De la Selección y la Champions League a la depresión que superó en su pueblo: el Conde Galetto, el 5 de galera y bastón al que copiaba Riquelme

El ex volante central de paladar negro que brilló en San Lorenzo repasó su trayectoria con Infobae: de su Montecristo natal llegó a jugar en Old Trafford y se sobrepuso a una desgracia familiar

fcristofanelli@infobae.com
Fernando Galetto jugó en San Lorenzo desde el 94 al 99 y fue campeón del Clausura 95 (Fotobaires)
Fernando Galetto jugó en San Lorenzo desde el 94 al 99 y fue campeón del Clausura 95 (Fotobaires)

A Fernando Galetto le dicen Conde por sus raíces en Montecristo, Córdoba. En ese pueblo devenido en ciudad pateó sus primeras pelotas y allí volvió a vivir desde que se retiró. El espigado volante central al que alguna vez lo mandaron a la cueva solamente por su estatura (porque el cabezazo y la marca no eran su fuerte) llegó a ser futbolista profesional casi sin proponérselo, por pura inercia. Se perfeccionó tanto que inspiró nada menos que a Juan Román Riquelme, que cuando todavía estaba en inferiores miraba sus movimientos (ver nota abajo).

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Galetto tenía debilidad por jugar a la pelota, pero no por el fútbol en sí. Estaba lejos de ser un fanático al punto tal que no era ferviente simpatizante de ningún equipo en su infancia. Amaba recibir el balón, cederlo a algún compañero, marcar algún gol y ganar. No mucho más. Pero el destino fue transformando su hobbie en profesión. En diálogo con Infobae repasó los capítulos menos conocidos de su historia.

— Llegaste a Primera casi sin hacer inferiores... ¿Cómo fueron tus inicios en el fútbol?

— Se fue dando por casualidad. A mí me gustaba jugarlo, no teníamos la Play y estábamos todo el día con la pelota. No era apasionado, nada que ver. A los 12 hice una prueba en Racing de Córdoba y me volví. A los 14 ó 15 hice otra en Instituto por poco tiempo y me fui. Jugué un año en Peñarol de Córdoba pero el pase siempre fue de El Carmen, el club de mi pueblo. El panadero del pueblo me insistía en que fuera a Racing y a los 18 quedé en la Cuarta. Empecé a alternar con la Reserva, la Primera local y a los 20 debuté. No sé si fue difícil jugar sin inferiores, lo difícil fue integrarte rápido a un grupo que ya estaba armado.

— ¿En qué momento te diste cuenta de que ibas a vivir del fútbol pese a no habértelo propuesto?

— En Racing y Talleres. Ahí vi que iba a ser mi profesión. Uno es joven e inconsciente en un punto, a mí naturalmente se me fueron dando las cosas. Era entrenar, jugar, entrenar, jugar. Y querés irte para arriba, a otro club. Se me fue dando. Empecé a proyectar e ilusionarme. En Racing y Talleres jugué todo el año y ya me sentía firme, pensaba que podía, ya tenía un poco más de nombre. Igualmente cuando me dijeron que me quería Lanús se me movió el piso.

Galetto jugando para San Lorenzo en la Copa Mercosur 98 (Grosby)
Galetto jugando para San Lorenzo en la Copa Mercosur 98 (Grosby)

— ¿Te fue muy difícil dejar Montecristo para vivir en una ciudad enorme como Buenos Aires?

— Para mí Buenos Aires era un monstruo, algo totalmente distinto a lo que estaba acostumbrado. Me generaba mucha incertidumbre, pero había que hacerlo para progresar. Yo había descendido con Talleres y Lanús había ascendido, ahí estaban Miguel Russo y el profe Córdoba. Encontré un club muy familiar en el que me dieron mucha contención. Tuvimos un año fantástico, en realidad, todo el primer semestre fue espectacular. Yo no entendía nada, estaba en el aire, en Buenos Aires estaba perdido y extrañaba, pero no me quería volver.

— Lanús fue el trampolín ideal para llegar a San Lorenzo...

— Sí. Rendí en Lanús y a mediados del 94 pasé a préstamo un año a San Lorenzo, donde estaba el Bambino (Veira). Era un fenómeno, cuando llegué me pegó algunos gritos para acomodarme en la cancha, me pedía que jugara, siempre me bancó. Era un tipo muy carismático, un gran motivador. En las prácticas andaba, hacía ejercicio por afuera y se sentaba a tomar sol. Tenía una gran habilidad para hablar en las charlas técnicas, te convencía. Y con un grito de él reaccionabas porque le creías. A mí me indicaba que no saliera del círculo central para suplir mi falta de marca, que no era mi fuerte pero sí la pelota, trataba de que no me desarmara y así podía compensarlo con mi manejo de pelota.

— ¿Qué tal era aquel plantel de San Lorenzo con el que fuiste campeón en el 95?

