De las medidas para combatir el tiempo perdido, al debate sobre la “Ley Wenger”: las nuevas reglas que analiza FIFA para el fútbol

Los encargados de las Reglas de Juego del fútbol se reunirán para discutir sobre la aprobación de nuevas legislaciones

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La IFAB debatirá sobre opciones
La IFAB debatirá sobre opciones para evitar la pérdida de tiempo deliberada (Foto: Reuters/Carl Recine)

El fútbol se prepara para un nuevo salto evolutivo. A meses de una nueva Copa del Mundo, FIFA vuelve a mover el tablero con una idea que atraviesa todas las discusiones: menos error, más justicia y mayor fluidez. Tecnología y reglamento se dan la mano para reforzar la credibilidad y darle mayor precisión a las decisiones arbitrales.

El balón que “habla”

Una de las apuestas más fuertes es el balón inteligente. El microchip incorporado en el balón oficial del Mundial ya está listo para intervenir en una acción tan cotidiana como polémica: el saque de esquina. ¿Cuántas veces vimos un córner concedido cuando en realidad era saque de arco? ¿O al revés? Con esta tecnología, el sistema identifica automáticamente quién tocó la pelota por última vez antes de que saliera del campo y lo comunica al VAR casi en tiempo real. Precisión quirúrgica para decisiones que, hasta hoy, dependían de una fracción de segundo y del ángulo visual.

La propuesta será tratada por la International Football Association Board (IFAB), que evalúa autorizar su uso específico en balones “conectados”. La tecnología desarrollada por la reconocida marca alemana de indumentaria deportiva refuerza un concepto central del arbitraje moderno: asistido, no reemplazado. El árbitro decide; la tecnología respalda.

El tiempo, ese rival silencioso

Pero no todo pasa por sensores. El fútbol moderno libra otro partido igual de complejo: la pérdida deliberada de tiempo. En la mesa de debate aparecen medidas concretas, visibles y fáciles de comprender para el espectador:

• Reloj de cuenta regresiva para saques laterales y saques de arco.

• Máximo de 10 segundos para que los jugadores sustituidos ingresen al terreno de juego.

La escena es conocida: cambios eternos, reposiciones lentas, partidos que se diluyen. La respuesta apunta a recuperar ritmo, aumentar el tiempo efectivo de juego y proteger el espectáculo.

Fuera de juego: volver al espíritu (con debate abierto)

Otro capítulo promete una discusión profunda y, esta vez, con posturas claramente enfrentadas. La posible puesta a prueba formal de la llamada “ley del fuera de juego con luz”, impulsada por el histórico ex entrenador y actual asesor FIFA Arsène Wenger, busca terminar con los fueras de juego milimétricos que castigan al atacante por una uña o un hombro.

La consigna es clara: priorizar la ventaja clara, acercar la interpretación al espíritu original de la regla y reconciliar justicia con espectáculo. Sin embargo, no todos los actores del fútbol mundial comparten ese enfoque. UEFA ha manifestado reparos conceptuales y técnicos, advirtiendo que una modificación de este tipo podría generar nuevas controversias en lugar de resolver las actuales.

Pese a esa oposición, la FIFA y la IFAB no descartan continuar probando la norma durante todo el año 2026, acumulando datos, análisis y experiencias reales de juego. La decisión final no sería inmediata: el objetivo es evaluar su impacto con mayor perspectiva y definir su adopción —o descarte— recién en 2027.

El debate, en el fondo, va mucho más allá de una línea trazada en el césped. Se discute qué fútbol se quiere proteger: uno regido por la exactitud milimétrica o uno que priorice la ventaja deportiva y el espíritu del juego.

El camino institucional

Las definiciones comenzarán en una reunión de trabajo en Heathrow, como antesala de la Asamblea General Anual en Cardiff, donde cualquier modificación a las Reglas de Juego deberá ser ratificada oficialmente. Nada improvisado: el proceso es gradual, medido y con impacto global.

No es un movimiento aislado. El año pasado, el presidente de la FIFA Gianni Infantino impulsó el límite de ocho segundos para los guardametas. El efecto fue inmediato: partidos más ágiles, menos pausas innecesarias y un mensaje contundente sobre la gestión del tiempo.

El rumbo es inequívoco. Más control, más datos y más responsabilidad. La tecnología no llega para deshumanizar el fútbol, sino para proteger su esencia, reducir la injusticia y ofrecer un espectáculo más dinámico para jugadores, árbitros y aficionados. El fútbol del futuro no se juega solo con talento y pasión. Se juega, también, con precisión.