
“No es solo un edificio, sino la máxima instalación deportiva, símbolo de Milán en el mundo”.
Así se define al estadio que albergará los duelos de ida y vuelta entre Inter y Milan por las semifinales de la Champions League, evento que no sólo dividirá a una ciudad, sino que además paralizará a un país entero ante un derby que será histórico. Los dos equipos más poderosos de la ciudad italiana comparten una historia de éxitos nacionales y continentales, pero también comparten hogar, algo que no es común en el mundo, pero que allí se ha vuelto una costumbre. Aunque, si se le preguntara a un tifosi de cada club en dónde juega su equipo, ambos contestarían distinto. ¿Giuseppe Meazza o San Siro?
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El recinto que tiene espacio para 80 mil espectadores y que suele ser la casa de la selección italiana se tiñe cada fin de semana de rojo y negro o de azul y negro, dependiendo de quién juegue. Y su nombre está en disputa desde hace casi 100 años, cuando empezó a ser compartido por los dos gigantes de la ciudad.
En realidad, el estadio fue construido por el club Milan en 1925 e inaugurado al año siguiente con el nombre Nuovo Stadio Calcistico San Siro, en referencia al barrio de San Siro en donde se encuentra. Su primer encuentro fue justamente el derby Della Madoninna que terminó con victoria pro 6-3 para Inter. Pero en 1935 cambió de dueño y su nuevo propietario pasó a ser el gobierno de la comunidad, que tras el éxito del Mundial 1934, ganado justamente por Italia, entendió que sería una gran inversión adquirirlo y refaccionarlo. Así, el recinto amplió su capacidad de 35 mil a 55 mil, demostrándole al mundo que la capital del fútbol europeo era Milan.
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Lo cierto es que el Milan siguió disputando sus compromisos allí y, en la temporada 1947/48, el Inter se convirtió en su compañeros de hogar. ¿En dónde había jugado Inter hasta ese entonces?
Como si fuese la historia de dos hermanos enfrentados pero destinados a estar juntos, ambos clubes tienen raíces en común. Es que los fundadores del Inter eran integrantes del que por entonces se llamaba Milan Foot-Ball & Cricket Club, quienes enojados porque el presidente de esa institución había declarado que no se aceptarían más extranjeros, decidieron fundar su propio equipo y llamarlo Internazionale “porque somos hermanos del mundo”, como se gritó aquel 9 de marzo de 1908 cuando se empezó a escribir la historia del nuevo club.
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Desde entonces, este hermano independizado vagó por varias canchas. La primera fue en un campo deportivo pegado a uno de los canales de la ciudad, lo que provocaba que las pelotas se fueran al agua cuando los jugadores le erraban al arco en sus disparos. Luego, se asentaron más de 25 años en Campo Goldoni, hasta que sus gradas cedieron durante un partido, dejando un saldo de más de 160 heridos. Ante la lluvia de demandas que eso trajo, el seguro no cumplió con lo pactado y el club quedó al borde de la quiebra, por lo que tuvo que abandonar el terreno.
Su siguiente casa fue la Arena Civica, un estadio multiuso con capacidad para 10 mil espectadores que, obviamente, quedó pequeño para le éxito de la institución que en 1947 acordó con el gobierno de la comunidad y adoptó el estadio San Siro como su nueva casa, al igual que el Milan.
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Los años siguientes fueron de obras que ampliaron la capacidad y les permitieron a los equipos jugar de noche gracias a la instalación luminaria. Pero para ese entonces ya había un gran problema entre las aficiones, porque los del Inter no se sentían cómodos con el nombre de San Siro y buscaban rebautizarlo con algo más vinculado a sus historia.
Fueron los dirigentes de ambos clubes los que se sentaron a discutir qué debían hacer con el nombre del recinto y entendieron que lo mejor era encontrar uno que dejara a ambas aficiones felices. La discusión no fue sencilla, hasta que en 1980 surgió una opción potable: Giuseppe Meazza.
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Nacido en Milan a comienzos del siglo XX, Giuseppe Meazza se apasionó por el fútbol desde niño, pero tuvo la desgracia de llegar a un mundo azotado por los conflictos bélicos. A los siete años, perdió a su padre en la Gran Guerra y debido a la crisis que el conflicto bélico ocasionó en Europa, su madre se vio imposibilitada de alimentarlo correctamente por lo que el físico del muchacho italiano estaba lejos de ser el ideal. Fue así que el Milan lo rechazó en su adolescencia cuando se presentó a unas pruebas, pero el Inter le abrió las puertas.
Allí jugó entre 1927 y 1940, cuando el club se vio obligado a cambiar su nombre a Società Sportiva Ambrosiana, debido a que los fascistas que gobernaban Italia no estaban de acuerdo con el nombre “Internazionale” que llevaba la institución. Lo cierto es que con esa camiseta ganó cuatro títulos (tres ligas y una Copa Italia), fue tres veces máximo artillero y además se convirtió en estrella de la selección.
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El goleador Meazza ganó con la Azzurra los Mundiales de 1934 y 1938 y dos Copas de Europa Central, siendo entonces calificado como el mejor jugador milanés de todos los tiempos, transformándose en un ídolo del pueblo y un orgullo para la ciudad. Luego, tuvo un breve paso por Milan y por Juventus hasta su retiro, en Inter de en 1947.
Su muerte en agosto de 1979 fue una conmoción para la ciudad y por eso en 1980 las dirigencias de ambos clubes decidieron rebautizar el estadio como “Giuseppe Meazza”, nombre que hasta el día de hoy se mantiene de manera oficial. Sin embargo, los tifosis de Milan nunca se sintieron a gusto con esto y continúan llamándolo “San Siro”, como en su versión original.
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Desde entonces, cada fin de semana el estadio cambia informalmente de nombre según quien juegue y así lo hará este miércoles y el próximo martes, cuando los dos clubes más importantes de la ciudad se enfrenten por las semifinales de la Champions League, en lo que será un cruce histórico para Italia y Europa. Curiosamente, será uno de los últimos grandes eventos que albergará porque las autoridades de la ciudad han decidido demolerlo, tal y como informaron hace ya dos años.
Increíblemente, las dirigencias de ambos equipos, nacidos de un mismo vientre pero enemistados de por vida, han acordado la construcción de otro estadio de manera conjunta. Es decir que nuevamente Inter y Milan compartirán hogar, pese a tener la oportunidad de construir dos recintos diferentes. Si bien hay varios proyectos en análisis, los hermanos milaneses que le dan fútbol a la ciudad parecen estar destinados a la convivencia.
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