El sábado pasado Andrés Bracamonte creía estar en la gloria. Había dispuesto las banderas de la barra por todo el Gigante de Arroyito y organizaba como si fuera un jurado de Bake off el locro solidario del club. Una buena acción en el día de la bandera, pero armada al mejor estilo blanqueo de imagen: te doy algo de todo lo que te saco, aunque esto último no quede visible.
Apenas 48 horas después, Pillín, el histórico líder de Los Guerreros, la barra de Rosario Central, quedaba detenido por presunto lavado de activos proveniente en buena parte de su función como capobarra del club, cuya posible connivencia también está siendo investigada por estas horas. Por eso, el fiscal Miguel Moreno ordenó el allanamiento de la institución para buscar pruebas que demuestren su hipótesis delictual y al mismo tiempo también ordenó los allanamientos de las casas del intendente del estadio, Sergio Quiroga y del representante de jugadores Juan Carlos Silvetti, socios de Bracamonte en presuntos negocios ilegales con el Canalla. Es la primera vez en la historia que un barra y gente vinculada a un club es acusada en forma conjunta de lavado de activos.
“Se encontró documentación que marca que había empresas que tienen vinculación con Bracamonte y le facturaban a Rosario Central”, dijo el fiscal, en medio del operativo en la sede del Canalla.

Para entender esta movida hay que conocer primero al personaje. Pillín es un imán de poder, dinero y negocios poco claros desde que arribó a la cima de poder de la barra de Central hace 18 años, desbancando a la familia Bustos cuyos apodos eran Los Chaperos y manejaron la tribuna hasta 2002.
Tal es su peso en Rosario que hoy gerencia desde afuera también la de su máximo rival, Newell’s, y le adjudican vínculos aceitados con el temible grupo narco Los Monos, que asola la ciudad. En todos estos años logró dejar atrás múltiples causas judiciales y hasta atentados contra su vida, siempre defendido por el abogado Carlos Varela. Hasta viajó como líder de la barra argentina al Mundial de Sudáfrica a pesar de que tenía por entonces dos causas abiertas en la Justicia. Y jamás le pusieron derecho de admisión en Rosario, lo que sí le ocurrió en 2018 en provincia de Buenos Aires.
La versión que siempre se sostenía en Rosario era que Pillín manejaba a su antojo las inferiores del club y que poseía pases de jugadores a través de un representante. Y también que había armado distintas empresas para hacer negocios con la institución ya sea de indumentaria o de refacciones y construcciones. Pero nadie lo investigaba a fondo. Hasta que por su presunta relación con Los Monos y en una causa por homicidio, usurpaciones y extorsiones, le allanaron su casa en abril pasado, en el exclusivo country Los Alamos.

No sólo le sacaron una fortuna en efectivo (2,5 millones de pesos) sino cuatro celulares y una computadora. Y el fiscal empezó a cruzar datos de las empresas que poseía, descriptas con precisión en este mismo medio por el colega Federico Fahsbender. Y llegó así a Silvetti, Quiroga y al club. Con el primero, la relación sería de pantalla para tener pases de jugadores y porcentajes en la venta de los mismos. Según cree el fiscal, Pillín manejaba decenas de futbolistas a través del histórico representante Canalla, de quién es socio en la empresa Kabrasi SRL, cuyo objeto social es venta de servicios navieros.
La hipótesis de trabajo es que si los players en Inferiores no firmaban con Silvetti, no jugaban. Esto lo denunció en su momento el propio Horacio Usandizaga, ex intendente de la ciudad y ex presidente de la institución aunque el tema quedó en la nada. Ni siquiera se investigó cuando el coordinador de Inferiores, José Pascuttini, decidió que jugaban los mejores y dejó libres a varios jugadores representados por Silvetti, y la barra lo amenazó de la peor manera.
En el caso de Quiroga, se insiste, intendente del estadio, compartían la empresa Ruffino cuyo objeto social es la fabricación y comercialización de ropa deportiva, la construcción y reformas de todo tipo de propiedades incluyendo clubes y estadios, y la organización de espectáculos artísticos y deportivos. Y con otros socios tiene dos empresas más: una que provee baños químicos que suelen usarse por ejemplo los días de partido y de shows y otra de servicios de limpieza porque hay que dejar todo en condiciones. Sobre todos estos negocios de Bracamonte en relación a Rosario Central es que va el fiscal Moreno. Hasta acá, Pillín ha resultado inmune. Pero el miércoles deberá declarar como imputado en la causa por lavado de activos. Que se puede llevar puesto además a mucha gente vinculada a Central. Y ahí se verá si suerte cambia o si una vez más, le dobla el brazo a sus investigadores.

IMÁGENES DEL ALLANAMIENTO


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