
Ganar por penales es estar bajo emoción violenta. Más si te empuja a una final de Copa América. Las primeras sensaciones son de alegría. La Selección une todas las camisetas en una. Es una pena que no haya hinchas full time. Los hinchas de Argentina son más de pintarse la banderita en la cara en los grandes torneos. Es un mes a pleno. Potenciado por el público joven que es hincha de Messi. Leo tiene sus fieles. La generación más 40 es esclava emocional de Maradona. Diego les dio -Diego nos dio- las más grandes satisfacciones en la infancia. Los sub 25 son todos de este 10. Van a jugar con su camiseta puesta, lo ven como un intocable, lo quieren tener campeón como en Barcelona o como en la Play. Sentirlo a Messi eufórico otra vez motiva a todos. El crack merece más que nadie levantar el trofeo en su sexto intento para tener la foto de Ruggeri en el 91 y en el 93, las últimas Copas que se ganaron. El combo lo completa que la final se juega contra Brasil en el Maracaná. Aunque fue Dibu Martínez el que se convirtió en héroe. Fue una actuación consagratoria. Al mejor estilo del paraguayo José Luis Chilavert, les bajó la moral a los rivales al extremo de achicarlos. “Te voy a esperar, tenés miedito”; “Te estás riendo porque estás nervioso”; “Te lo atajo, mirá cómo te como”, les gritaba mirándolos fijos. Ahora hay que comerse al Brasil de Neymar.
Las finales no hay que mirarlas por tele. La frase de Bilardo ya está cumplida. Después hay que analizar cómo ganar. Una vez que baje la espuma será el tiempo de analizar el juego de la Selección. No se trata de tener la guardia alta si no de mantener la vara alta. Es el equipo de Messi. En la última Copa de Messi. A un año y medio del último Mundial de Messi. Cuando se quiere a la Selección no se le dice todo que sí. No te quiere quien te miente para quedar bien. Alrededor de Argentina en los últimos días hubo un halo gigante de demagogia. Una falsa grieta agitada por algunos tuiteros que hacen recortes equivocados de la realidad. Entonces se intentó sacar tajada de bancar al equipo. Como si eso fuera no marcar los errores o no exigirle jugar a la altura de sus dos estrellitas en el pecho. Son los mismos hinchas que dicen “hablá bien de Boca”, “hablá bien de River”. En la calle nunca te piden que les digas la verdad. Ese juego fue aprovechado por algunos. Los mismos que después de una derrota dicen que se veía venir lo que nunca antes dijeron o rompieron a una camada excepcional. Es el aguante con un micrófono que se acomoda. Cuando Gallardo pide un proceso de trabajo serio y pone el ejemplo de Alemania, todos aplauden. Después se defiende lo contrario. En fin, de mínima es extraño estar de acuerdo con dos ideas opuestas.
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Argentina sacó por penales a la mejor versión de Colombia en la Copa. La calidad del rival da valor. Por otro lado, expone algunas situaciones de juego. La Selección otra vez no pudo defender la ventaja. Llega al gol rápido. Los primeros minutos es voraz. Pero repite la caída de tensión y la pérdida de la pelota tras el 1 a 0. Hay equipos que al ponerse en ventaja se ordenan mejor, destraban la cabeza. El equipo de Scaloni suele perder la posesión. Hay quienes dicen que tener la pelota es un rasgo del equipo, aunque las estadísticas lo desmienten. Argentina un largo rato la pasó mal. Se salvó por Dibu Martínez en la tapada a Cuadrado, por el palo, por el travesaño. Luis Díaz -el mejor hasta la aparición estelar del arquero argentino- lo sacó en el entretiempo a Nahuel Molina. Expuso a Pezzella. Colombia obligó a buenos cambios a Scaloni. Parece ser un rasgo pagar quien tiene una mala noche. Pero esta vez fue atinado. Antes de morir con las botas puestas hay que tratar de no morir. También sonó correcto el ingreso de Paredes para tratar de recuperar la pelota al lado de Guido Rodríguez. O que aparezca Di María. En realidad, Fideo es crack y tiene nivel para iniciar. Hasta emocionalmente merece ser titular con Brasil después de tantas noches tristes por lesiones. Si no, debe entrar rápido. Di María reacomodó el partido con Colombia.
Messi hasta regaló una foto que será icónica. La media con el manchón de sangre después del planchazo de Fabra recorrió el mundo. Aunque va aún más allá. Hasta cuando le faltó el aire arrancó a mil. Por momentos pareció cansado porque el equipo lo lleva a eso. Correr detrás de la posesión del rival cansa más. El capitán asumió un liderazgo que antes podía descansar en Mascherano. Es el mejor jugador de la Copa. Y es una versión con algunas diferencias con él mismo. Antes podía desconectarse del partido. Caminar. Era su forma. Ahora jamás se lo ve mirando el piso o fuera de partido. No quita que por momentos suena a que se descubrió a Messi este mes. Como si por haber perdido la final no se recordara que la rompió en los primeros cinco partidos de Brasil 2014. O que jugó en modo Messi en las semifinales de 2007, 2015 y 2016. No hay que ser viudas de la generación anterior; menos aún atacarla para defender la renovación. Si no, resulta que ahora hay buen clima por la misma foto jocosa o el bailecito por el que unos años atrás se le faltó el respeto a Pocho Lavezzi. Lo relevante es que con Messi así se le puede perder el miedo a Brasil. Sin subestimar, porque tienen más jerarquía individual y son brasileños. Parecen jugar de acuerdo a la exigencia del rival. Quedan unos días para que la Selección emocione también por el juego...
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