— Bárbaro. Me gané un lugar rápido y el hecho de jugar me posicionó en el plantel adentro y afuera de la cancha. Nunca fui un tipo de hacer lío, más bien fui perfil bajo, me aceptaron muy bien y me hicieron entrar rápido en el grupo. Ruggeri y Passet eran los cabeza de grupo, los capitanes, los que llevaban la batuta. Oscar tenía una personalidad tremenda, no era bocón, te decía las cosas tranquilo y hablaba lo necesario.

Oscar Rugger fue compañero y luego entrenador de Fernando Galetto en San Lorenzo (Telam)
Oscar Rugger fue compañero y luego entrenador de Fernando Galetto en San Lorenzo (Telam)

— Pero el día que fue a buscar a Chilavert en cancha de Vélez no estuvo muy tranquilo...

— Ese día jugué. Ya estaba el agite con Chilavert, que se manejaba bien con la prensa y sabía calentar el ambiente por el perfil que tenía. Y el Cabezón, calentón como es... Cuando lo vi arrancar en la cancha me asusté, dije ‘cagamos, acá lo parte’. Por suerte el otro saltó justo y no lo agarró. No recuerdo bien, pero si no nos avisó en el vestuario que iba a ir a buscarlo, pega en el palo. Era calentón y Chilavert agitaba e hinchaba las bolas. Y el Cabezón era de esa clase de tipos, te iba a buscar.

— Después lo tuviste como técnico a Ruggeri, ¿por qué te fuiste en ese momento?

— Oscar me habló cuando arrancó y me puso. Tuve una temporada muy buena, pero había pasado 5 años en San Lorenzo, apareció la oportunidad del Panathinaikos de Grecia y me pareció que era el momento para cambiar de aire. No fue por lo monetario porque me fui por la misma plata, pero me aseguraba un contrato de tres años y me daba más tranquilidad. Fue una oferta firme, antes siempre habían sido rumores de Boca o River, cosas que quedaron en veremos. No me iba a salvar ni nada, pero Juanjo Borrelli, que había estado allá, me decía que no iba a tener problemas, que el club cumplía y encima iba a vivir la experiencia de jugar en Europa.

— ¿Cuánto te afectó la pérdida familiar que tuviste antes de marcharte a Europa? (A fines del 98 falleció su hija de 4 años por causa de una leucemia)

— Fue un bajón increíble, pero volví a entrenarme rápido porque si no te explota la cabeza. En realidad estás en otro lado, pero al menos hacés algo, ocupás la cabeza y el cuerpo. Así fue mucho más saludable seguir que tomar otra determinación.

La número 18 que usó en Argentina y la 9 de Batistuta, compañero de concentración con la Selección, en Fiorentina
La número 18 que usó en Argentina y la 9 de Batistuta, compañero de concentración con la Selección, en Fiorentina

— ¿La llegada a la selección argentina era un sueño o lo tomaste como algo meramente profesional que ayudaría a tu carrera?

— Fue un orgullo, es lo máximo a lo que aspira uno cuando está jugando. Era algo importante la Selección, pero puntualmente lo vi por el lado profesional, jugar en Argentina era groso y al estar convocado tenías muchas más chances para una transferencia, porque antes los jugadores no iban y venían como ahora.

— ¿Qué te quedó grabado de las convocatorias?

— Me convocó Passarella para un amistoso contra Venezuela en Mendoza y después fui a otros partidos al banco. Oficial no jugué ninguno. En una concentración tuve de compañero de habitación a Batistuta. Era un tipo tranquilo, muy sereno, piola. No andaba haciendo locuras y era muy bueno tenerlo de compañero. En las concentraciones solíamos entrenarnos en doble turno, comíamos al mediodía y a la tarde había alguna mateada. Jugábamos a las cartas, al truco o al tute, y Passarella y el Tolo Gallego siempre se prendían. Charlábamos, mirábamos un poco de televisión y así pasábamos el rato. No estábamos todo el día boludeando con el teléfono. Así se iba formando el grupo.

El Conde jugó tres años consecutivos en el Panathinaikos griego (Grosby)
El Conde jugó tres años consecutivos en el Panathinaikos griego (Grosby)

— ¿Cómo fue la llegada a Grecia? ¿Era lo que esperabas?

— Allá te sentís cómodo porque los griegos son parecidos a nosotros, son familieros, de juntarse, fanáticos del fútbol. No es que son fríos y no te dan pelota, al contrario, parecen de sangre latina. Lo más grave era el tema del idioma, se me hizo difícil, me costó un montón. Al mes de mi llegada vino el peruano Percy Olivares, que ya había jugado dos años en el PAOK Salonica y hablaba un poco el idioma. Me hacía de traductor y me aclaraba algunas cosas porque yo no entendía un carajo, ja.

— Compartiste plantel con Karagounis, al que después Diego Maradona insultó como técnico de la Selección en el Mundial de Sudáfrica por pegarle a Messi...

— Sí, sí. Tendría 21 años el enano. En el vestuario era tranquilo pero, en la cancha, insoportable. Iba, venía, se tiraba, enganchaba, corría, andaba por todos lados. Era bravo.

— ¿Cómo fue jugar la Champions League con el Panathinaikos ante tantos equipos gigantes?

