
Fue un 3 de febrero de 1974 y por la primera fecha del torneo Metropolitano, correspondiente al Interzonal, cuando Boca Juniors goleó a River Plate por 5-2 con cuatro tantos del debutante xeneize, Carlos María García Cambón, nada menos que al “Pato” Ubaldo Matildo Fillol. Un récord que se mantiene hasta hoy y acaso en el más tempranero de la historia de los Superclásicos oficiales.
River entraba en el año 18 sin títulos (el último había sido en 1957), con la venta de Oscar Mas al Real Madrid y la expectativa de la llegada a la dirección técnica de un ex jugador de la casa como Néstor Pippo Rossi, de excelente campaña en Atlanta en el Nacional 1973, mientras que Boca había conseguido mantener su plantel, que desarrollaba buen juego pero que no ganaba títulos, con la contratación como centrodelantero de Carlos García Cambón, proveniente de Chacarita Junioes, donde había salido campeón del Metropolitano 1969.
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“¿Quién podía imaginarse un debut así? –reflexiona García Cambón en diálogo con Infobae-. “Yo venía de salir campeón con Chacarita en 1969 -53 goles en 217 partidos, e incluso uno en contra justo ante Boca en el 6-0 de 1972- porque en esos años tenía grandísimos equipos. Me fui a fines de 1973 y me trajeron para reemplazar a Hugo Curioni, al que habían transferido al Nantes. Él era un nueve clásico. Yo no lo era, aunque hacía goles, pero yo era un jugador más en función de equipo y hasta hubo varios partidos en los que Osvaldo Potente, que era el diez, jugaba más adelantado que yo. O sea que éramos tres delanteros y medio, casi cuatro, con Ramón Ponce y Enzo Ferrero. El que me veía jugar se daba cuenta de que yo no era un nueve clásico”, agrega. Y sentencia que “desde el punto de vista del juego asociado, el de 1974 fue uno de los mejores equipos de Boca de la historia. La hinchada cantaba “Tres cosas hay en la Boca, Ferrero, Potente y Cambón”-. La clave de no haberse transformado en uno de los mejores equipos de todos los tiempos fue la falta de títulos. El del 74 lo perdimos increíblemente ante Newell’s en la cancha de Huracán en el cuadrangular final (con Rosario central y Huracán)”.
García Cambón considera también que “fue muy raro que ese Superclásico haya sido el primero de un campeonato y creo que fue a partir de aquella vez que se decidió que nunca más jugaran una primera fecha juntos sino más por la mitad del torneo, para no caer las expectativas. Yo ya había jugado contra River en Mar del Plata, en esos amistosos de verano, y me había ido bien, con la lógica adaptación que se necesita de un jugador a un equipo grande, y recuerdo que empatamos”.
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El primer gol de Boca llegó apenas a los dos minutos por intermedio de García Cambón, pero a los 16 minutos empató Jorge Ghiso, y a los 37 volvió a convertir García Cambón. “Fue con el muslo y no con la cabeza como muchos dijeron. Fue un centro desde la derecha de Marcelo Trobbiani que sobró a Fillol y aunque puse la cabeza, la pelota me dio en el muslo y entró al arco. Fillol ya era un arquerazo en ese tiempo, si no el mejor, estaba entre los dos mejores –fue convocado para el Mundial de 1974 en Alemania Federal- y luego trabé cierta amistad con él, es una persona que aprecio mucho, y jamás hablamos de este partido. Me parecería una falta de respeto”.

“El tercer gol lo hizo Ferrero, de penal. No lo pateé yo porque era nuevo y él no me dijo nada y agarró la pelota para patearlo. Nada más que por eso- recuerda-. Luego metí mi tercero y el cuarto de Boca, de cabeza, descontó Enrique Wolff, de penal, y mi último gol fue el mejor de todos y uno de los mejores que hice en mi carrera: Una doble pared con (Claudio) Casares y Potente, gambeteé a Fillol y entré al arco con pelota y todo”, recuerda.
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García Cambón tiene claro el recuerdo de los detalles de ese partido. “Boca ese día jugó muy bien. Tenía un poder ofensivo terrible y con un jugador genial, Potente, el más talentoso que vi en mi vida. Lo reivindico como un jugador maravilloso y eso que daba ventajas físicas: petiso, retacón, pero jugaba de espaldas al arco contrario y sabía dónde estaba cada uno sin mirar”.
“Es difícil explicar lo que pasó aquella vez. La euforia del momento impide darse cuenta de la magnitud de lo que había conseguido. Me llama la atención que me sigan haciendo entrevistas y se sigan acordando después de cuarenta y pico de años. La magnitud la determina el paso del tiempo. Recuerdo que después, vinieron a saludarme mi papá y mi hermano (que venían a verme siempre) y lo vi llegar a mi hermano adelante y me dijo “papá está bravo” y era raro porque mi papá era un tipo reflexivo, frío, pero estaba desencajado y era porque al fin de cuentas, como los hijos somos prolongaciones de nuestros padres, cuando coreaban el apellido, lo estaban coreando a él, que había sido futbolista en Barracas Central pero lo tuvo que dejar para comer. Fue muy importante en mi vida. Mi abuelo jugó en River cuando pasó del amateurismo al profesionalismo, Ricardo García. Jugaba de número cuatro. Casi no lo conocí”.
