16 de junio de 1993. Todo es felicidad en el avión privado de los Suns de Phoenix que está por despegar desde el aeropuerto de Chicago. Hace apenas horas el equipo dio una muestra de carácter en la casa de los Bulls, ganando el quinto juego, cuando todo estaba listo para un nuevo festejo de Michael Jordan y sus compañeros. El equipo de Paul Westphal recuperó la confianza, teniendo ahora dos potenciales partidos en el Valle del Sol para lograr lo que casi nadie podía imaginar horas antes: ganarles una serie a siete juegos a los bicampeones de la NBA. Sin embargo, en un ambiente de risas, felicidad y confianza, hay un jugador que está en otra, ajeno a la euforia que se vive a su alrededor…
Se trata de Jerrod Mustaf, ala pivote suplente del equipo que apenas jugó un minuto en aquel juego y acaba de recibir una llamada telefónica que lo dejó serio, pensativo, cabizbajo… Althea Hayes, su novia en las sombras, se comunicó para confirmarle su embarazo y el jugador está aturdido, preocupado… No es lo que esperaba y la realidad lo apabulla. Especialmente porque ella le confirma, una vez más, que no piensa interrumpir el embarazo, como él le pide y exige… Casi 38 días después, el padre de la chica de 27 años la encuentra ejecutada en su departamento, con cuatro balazos, uno en la nuca. Esta es la espeluznante historia de un ex jugador que hoy es visto como un ejemplo de la comunidad, por su ayuda a chicos afroamericanos, pero que, a la vez, tiene una larga lista de actos de violencia y maltrato al sexo opuesto, que estuvo en la línea de investigación de aquel asesinato pero no fue encontrado culpable, ni de instigación ni de ser el autor intelectual, pese a las acusaciones de la familia de la víctima y a que su primo mayor fue encontrado como el autor material, con indicios que los vinculaban fuertemente…
Jerrod y Althea se habían conocido en la librería para la comunidad afroamericana que el jugador había abierto en el Sur de Phoenix, en 1991. Ella era un aspirante a cantante a la que le gustaba la lectura y un día pasó por ahí, en busca de un ejemplar. La había atendido Levonnie Wooten, el primo mayor de Jerrod que había aceptado el trabajo de ser el encargado del negocio, luego de una permanencia de 14 meses en prisión por tráfico de drogas. Jerrod la vio sentada y tuvo la excusa ideal para hablarle. A partir de ahí comenzaron a salir, esporádicamente. Porque Jerrod estaba en otra, disfrutando las mieles de ser un nuevo millonario, con diversos autos deportivo, ropa cara y visitas a los lugares nocturnos más famosos de la ciudad.
Mustaf, hijo de un autoproclamado activista y ferviente partidario de los Panteras Negras, había nacido y crecido en Whiteville, Carolina del Norte, donde se destacó en el secundario y llegó a jugar el prestigioso McDonald’s All American Game que reúne a los mejores prospectos de 18 años que tiene el país y el mundo. Eso le permitió recibir una beca de la Universidad de Maryland, donde brilló en las dos temporadas en las que estuvo antes de dar el salto a la NBA. En la primera rompió el récord que tenía John Lucas de más puntos para un novato, con 14.3 de promedio, además de sumar 7.8 rebotes. En la segunda fue el líder en anotación de los Terrapins, con 18.5, logrando meterse en el radar de varios equipos de la mejor liga del mundo. Finalmente fue elegido en el 17° lugar del draft por parte de los Knicks de Nueva York, donde jugó la primera temporada, como suplente de Charles Oakley, promediando 4.3 puntos y 2.6 rebotes, en 13 minutos, tal vez lo mejor que haría en la NBA. Luego se fue a Phoenix, para ser el suplente de Charles Barkley. Pero nunca pudo despegar. En los Suns promedió 3.9 puntos y 2.4 rebotes en apenas 9 minutos, durante las tres campañas que jugó. Su última temporada en la NBA fue la siguiente al asesinato de su novia, la 93/94, luego se fue a jugar al exterior, ¿escapando de algo?
En el juicio salieron a la luz algunos de los antecedentes violentos de Mustaf, según reportó el periodista John Wertheim en un completo artículo publicado en 2019. Por caso, en marzo de 1993, discutió con Wooten por una factura y lo golpeó en la cabeza con un teléfono. La Policía acusó a Mustaf de agresión agravada y Wooten presentó una demanda civil. También dejó de trabajar en la tienda y abandonó la residencia que compartía con Mustaf. Fue al mismo tiempo que Althea le llevó la noticia del embarazo. No eran tiempos fáciles para el ala pivote, que primero le pidió que se hiciera un aborto y como ella, con fuertes creencias religiosas, se negó, pasó a la parte económica. Le ofreció 5000 dólares para hacerlo. La respuesta fue la misma. Él esperó, ella le confirmó la noticia aquel día de junio y todo terminó, aparentemente el 24 de julio, dos días antes que su padre ingresara al departamento de Glendale y la viera acostada, en posición fetal, con cuatro balazos y en plena descomposición. Creen que la ejecución se habría producido dos días antes, con un revolver calibre 38. Estaba embarazada de tres meses.