— Yo estaba alucinado en todos los lugares a los que iba. Cuando llegamos a la cancha del Arsenal no lo podía creer, el campo era un billar, fue lo que más me impactó. Jugar la Champions fue fantástico por el folclore, el espectáculo, la organización, los estadios, los campos de juego, no podía creer dónde estaba. Se veía el contraste con Sudamérica. Es un torneo único y lo disfruté un montón pese a no haber jugado tanto. Sí estuve contra el United de Beckham y algunos más.

Dos camisetas que cambió en Europa: con Aimar (Valencia) y Saviola (Barcelona)
Dos camisetas que cambió en Europa: con Aimar (Valencia) y Saviola (Barcelona)

— Pocos recordarán que estuvieron cerca de eliminar al Barcelona en los cuartos de final de la Champions en 2002...

— Teníamos al uruguayo Sergio Markarian de técnico y ganamos 1-0 de local la ida. En la revancha nos pusimos 1-0 y no lo podíamos creer, pero después nos clavaron 3, no hubo chances. Cuando terminó el partido lo saludé al Conejo Saviola, que hizo el tercer gol, y le cambié la camiseta. Junté algunas que tengo en un mueble (la de Batistuta en la Fiorentina, Pablo Aimar en Valencia, el nigeriano Kanu en el Arsenal y el inglés Sheringham del United).

— ¿Cómo fue la readaptación a Argentina luego de los tres años en Grecia?

— Volví a Lanús sin la intención de dejar de jugar al fútbol, pero físicamente me costó bastante, más de lo que creía. En Grecia había jugado poco y en Lanús iba al banco, eso me restó más. Buenos Aires era un quilombo, estaba feo por todos lados. Yo venía de otro ritmo de vida y me encontré con un lío tremendo. Me cansó, en diciembre del 2002 me vine a mi casa y le avisé a mi representante que no buscara nuevo club porque no iba a jugar más. Volví a Buenos Aires solamente para firmar la rescisión.

Galetto en Champions League contra el Manchester United de Beckham y Ferguson (Grosby)
Galetto en Champions League contra el Manchester United de Beckham y Ferguson (Grosby)

— ¿Fue duro el retiro? ¿Sufriste depresión o estabas seguro de dejar de jugar?

— Pasé un año en casa hasta que el Diablo Monserrat me llamó para ir a jugar a Racing de Córdoba. Fui a probar y me dijeron que me quedara, pero después me arrepentí porque no estaba bien físicamente, estaba incómodo y me sentía mal. Es horrible sentirte así y encima si hacés un campañón la vas dibujando pero si vas más o menos, sos el viejo y todas las puteadas son para vos, no tenés defensa. Ahí dije basta. Dejé todo y nunca más. Pasé mucho tiempo por una etapa de depresión, es muy complicado. Tenés un vacío que no podés llenar y hay que sentirlo para darse cuenta. Al futbolista que no termina tan bien y tiene la obligación de laburar eso lo ayuda porque se mete en otra actividad y termina siendo mejor. Pero si estás al pedo, arrancás algo y lo dejás, no te entusiasma nada, se pone mucho más difícil todo. Al principio yo no extrañaba, me sentí cansado, dejé y estaba tranquilo y contento de haberme retirado, pero después pasó el tiempo y sí. Hiciste tantos años eso que te falta. No hacía nada, estaba en casa, visitaba a un amigo, tomaba mates o un café, comía un asado, pero siempre sentía ese vacío que llenaba de a ratos nada más.

— ¿Nunca se te pasó por la cabeza ser entrenador o seguir ligado al fútbol?

— No, nunca. Y eso por más que no estés adentro de la cancha te puede ayudar porque te entrenás, concentrás, estás en tu ámbito. Es más llevadero porque seguís haciendo relativamente lo mismo. Pero nunca me enganché con eso. Es un ambiente jodido y hay que tener cierta personalidad y manera de ser. Yo no estaba dispuesto a eso.

El Conde despunta el vicio por el fútbol en Córdoba y también en el equipo de veteranos del Ciclón (Foto: San Lorenzo Senior)
El Conde despunta el vicio por el fútbol en Córdoba y también en el equipo de veteranos del Ciclón (Foto: San Lorenzo Senior)

Hoy, con 49 años, Galetto sufre por el encierro provocado por la pandemia del coronavirus que le impide juntarse los jueves a jugar al fútbol y reunirse con amigos. Cuando se normalice la situación volverá a hacer correr la redonda al ras del césped con la camiseta de San Lorenzo en el equipo de fútbol Senior que integra.

De nuevo en su Montecristo natal, mata el tiempo con labores domésticas: pinta el quincho, poda algunas plantas... Se pone al día con lo pendiente. Si aparece algún partido en pantalla, deja el control remoto siempre y cuando sea la Champions League o esté jugando el Barcelona, Real Madrid, Manchester City o Liverpool. En general no mira el fútbol local. A 20 minutos de Córdoba capital recuperó la serenidad en la que había crecido: “Estoy tranquilo en mi pueblo y, cuando quiero ruido, voy a la ciudad. Es un buen combo”.

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