River comenzó la Superliga 2018/19 con un empate ante Huracán en Parque Patricios y luego sumó otra igualdad ante Belgrano de Córdoba, en el estadio Monumental de Núñez (NA)
River comenzó la Superliga 2018/19 con un empate ante Huracán en Parque Patricios y luego sumó otra igualdad ante Belgrano de Córdoba, en el estadio Monumental de Núñez (NA)

La igualdad ante Belgrano lo expone a River a un posible escenario de incomodidades en el comienzo de la Superliga. Si Boca le gana el lunes a Estudiantes, le sacará cuatro puntos de ventaja en apenas dos fechas. Fuera de ello, River arrancó el campeonato con dos empates sin goles que desnudaron un déficit que arrastra desde los 14 minutos del segundo tiempo ante Villa Dálmine, por la Copa Argentina. Aquella noche del 28 de julio, en Formosa, Lucas Pratto anotó el último gol del equipo. Desde entonces, River no volvió a concretar: ya pasaron 301 minutos sin festejos.

Lucas Pratto (Reuters)
Lucas Pratto (Reuters)

Aquí, los cinco motivos por los cuales River no logró anotar en los últimos tres partidos, ante Racing, por la Copa Libertadores; y frente a Huracán y Belgrano, por la Superliga:

1) La falta de eficacia. River tiene un importante potencial ofensivo, pero hoy carece de contundencia. Frente a Racing y Huracán generó escasas situaciones de gol en comparación con las que creó el sábado por la noche ante Belgrano. A diferencia de los partidos en Avellaneda y en el Ducó, River dispuso de muchas chances para convertir frente al conjunto cordobés, pero entre las atajadas de un César Rigamonti que jugó para diez puntos de calificación, los palos que le negaron el gol dos veces y la falta de puntería, se tuvo que conformar con sumar apenas un punto.

2) Lucas Pratto queda pocas veces de cara al gol. Desde que llegó a River a principios de año, Pratto anotó siete goles en los 25 partidos oficiales que jugó, es decir uno cada tres encuentros y medio. El promedio es escaso si se repara en que River invirtió 11.500.000 euros para comprarlo, una cifra que podría llegar a los 13.000.000 de euros si el equipo se consagra campeón de la Copa Libertadores y la Superliga. Más allá de eso, la sensación es que Pratto no anota con mayor frecuencia porque suele alejarse seguido del área para entrar en contacto con la pelota y además porque el equipo no lo abastece en el área rival en la medida necesaria. Pratto precisa de sus compañeros tanto como River de su poder de fuego, independientemente de que en ninguno de los clubes en los que jugó (Tigre, Lyn Oslo, Boca, Unión, Universidad Católica, Genoa, Vélez, Atlético Mineiro y San Pablo) fue un goleador serial. Su mejor promedio de gol lo tuvo en Atlético Mineiro, donde convirtió 41 en 105 partidos entre 2015 y 2017, lo que da un promedio de 0,39 por juego.

3) Carece de verticalidad. Por lo general, a River los rivales lo esperan para jugarle de contragolpe. Ante esos planteos cerrados, no es fácil saltar líneas y entrar. Y por ahora River necesita de muchos toques y mayor paciencia para llegar a posiciones de gol. No tiene la astucia ni la claridad para poner a un jugador de cara al gol con un pase punzante o con un contragolpe letal. Los toques filtrados de Juan Fernando Quintero pueden transformarse en un arma para ello, pero al menos contra Belgrano no resultaron suficientes.

(Télam)
(Télam)

4) Le cuesta poner mucha gente en el área rival. A Marcelo Gallardo le gusta que su equipo se estire para lastimar por los costados, ya sea a través de las proyecciones de los laterales como de las corridas de Gonzalo Martínez. Cuando eso pasa y cae un centro en el área rival, por lo general hay solamente uno o dos hombres esperando. Los mediocampistas pisan el área rival menos de lo aconsejable y eso le resta presencia donde más duele. Por ahora, ese es un aspecto del juego en el que Boca le saca ventaja porque suele llegar al área adversaria con cuatro o cinco futbolistas. Evidentemente, con la voluntad y el afán ofensivo del equipo no alcanza: se requiere de movimientos aceitados y convencimiento.

5) No alcanza con dominar territorialmente. Ante Belgrano, River tuvo el 80% de la posesión de la pelota. Pero muchas veces se vuelve un equipo predecible al buscar el arco rival. Entre que los adversarios por lo general lo aguardan recostados en su campo y su tendencia a necesitar muchos pases –a veces demasiados- para lastimar, a su juego le falta sorpresa. Y sin sorpresa es imposible dañar al rival. Contra Belgrano jugó mejor en el primer tiempo que en el segundo. Hasta terminó con una línea de tres en el fondo luego de los cambios ambiciosos de Gallardo (Rafael Borré por Exequiel Palacios, Enzo Pérez por Jorge Moreira y Nicolás De La Cruz por Ignacio Fernández), pero audacia no es sinónimo de capacidad ofensiva. Sin imaginación, es difícil quebrar a equipos que solo parecen preparados para defenderse. Y River lo pagó al resignar otros dos puntos, ahora en condición de local.

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