Desde un primer momento se apuntó a la teoría de un sicario pagado por alguien. El juicio determinó que esa persona fue Wooten, el primo de Jerrod. Durante la investigación, el NBA aseguró que no sabía nada, ni siquiera del embarazo. Sin embargo, las escuchas de aquel día, en el avión del equipo, aseguran que hablaron de eso, que el jugador quedó muy enojado y se sentó solo en el regreso a Arizona. Fue cuando se habría producido su reencuentro con el primo, creen algunos. El 20 de julio está probado que Mustaf le envió pasajes de avión a Wooten y su novia, bajo la premisa “necesito un favor tuyo”. En base a esas pruebas, el fiscal creyó tener un caso firme, con pruebas y el motivo para matarla. Pero ni siquiera logró que Jerod enfrentara algún cargo. De hecho, ni siquiera fue al juicio. Su primo, en cambio, recibió cadena perpetua, aunque nunca aclaró por qué lo hizo. Menos delató a nadie.
La familia Hayes lloró cuando escuchó la sentencia, básicamente porque todos sienten que debió haber un segundo culpable. “Cuando mi marido encontró a nuestra hija muerta, asesinó a toda mi familia. No puedo sanarme realmente hasta que Jerrod Mustaf sea llevado ante la justicia”, declaró. Más allá de los motivos, indicios y pruebas, existieron antecedentes que el jurado pareció ignorar.
Como el historial como maltratador de mujeres. En la época universitaria reportaron que agredió y amenazó a una novia a la que había dejado embarazada. En Phoenix también tuvo una durísima pelea con su entonces prometida, Psasha Luke, cuando ella tenía un embarazo de ocho meses. Aseguran que Jerrod disparó un arma a través de una pared que estaba cerca de ella. Con Luke tuvieron dos hijos, pero la relación finalizó con una perimetral en su contra, dispuesta por la Justicia.
Mustaf siempre fue conocido como un tipo difícil, especialmente con un carácter muy volatil. Así lo describen en España, donde se destacó como jugador. Su primer desembarco en Europa fue en el PAOK de Salónica, en Grecia, pero una grave lesión hizo que tuviera que bajar pretensiones y llegar al Andorra. Brilló en los primeros partidos, pero exigió entonces acudir a una concentración de musulmanes afroamericanos en Washington y como no contó con el permiso del entrenador, se fue igual y no volvió a jugar más con el equipo. Acabó la campaña en el Estrasburgo, donde volvió a destacarse y cautivó la atención del famoso entrenador Aíto García Reneses, del Barcelona.
En el famoso club catalán, Mustaf se destacó, promediando 14 puntos y 7 rebotes y siendo pieza valiosa del campeón español. Fue su mejor momento en el Viejo Continente. La siguiente ya bajó un poco su nivel y dejó el Barsa, para terminar en distintos clubes de Francia, Polonia y Turquía, donde tuvo un final deshonroso en el 2001 tras ser cortado en el Altay Izmir tras solo tres partidos.
Se volvió a Estados Unidos y se afincó en Mitchellville (Maryland), donde se dedicó a ayudar a adolescentes en problemas. “Acá presido una entidad benéfica que se llama Take Charge Juvenile Program. Ofrecemos a los jóvenes y a sus familias prevención ante los posibles problemas y ayuda si los tienen”, arrancó su explicación. No es lo único en lo que está metido: su otro proyecto estrella es la Street Basketball Association, de la que es comisionado. “También llevo a un grupo de jugadores americanos profesionales de streetball en las Islas Reunión -ubicada al este de Madagascar-, donde juegan exhibiciones”. En 2017, por caso, los Washington Wizards le dieron el premio Wizards Care Community Assist Award, por lo que un comunicado de prensa se refirió “a su nivel ejemplar de dedicación y compromiso con la comunidad”.
Con sede en el condado de Prince George, Maryland, donde Washington se disuelve en suburbios, Mustaf ha pasado la mayor parte de su vida adulta dirigiendo este programa diseñado para mantener a los adolescentes locales, la mayoría de ellos hombres afroamericanos, fuera del sistema de la justicia penal. “Es prevención de pandillas, intervención en crisis, liderazgo… Últimamente son las distracciones de la tecnología. Pero en realidad se trata de fortalecer la comunidad”, explicó Jerrod, quien en el mano a mano hace gala de sus conocimientos, de la historia, con una simpatía y hasta carisma para decir las cosas. No es casualidad que haya pensado en dedicarse a la política.
Pero Mustaf se desempeña mejor cuando trabaja con niños, asegura: “Entrar allí y ensuciarse”, dice. Más de una vez se ha descrito a sí mismo como “de la vieja escuela”. Este es un tipo que, hace unos años, lanzó una campaña Pull ‘Em Up, oponiéndose a los pantalones caídos. Conservador social, Mustaf desafía a los niños por sus joyas, su elección de palabras y el trato a las mujeres. A las niñas les habla de “hermandad y autosuficiencia”; les pide que escriban letras de hip-hop vulgares y misóginas y luego intenten defender el atractivo de esas letras.
¿Se trata de un hombre reformado o simplemente una estrategia social para tapar un pasado oscuro? Sólo Jerrod lo sabe.
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