
No es el mismo Pepe de siempre. Cuando se le pide describir el éxito de la organización que creó, a Sánchez le cuesta, se siente incómodo. Extrañamente, el campeón olímpico no tiene la locuacidad de otras conversaciones y cuida las palabras. Pese a que es el padre de la criatura, el creador de un proyecto sin precedentes, prefiere correrse del rol protagónico, al menos en este momento de empezar a recoger los frutos. "Los héroes son los jugadores, los técnicos y quienes llevan día a día el peso de la organización", dice a horas de que su Weber Bahía Basket juegue el Final 4 de la Liga de las Américas.
Sabe que la apuesta por los pibes (hoy son 5 de menos de 21 años y 4 menores a 20) no pudo salir mejor y se siente orgulloso, pero no quiere sacar pecho. Las medallas se las cuelga a este grupo que se decía que no podía ganar a nivel local por su extremada juventud (promedio de 24 años), pero ya fue subcampeón sudamericano en noviembre y ahora está entre los cuatro mejores de un torneo que sería la Copa Libertadores del básquet.
Desde este viernes, en Barquisimeto (Venezuela), WBB buscará seguir con los batacazos, primero ante Fuerza Regia de México y, quizá después, ante el ganador de la otra semifinal que disputarán el campeón y local Guaros de Lara y Leones de Ponce (Puerto Rico). "Esto es más que un sueño, la verdad que no esperábamos tanto en tan poco tiempo. Pero debemos seguir con los pies sobre la tierra. Esto recién comienza", admite el subcampeón mundial en 2002.
Cuando se le pide un revisionismo del proyecto que nació hace 7 años, a Pepe no le sale fácil. Pero lo intenta. "Siempre tuve claro que si iba a hacer algo en el país sería a mi manera, al lado de gente joven, comprometida, con cabeza limpia, sin vicios. Entonces tenía que crearlo de cero, utilizando todo lo que había visto durante mi carrera. Tuve muchas influencias y copié las mejores cosas. En nuestra sociedad está mal visto copiar, como que perdemos originalidad y buscamos una receta nueva. Pero eso es muy difícil. Yo decidí aplicar reglas de organización a lo deportivo para generar un sistema. Dentro de esa estructura cada uno tiene un rol y una descripción de su tarea. Eso genera que haya un orden y responsabilidades. Es algo muy planificado", explica el presidente de Bahía Basket.

La organización nació para dejar una huella, primero afuera de la cancha y hoy en día, adentro. Lo inicial fue ser pionera en distintos rubros extra deportivos. De entrada, en 2010, pensó en mejorar la infraestructura cuando la gran mayoría creía que era sólo un gasto. Remodeló y mejoró el estadio Casanova para darle más comodidades a cada uno de los protagonistas, incluido el público. Más tarde se ocupó del show, de mejorar el espectáculo, para que "la gente no lo sólo fuera a ver un partido de básquet".
Sin embargo, quizá lo inédito haya sido el formar una estructura profesional. Profesional parece ser otra mala palabra en el deporte, un prejuicio que Sánchez combate. "La idea es que todos tengan un sueldo, eso genera responsabilidad sobre la tarea. El tiempo de cada persona es valioso y en mayor o menor medida, dependiendo del presupuesto, tiene que ser reconocido. A partir de ahí, con reglas claras de convivencia y exigencia, se construye la base para que quienes trabajan puedan florecer en base a sus virtudes", explica.
La organización se armó a través de manuales de procedimientos que delimitaron roles y responsabilidades. En ese momento fue clave cruzarse con la empresa Weber Saint Gobain y su gerente, Mariano Bo. "De entrada hablamos el mismo idioma, el de comenzar a desarrollar procesos de gestión manteniendo el espíritu del deporte y con una pata social que le dé sentido a tener un equipo profesional. Además de ser sponsor, Weber nos dio las herramientas para ordenarnos, para poner las ideas en papel", revela.
Pepe se refiere a los famosos manuales que contienen una planificación a cuatro años, algo inusual en el país. Todo lo que pasó, pasa y pasará en Bahía Basket está en papel. "Escribimos bastante", dice con una sonrisa. Esto permite que todo esté documentado. "Sirve como una referencia constante", cree. Y sirve, si se lee el paso a paso del proyecto, para quien quiera replicarlo en otro lugar del país.
