carne como alimento en laboratorio. Por su parte, la Argentina busca ingresar en el selecto grupo de países que están llevando adelante este tipo de proyectos.
En la actualidad el laboratorio Craveri, instalado en el barrio porteño de Caballito, desde donde crearon BIFE (Bio Ingeniería en la Fabricación de Elaborados), es una startup que desarrolla carne mediante el uso de técnicas de cultivo. De esta manera se busca obtener carne a partir de la toma de una mínima muestra de un animal, pero sin la necesidad de sacrificarlo.

Para poner en marcha el proceso de producción, en primer lugar es necesario recolectar células animales que se encuentren en el tejido nativo del animal. Una vez obtenida la muestra, se deben aislar las células satélites (las encargadas de crear un nuevo tejido muscular cuando el músculo es dañado) y cultivarlas con el fin de multiplicarlas. Luego de obtenida la cantidad necesaria se las estimula para que se fusionen y formen fibras de tejido muscular, detallaron desde el laboratorio.
Ventajas
Según pudo saber este medio, una de las ventajas es que el cultivo de la carne no produce emisión de metano, que es un gas muy importante entre los que producen el efecto invernadero y que se genera a través del proceso digestivo de las vacas.
Los especialistas sostienen que la utilización de técnicas de regeneración celular para obtener muestras de un ejemplar bovino para luego ser cultivada en laboratorios, permite ahorrar un 45% de energía, 99% de terreno, 96% de emisión de gases y 96% de agua.
En ese sentido, explicaron: “La agricultura celular cuenta con la posibilidad de controlar la cantidad de grasa que contiene la carne convirtiéndolo en un producto alimenticio magro y sano que brinda todos los beneficios de la proteína animal. Por caso, no es necesario cultivar las partes no comestibles como hueso, el sistema nervioso, sistema respiratorio y sistema digestivo evitando desperdicio alguno, dicen sus impulsores”.
El mayor desafío que afronta esta práctica, ahora, es lograr la escala requerida para agilizar el proceso productivo y convertir a la carne cultivada en un producto básico y de fácil alcance al mercado.
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