
Tras su visita al Vaticano para el encuentro con el Papa el próximo 31 de enero, el presidente Alberto Fernández dará inicio tres días más tarde a la crítica misión de reunir apoyos imprescindibles en la negociación de la Argentina con el Fondo Monetario. Será cuando, el 3 de febrero, se reúna con el primer ministro de Italia, Guiseppe Conte y con los presidentes de España y Francia, Pedro Sánchez y Emmanuel Macron, en los días siguientes. Entre esos tres países, el Gobierno podría asegurarse poco más de 13% de los votos del directorio del Fondo Monetario. La cifra es baja, al menos en relación al decisivo porcentaje que ostenta Estados Unidos, con 16,74% de los votos, pero determinante a la hora de construir masa crítica formal y, sobre todo, una corriente de respaldo político dentro organismo.
En este sentido, la idea de sumar una escala en Alemania a la gira podría sumar beneficios: es junto con Japón el país que mayor poder de voto individual tiene después de Estados Unidos, aunque muy lejos ya que reúnen 12% entre ambos. Le sigue Rusia, con cuyo presidente Vladimir Putin se frustró ayer el encuentro y que concentra 2,9% de los votos. Es decir que en el caso ideal de que la gira del Presidente resultara todo un éxito, y el curso de las relaciones con esos países lo consolidara, los fríos números indican que se reunirían apenas 22% de los votos necesarios. De ahí que, pese a que la aprobación de los acuerdos requiere de una mayoría simple, dada la asimetría de poder con Estados Unidos, el principal país aportante al FMI, “en la práctica, las decisiones del board se toman por consenso”, según explicó un vocero del organismo.

Es evidente, de todos modos, que no hay manera de lograr ese consenso sin Estados Unidos. Pero eso no quita que lograr las adhesiones de los países europeos resulta vital y nada sencillo. España surge, tal vez, como el más amigable entre ellos. Fue, por caso, a través de Pedro Sanchéz y la asesora de su director en el FMI, Estefanía Sánchez Rodríguez, que se canalizaron las gestiones para el primer llamado telefónico de la titular del organismo Kristalina Georgieva al entonces presidente electo.
Entre los más reacios, en cambio, se podría contar a Alemania. Ese país fue uno de los más severos con la Argentina cuando, hace 15 años, el país renegociaba los términos de su deuda para salir del default y, al mismo tiempo, uno de los más sólidos apoyos a nivel internacional a las políticas económicas del gobierno de Mauricio Macri. De hecho, en septiembre pasado, a menos de un mes del resultado de las PASO, el secretario de Estado y canciller alemán, Stefan Seibert, ratificó el aval de su país no sólo al acuerdo -hoy en vías de renegociación- con el Fondo Monetario sino a “las reformas económicas que la Argentina puso en marcha, proceso que apoyó en todo momento”. Muchas de esas reformas, como la apertura comercial, están hoy bajo fuerte revisión.
Al menos, Alberto Fernández tiene una carta de aceptación aceptable. Los números fiscales de 2019 difundidos el miércoles indican un déficit de 0,44% del PBI según el cálculo válido para considerar cumplido el acuerdo. Y el Presidente demostró vocación de disciplina fiscal con la sanción de la Ley de Solidaridad, que incluye aumento de impuestos y el ajuste a las jubilaciones. Pero las exigencias del FMI para reprogramar los vencimientos que la Argentina tiene con el organismo pueden resultar un escollo si el Gobierno insiste en no aceptar condicionalidades. El ministro de Economía, Martín Guzmán, afirmó el martes en una conferencia de prensa que “el programa es nuestro” y que “no aceptaremos ninguna condicionalidad” del FMI. En los hechos, esa afirmación se tradujo hace varias semanas en la exploración con funcionarios del organismo de la posibilidad de reformular el acuerdo en un mero calendario extendido del plan de pagos para reembolsas los USD 44.000 millones que el organismo desembolsó al país. La idea fue descartada en Washington, según pudo saber Infobae de fuentes al tanto de esas tratativas.
Pero no sólo a los fines de resolver la deuda con el Fondo Monetario la gira europea es clave. El buen diálogo con esos países también podría colaborar en la negociación con los bonistas ya que muchos de los grandes fondos de inversión que invirtieron en la Argentina son europeos, como el caso del francés Amundi, cercano en su momento al comité de acreedores de Nueva York, o los fondos que han presentado demandas contra el país en agosto pasado por los bonos con cupón de PBI, de origen inglés.
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