
No hay que ser adivino para saber que la misión del FMI que aterrizará el lunes en la Argentina para auditar la macroeconomía va a recomendarle al Gobierno que acelere la reducción del déficit fiscal; que mantenga una política monetaria restrictiva de altas tasas de interés como freno a la inflación; que aumente tarifas y recorte subsidios; que racionalice el gasto público incluyendo a los salarios; que flexibilice el mercado laboral; que rebaje impuestos a las personas y a las empresas; y que abra más la economía.
No hay que ser adivino. Alcanza con repasar lo que hace apenas un par de semanas el FMI señaló sobre el país en el Panorama Económico Regional que se publicó en el marco de la Asamblea Anual realizada en Washington. Todas esas recomendaciones figuran textualmente en un párrafo titulado "Prioridades de Política en Argentina: reducir la inflación y el déficit fiscal".
Ninguna sorpresa. Es la tradicional receta de ajuste del organismo para situaciones de desequilibrio como los de la Argentina. Que la pudo imponer cuando el gobierno de turno requería de su asistencia financiera, o que la plantea como simple recomendación cuando, como en este caso, no hay solicitud de crédito de por medio.
Esa es la cara conocida del FMI. Hay otra.
La novedad es que mientras sus funcionarios operativos hacen lo de siempre, el ala política y académica de la institución dice y escribe cosas distintas y en algunas cuestiones contradictorias.
Comenzando por arriba, la directora Gerente Christine Lagarde dijo en el discurso que pronunció el pasado día 13 que la política económica "debe tener tres prioridades: corregir las variables fundamentales; atacar con más decisión la excesiva desigualdad; y asignarle una gran importancia a los jóvenes para ayudar a asegurar un buen futuro".
Concediendo que la inflación y el déficit fiscal sean las dos variables fundamentales prioritarias a las que podría referirse Lagarde, la excesiva desigualdad y el futuro de los jóvenes brillan por su ausencia en el diagnóstico y en las recomendaciones para la Argentina.
Y no es que Lagarde menciona la desigualdad y el futuro de la juventud por una cuestión de principios, de moral o como simple declamación. En ese mismo discurso la ex ministra del gobierno de Nicolás Sarkozy sostuvo que "me refiero a la excesiva desigualdad porque afecta el crecimiento, erosiona la confianza y alimenta tensiones políticas". ¡Mirá vos!
Una semana antes, Lagarde había enumerado en un discurso en Harvard algunos instrumentos que podrían utilizarse para reducir la desigualdad. "Estamos analizando en el FMI los pros y contras de ideas que podrían ayudar, desde conceptos no ortodoxos como la aplicación de un ingreso básico universal hasta políticas más comunes como hacer más progresivos los impuestos". Al respecto, recordó que en 1981 el promedio de la alícuota marginal del impuesto a los Ingresos/Ganancias personales era del 62% en las economías avanzadas y bajó a 35% en 2015.
Los resultados del análisis del FMI sobre la pertinencia de aumentar la progresividad tributaria se conocieron durante la Asamblea Anual con la publicación del Monitor Fiscal 2017, que sintomáticamente lleva como título Tackling Inequality, que podría ser traducido como abordando o tackleando la desigualdad. En ese informe de sesenta páginas se afirma que "las tasas de tributación marginal aplicadas a quienes ganan el máximo tendrían que ser significativamente más altas que las actuales". (Llevado a la Argentina, eso implicaría más altas que el 35% actual. Que, dicho sea de paso, es un 35% teórico, porque en la práctica se ve reducido por exenciones y desgravaciones).
¿Una mayor presión impositiva en los ingresos altos podría afectar el crecimiento? El informe se lo pregunta y responde que los resultados empíricos demuestran que no y que, por lo tanto, "las economías avanzadas con niveles relativamente bajos de progresividad en términos del impuesto sobre la renta de las personas físicas quizá tengan margen para subir las tasas impositivas marginales máximas sin trabar el crecimiento económico".
El Monitor Fiscal también aconseja "evaluar distintos tipos de impuestos sobre la riqueza (…) e impuestos selectivos sobre bienes de lujo". Señala que los impuestos a los inmuebles y a la tierra "son equitativos y eficientes y siguen estando desaprovechados". Además, recomienda aumentar la presión sobre las rentas de capital, "que están más desigualmente distribuidas que las rentas del ingreso".
La Argentina presenta en materia tributaria cada una de esas debilidades que plantea el FMI. Su estructura es de muy baja progresividad; los altos ingresos pagan poco; la recaudación de impuestos patrimoniales es insignificante a nivel nacional y muy pequeña a nivel provincial; y la renta de capital goza de muchas desgravaciones.

Debilidades del Fondo
Dada esa situación: ¿la misión que llega el lunes al mando de Roberto Cardarelli le recomendará a Nicolás Dujovne que el proyecto de reforma tributaria que elabora el Gobierno considere como prioridad el ataque a la desigualdad y consecuentemente incorpore las modificaciones que el FMI plantea en su Monitor? Y, en general, ¿el criterio de evaluación que aplicarán y las premisas para sus recomendaciones se guiarán por lo que Lagarde dice en sus discursos?
Por historia, pero también por lo que ya anticipó en el Panorama Económico Regional, sería rarísimo que eso ocurriera.
La Ong inglesa Oxfam analizó los informes que el FMI entrega al finalizar las auditorías que establece el Artículo IV de su convenio constitutivo, que es precisamente lo que viene a realizar la misión que llega el lunes. La conclusión que acaba de publicarse es que "más allá de algunas mejoras, el FMI fracasa en proveer recomendaciones de política que ayuden a los países a reducir la desigualdad".
Reconoce que ha habido algunos avances en materia tributaria, con recomendaciones de aplicar más impuestos progresivos, y en el cuidado del gasto social. Pero destaca que el conjunto de sugerencias de política macroeconómica (monetaria restrictiva, flexibilización laboral, apertura, etc.) no contribuyen a reducir la desigualdad.
Curiosamente, fue una ocurrencia de Oxfam la que la titular del FMI suele utilizar para ilustrar la obscena desigualdad que hay en el mundo: las ocho personas con mayor fortuna tienen tanta riqueza como la mitad más pobre de los habitantes del mundo.
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