Del llanto de Paredes a la frase de Otamendi contra Rodri: la reacción de los jugadores argentinos tras la caída ante España

Scaloni tuvo que entrar al campo a separar a sus jugadores tras el pitazo final, mientras Messi se quedó sentado en el césped del MetLife Stadium, quitándose los botines en silencio

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El pitazo final del árbitro Slavko Vincic apenas había sonado en el MetLife Stadium cuando el campo de juego se convirtió en un escenario de tensión, llanto y reclamos. La selección argentina perdió la final del Mundial 2026 ante España por 1-0, con gol de Ferrán Torres en el minuto 106 del tiempo suplementario, y lo que vino después del silbato tuvo tanto peso como el partido mismo.

Lionel Messi fue el primero en marcar el tono de lo que se vivió en esos minutos. Con los brazos en jarra, el capitán de la Albiceleste se quedó inmóvil unos instantes en el centro del campo, con la mirada perdida, tratando de asimilar el resultado.

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Luego se llevó la mano a la garganta, como quien intenta pasar algo que no baja, y terminó sentado en el césped, exhausto, con los ojos puestos en las celebraciones del plantel español. Las cámaras de la transmisión volvieron a él una y otra vez, y su gesto no cambió.

Mientras tanto, a pocos metros, Leandro Paredes se dejó caer al suelo. El volante de Boca lloró de forma desconsolada y se mordió la camiseta, una imagen que condensó la bronca que no encontraba otra salida.

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Cerca de él, varios jugadores fueron tomando la misma postura: sentados en el pasto, agotados, con la certeza de haber entregado todo sin que alcanzara. Facundo Medina fue el primero en soltar las lágrimas abiertamente; lo siguió Nicolás González.

Nicolás Otamendi, en cambio, canalizó su malestar de otra manera. El experimentado defensor se negó a saludar a Rodri y a Mikel Oyarzabal al final del encuentro.

Las cámaras captaron el momento y también recogieron sus palabras, dirigidas al mediocampista del Manchester City: “Toda la semana estuviste llorando, vos y Laporte, toda la semana condicionando”. La frase apuntaba directamente al debate arbitral que había rodeado la previa de la final.

La tensión no se limitó a ese cruce. Paredes terminó cara a cara con Eric García, a quien llegó a tomar del cuello. Nahuel Molina también quedó enfrentado con el mismo jugador español.

Fue el entrenador Lionel Scaloni quien entró al campo a separar: habló con Borja Iglesias para calmarlo y luego continuó saludando al resto de los futbolistas de España. Antes de retirarse, el técnico argentino se dio un abrazo con su par español, Luis de la Fuente.

El partido había dejado a la Albiceleste con diez jugadores desde el minuto 92, cuando Vincic le mostró la segunda tarjeta amarilla a Enzo Fernández por una falta sobre Pau Cubarsí.

Ese momento también tuvo su cuota de polémica: Cucurella se llevó la mano a la boca tras la expulsión, Messi reclamó la revisión del VAR, pero el árbitro no recibió el llamado. Ya en el tiempo extra, Argentina acumuló lesiones —Lisandro Martínez y Cristian Romero habían salido antes— y llegó al tramo final del partido con reservas físicas mínimas.

Giuliano Simeone tuvo en sus pies la chance del empate a los 121 minutos, pero su remate se fue por encima del travesaño. Esa fue la última acción del partido antes del pitazo que cerró todo.

Nicolás Tagliafico, quien había jugado el tiempo suplementario con molestias, quedó parado en el centro del campo, sin moverse, con la vista puesta en sus compañeros. Alrededor de él, el festejo español tomaba forma.

Pasados unos siete minutos del final, Messi comenzó a quitarse las medias, los vendajes, los botines y las canilleras, sentado en el mismo césped donde poco antes había observado el desenlace.

A sus 39 años, en lo que fue su sexta participación en una Copa Mundial de la FIFA, el capitán argentino había pedido calma a sus compañeros antes del partido: “Tranquilidad, pensemos en jugar nomás. Olvidémonos de todo. Solo juguemos”, les dijo en la puerta del vestuario.

El único que recorrió el campo en sentido contrario al dolor fue Emiliano Martínez. El arquero fue saludando uno por uno a los rivales y luego se acercó a sus compañeros. Pese a la derrota, Dibu Martínez intentó mantenerse entero en medio de la desolación general.

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