
Nació en Burdeos y recibió el nombre de Enzo en honor a Francescoli, el ídolo de River Plate que dejó su huella en el Olympique de Marsella. Hijo del mítico jugador francés Zinedine Zidane, el joven creció respirando talento. Y en sus primeros año deslumbró en las divisiones juveniles del Real Madrid. En la Casa Blanca expuso todas las virtudes que heredó de su padre. “Mi papá me ha enseñado un par de truquitos sobre la ruleta (gambeta que Zizou ejecutaba a la perfección y que le permitía librarse de un contrario al rotar sobre sí mismo), pero el resto lo hago yo solo”, había dicho el volante ofensivo cuando cumplió los 12 años en la entidad de la capital española.
Durante su adolescencia recibió clases magníficas de la leyenda del Merengue y de la Juventus. “Juego mucho con mi padre en casa. Va a verme cuando puede y me da consejos cuando hago algo mal, pero siempre me dice que sea yo mismo”, fue una de las frases que había dejado en un reportaje que le había hecho el diario Marca, cuando amenazaba con convertirse en un futuro crack de las canteras madridistas.
Sin embargo, el destino lo llevó por rumbos que no fueron tan populares. En aquella etapa formativa tuvo la oportunidad de elegir entre la selección española, la francesa y la de Argelia, debido al origen de sus abuelos paternos. Y, curiosamente, se puso La Roja cuando fue convocado para la Sub 15, pero con los años representó a Le Bleu cuando recibió la invitación de las autoridades galas.
Sin lugar en la potencia europea, Enzo Zidane probó suerte en el Deportivo Alavés del País Vasco, pero sólo llegó a jugar cuatro partidos oficiales (2 por La Liga y 2 por la Copa del Rey). Su carrera continuó en descenso cuando emigró a Suiza para sumarse al Lausanne-Sport y después de una temporada volvió a España para afrontar la Segunda División con el Rayo Majadahonda
El Club Deportivo Das Aves de Portugal, el Almería (de nuevo en el Ascenso español), una incursión por el campeonato de las divisiones menores de Francia y el Fuenlabrada marcaron los últimos pasos antes de que decidiera colgar los botines a los 29 años.
El futbolista tuvo que tolerar la constante presión que le representaba la comparación constante con su padre. A pesar de sus condiciones, el trabajo psicológico fue determinante para pelear por un lugar con un apellido que quedó marcada para siempre en la historia del fútbol mundial. Es por ello, que después de estar más de un año sin encontrar un equipo que lo motivara a seguir, se inclinó por dejar la práctica profesional.
Cansado de rebotar por Europa sin encontrar un rumbo fijo, finalmente se decidió por cambiar de vida antes de cumplir los 30. Casado con la venezolana Karen Gonçalves y padre de tres hijas, Enzo se dedicará a apostar por sus inversiones personales, estar más tiempo junto a su familia, apoyar el crecimiento de sus hijas Sia, Giulia y Kaia y seguir de cerca la evolución de sus tres hermanos que también decidieron seguir los pasos de su padre: Luca en el Granada, Theo en el Córdoba y Elyaz en el Real Betis. La próxima vez que regrese al Santiago Bernabéu, será en su papel de aficionado, donde apoyará al combinado liderado por Carlo Ancelotti desde el palco familiar para ser uno de los espectadores de una película de la que muchas veces soñó con ser protagonista.
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