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Para el goleador récord de los Superclásicos, en las horas siguientes a ese mágico partido ocurrieron cosas excepcionales. “Todo fue una locura. Me tuve que ir de mi casa porque había siempre doscientos personas en la puerta y me tomé dos días para reflexionar y decidí irme a la casa de un amigo y luego sí hablé con la prensa. Fue lo que sentí en ese momento, que había que alejarse de todo ese mundo y necesitaba relajarme, salir de toda esa persecución. Yo no soy muy impulsivo pero estaba afectando a mi familia, mis hermanos, mi cuñado”.
En esos dos días sucedió algo que hoy sería muy difícil de concebir: “Una cosa loca fue lo que pasó con Quique Wolff, porque él traía botines desde Alemania y teníamos cierta amistad desde que habíamos sido compañeros en el Sudamericano juvenil Sub 20 de Montevideo en 1967 (la primera vez que un equipo argentino ganó el Sudamericano de la categoría). En ese tiempo él jugaba en Racing y yo en Chacarita, así que al día siguiente del Superclásico fui a su casa, que estaba en Palermo, a buscar esos botines, pero nosotros no hablábamos de rivalidades ni mucho de lo que pasó el día anterior”.
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También con el paso de los años, García Cambón le pidió a Wolff que le encontrara esos cuatro goles en el archivo de la TV. “Es que yo me casé de grande y mis hijos no me vieron mucho haciendo goles y una vez le pedí a Quique, que trabajaba en los medios para que me los consiguiera y me dijo que en Canal 7 la dictadura militar quemó todo y que no había nada, pero alguien me dijo que pueden llegar a estar en la TV española”.
Si bien su récord no parece fácil de ser batido, cree que eso “algún día ocurrirá porque los récords están para ser alcanzados o superados y me parece bien” y recalca que en ese mismo 1974, “también le hice el gol a River en el otro Superclásico en la Bombonera pero por el Nacional. Ganamos 1-0 pero nadie se acuerda, jaja. Y fue un golazo. Llega la pelota a la mitad de la cancha, yo arranco y Potente me pone la pelota por encima de Gutiérrez, le amago a Perico Pérez y la dejé mansita en la red”.
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Consultado por el Superclásico de este sábado afirma que genera “la misma expectativa” y que “se viven de una manera especial y el entorno hace que tenga esa presión por la gente. Si uno lo piensa, es un partido más pero es la gente la que lo hace trascendente. Todos dicen “hoy hay que ganar”. Yo lo vivo más fríamente posible, me gusta disfrutar del espectáculo. El fútbol es un juego, un espectáculo, la inventiva de los jugadores, el funcionamiento de los equipos, la técnica, la estrategia. Me gustaría que el fútbol tuviera una filosofía distinta, no me gusta el exitismo ni que se hable de proyectos de 688 páginas cuando a la tercera derrota, echan al DT con insultos y agravios. Me gustaría un DT como (Alex) Fergusson porque desarrollar una idea no es para un par de días. Es lo que nos toca vivir y cuando me dicen que (Marcelo) Gallardo está en River hace seis años es porque ganó. Si no hubiese ganado, ya veríamos. Lo que no entiendo es que los equipos están destruidos pero en las elecciones se presentan cinco listas distintas. Hace un año y medio la AFA hablaba de la Meca de la Superliga y ya desapareció”.
“Me parece que hoy en el fútbol la cabeza es cada vez más importante, y depende cómo juegue. Una cosa es que el defensor piense “lo voy a anular” y otra cosa, que piense “¿y si me llega a eludir?” Hoy es fundamental la psicología, la personalidad y el carácter de cada uno. No es el estado nervioso porque los nervios no hay que sacárselos, hay que superarlos, que es otra cosa”, finaliza.
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Síntesis del partido:
Boca 5 River 2 (jugado el 3-2-1974 por la primera fecha del Torneo Metropolitano).
Formaciones:
Boca: Rubén Sanchez; Pernía, Mouzo, Rogel y Tarantini; Benítez, Trobbiani (Casares) y Potente; Ponce, García Cambón y Ferrero.
River: Fillol; Zuccarini, Horacio Coll, Hugo Pena y Héctor López; Wolff, Merlo (Di Meola), Alonso; Mastrángelo, Morete y Ghiso.
Goles: 2m García Cambón, 16m Ghiso, 37m García Cambón (cabeza), 46m Ferrero (penal), 61m García Cambón (cabeza), 66m Wolff (penal), 71m García Cambón.
Árbitro: Roberto Barreiro.
Otras históricas goleadas de Boca a River
Le marcó 4 goles a River en el Metropolitano 1972 (0-4 en el Monumental), 5 en el Metropolitano 1973 (5-2 en la Bombonera) y 5 en el Metropolitano1974 (5-2 en la Bombonera).
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