De a poco, tras un tiempo de recelo lógico por haber reemplazado al histórico Estudiantes, la sociedad bahiense se identificó con la organización, que pasó a ser considerada el equipo de la ciudad, como se planteó Pepe cuando fijó la meta. Sin embargo, a la mirada de algunos, le faltaban resultados importantes. Y lejos de buscar más presupuesto para ir por figuras de la Liga, Sánchez duplicó la apuesta cuando él y Juan Espil, los emblemas del equipo, decidieron retirarse. "Vamos a jugar con chicos, les tendremos paciencia y buscaremos desarrollarlos", explicó ante la perplejidad y críticas de muchos. Primero buscó a jóvenes entre 22 y 23 años, pero luego se dio cuenta de que para hacer lo que quería debía ir más abajo y con un DT dispuesto a formar. "Bajamos más la edad del reclutamiento y le dimos el equipo a Sepo (Ginóbili), que recién se había retirado como jugador. Fue quizás el momento de mayor riesgo porque habían vuelto los descensos, pero nosotros estábamos convencidos", rememora Sánchez.

Así fue que aparecieron los Vaulet, Whelan (llegaron desde Córdoba), Redivo (único de Bahía), Martín Fernández, Ariel Ramos (desde Mendoza), Fjellerup (Tres Arroyos), Corvalán (Junín) y Filippa (Punta Alta). Una apuesta que se mantuvo contra viento y marea.
Pepe cuenta una anécdota que resume cómo hizo la organización para aplicar la idea: "Llevábamos 10 derrotas seguidas cuando surgió la chance de traer a un argentino que estaba en Europa. Se lo plantee a Sepo, pero me dijo que lo iba a analizar. Yo me quedé helado porque estábamos muy mal… al otro día me dijo que no viniera, porque iba a tapar a tal y tal. Incluso me recordó que eso estaba escrito como parte de los objetivos del año. Parece mentira, pero así es como la gente que me acompaña me ayuda a seguir una línea, a cumplir con lo que yo mismo había escrito. Eso es bancar un proceso", reconoce el ex base.
Cuando se le pregunta si el proyecto juega, Pepe hace hincapié en la principal clave de su gestión. "Nuestro mérito fue crear un entorno saludable, un microclima para que los chicos se desarrollen. Les exigimos, les damos ideas y objetivos y el resto es de ellos", dice. El ex NBA pone el énfasis en la exigencia cotidiana que existe en la organización. "El día a día es muy potente. No es para cualquiera. Hay hábitos y reglas claras que no se mueven, en eso somos insoportables", deja claro y detalla algunas: "El utilero es la persona más importante del vestuario. Así, invertís la pirámide y cada rol es respetado en la organización".
Otro hábito es la prohibición de protestarles a los árbitros. Su cumplimiento hace que Bahía Basket sea el equipo con menos faltas técnicas en la Liga. "Esa la trajo Sepo y hasta yo aprendí a cumplirla tras 20 años sin poder aprenderlo como jugador", revela con una sonrisa. Así se repiten otras máximas, como la que se remite al "permitido perder, pero prohibido no competir, ya sea en partidos o entrenamientos". A la hora de hablar de las prácticas, el nivel de exigencia es el secreto de las diferencias que marca el equipo. "El trabajo empieza a las 7 con el gimnasio y se termina a las 14", impresiona Sánchez.
En Bahía Basket todo parece tener un plan. "Nosotros no reclutamos por reclutar. Tenemos un plan general y para cada chico. Y tenemos imaginados los próximos cuatro años, quiénes salen y quiénes entran al equipo", explica.
Estos son los pasos planeados que convierten a Bahía Basket en un proyecto ejemplo del deporte argentino. "No es lo que buscamos, lo mío no es quedar en la historia ni querer ser reconocido. Es hacer lo que me apasiona: formar y gestionar. Si otros creen que pueden tomar cosas y replicarlas, bienvenido. Se puede, aunque requiere un gran conocimiento de básquet y muchas personas con años en niveles de exigencia muy altos. También requiere un pensamiento a largo plazo. Yo, por caso, siento que tengo una personalidad largoplacista. Así armé mi carrera: invertí cuatro años en una universidad pudiendo ganar dinero en Argentina o Europa. Pero estaba convencido de que el premio al final iba a ser muy superior. Acá es lo mismo. Sé que en este país, por su historia, es difícil creer en el largo plazo y lo noté en las críticas del comienzo, pero este es mi camino. Es en el que yo y la gente que me acompaña confía. No digo que sea la única forma, sólo es la mía", razona. Una forma que, más allá de los dichos, ha dejado pruebas contrastables de ser un proyecto inédito en el país que hoy atraviesa su mejor momento.
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