
En la avenida Das Nacoes Unidas al 12.900 hay decenas de hinchas de River que van y vienen. Nerviosos, tensos, algunos optimistas, otros no tanto, pero -dicen- “venimos igual porque al millo hay que acompañarlo siempre”. La puerta del hotel Hilton Morumbí es un compendio de fanáticos en estado de excitación. Desde anoche, el plantel está concentrado aquí a la espera del partido que se jugará hoy a las 21.30 frente a Palmeiras, buscando un lugar en las semifinales de la Copa Libertadores. Necesita revertir la caída por 2 a 1 que sufrió en el Monumental. Y tendrá que salir a dar la cara en un contexto futbolístico poco alentador: luego del traspié en condición de local, el último sábado también patinó en Tucumán ante Atlético, un 2 a 0 en contra en el que no hubo aspectos del juego para destacar y sí varias evidencias que dejaron preocupación en el cuerpo técnico.
Es cierto que Marcelo Gallardo puso un equipo con mayoría de suplentes, pero también que River fue un equipo apático, deslucido, carente de ideas y de rebeldía. Una imagen desoladora en la previa del partido más importante del año.
Si la Libertadores es el objetivo prioritario de River en 2025, el segundo choque ante Palmeiras tiene un valor superior a todos los que jugó anteriormente, incluido el que perdió ante Inter de Italia cuando se jugó la posibilidad de clasificar a los octavos de final del Mundial de Clubes de Estados Unidos.
Ahora bien, ¿que River juegue su encuentro top de la temporada, lo pone a Gallardo en un lugar incómodo ante un eventual escenario negativo? Incómodo sería, claro está, pero quien piense que una eliminación podría poner en duda la continuidad del técnico, está equivocado. La actual dirigencia de River, a través de su candidato a presidente, Stéfano Di Carlo, tiene pensado ofrecerle un contrato por cuatro años cuando se venza el que tiene hasta el próximo 31 de diciembre.

En River habrá elecciones el 1 de noviembre. Y ninguno de los cuatro candidatos opositores (Carlos Trillo, Luis Belli hijo, Daniel Kiper y Pablo Lunati) deslizó la posibilidad de que sea otro el técnico del equipo a partir de enero.
A juzgar por las declaraciones de Gallardo en el último tiempo, cuando se refirió a su futuro imaginándose en todo momento al frente del plantel de River, una eliminación no generaría ningún replanteo en la cabeza del Muñeco.
Fuera de ello, el de Gallardo es un caso especial. Ningún otro entrenador de la Argentina tiene en su club la espalda del Muñeco en River. Ganador de catorce titulos y factótum del cambio de paradigma en el Superclásico moderno con cinco victorias consecutivas ante Boca que incluyeron dos finales (una de ellas la de la Copa Libertadores 2018 en Madrid), el técnico dispone de un aire del que no goza ninguno de sus colegas. “Gallardo puede decidir él mismo hasta cuándo seguir en River. Se lo ganó”, afirma ante Infobae uno de los principales dirigentes de River.
En un fútbol ultra exitista como el argentino, donde cuesta encontrar proyectos a largo plazo, River y Gallardo dejaron en claro que creen en esa filosofía. Por eso un escenario negativo no alteraría el ciclo.

Así y todo, está claro que para un ganador nato como Gallardo no es grato que el equipo todavía no haya podido celebrar un título desde su regreso al club de Núñez, en agosto de 2024. Lo más cerca que estuvo fue en la Supercopa Internacional, cuando en marzo de este año River perdió por penales ante Talleres de Córdoba, en Asunción, luego de haber estado a un remate desde los doce pasos de ganar el duelo. Después, River perdió en una de las semifinales de la Libertadores pasada ante Atlético Mineiro y el resultado le quedó muy lejos (0-3 en Belo Horizonte y 0-0 en Buenos Aires) y cayó en los cuartos de final del torneo local frente a Platense, que lo superó por penales en el Monumental. Además, en el Mundial de Clubes quedó eliminado en la primera ronda.
El presente lo muestra a River tratando de hacer pie en la Libertadores, a la espera de Racing en los cuartos de final de la Copa Argentina y segundo en su grupo y primero en la tabla general del año en el torneo argentino. Desde los números, difícil de reprochar. No ocurre lo mismo con su funcionamiento, que no genera entusiasmo ni confianza entre sus hinchas. River dista de ser un equipo confiable, ajeno a las garantías que supo dar en muchos tramos del primer ciclo de Gallardo. Por eso hoy su gente espera una levantada futbolística para que este nuevo River del Muñeco pueda dar vuelta la serie, tal como hizo en 2015 ante Cruzeiro y en 2018 frente a Gremio, en ambos casos en Brasil.
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