La francesa Laurence de la Ferrière viajó este año a la Antártida en el marco de una expedición científico-educativa. Foto: Archivo DEF.
La francesa Laurence de la Ferrière viajó este año a la Antártida en el marco de una expedición científico-educativa. Foto: Archivo DEF.

Laurence de la Ferrière es auténticamente una “mujer récord”. No solo fue la primera mujer en llegar a la cumbre del monte Everest sin asistencia de oxígeno en 1992, sino que también fue la primera francesa en alcanzar el Polo Sur geográfico a pie y en solitario en 1997. Fueron 1400 km en 57 días en el inhóspito relieve antártico. Además, dirigió la base antártica francesa Dumont d’Urville entre 2009 y 2010. El trabajo científico durante su gestión se centró en medir el espesor de la capa de ozono y analizar la presencia de residuos en el hielo polar.

Hoy, a sus 62 años, sigue activa y aventurera. Acaba de regresar de una expedición que duró poco más de un mes y que recorrió distintos puntos de la Antártida a bordo de un catamarán. El equipo de Antarctic Explorers –tal el nombre de la expedición– estuvo integrado por científicos franceses y argentinos que realizaron distintas estudios relacionados al medioambiente y a la preservación del ecosistema antártico. Durante su breve paso por Buenos Aires, DEF tuvo oportunidad de dialogar con esta verdadera pionera sobre sus experiencias, su pasión aventurera y el perfil de la mujer exploradora.

De la Ferrière no se siente una pionera, pero sabe que es una mujer diferente y que ha logrado realizar grandes hazañas. Foto: Archivo DEF.
De la Ferrière no se siente una pionera, pero sabe que es una mujer diferente y que ha logrado realizar grandes hazañas. Foto: Archivo DEF.

-¿Cómo es que se involucó en esta expedición?

-Es una larga historia. En un principio teníamos la idea de partir puntualmente tras las huellas de un navío español que naufragó en 1819, el San Telmo. Pero después pensamos con uno de nuestros socios, el parque temático científico Le Futuroscope, en ampliar la búsqueda a los rastros de todos aquellos primeros descubridores del Continente Blanco y de realizar otro tipo de mediciones de carácter científico ambiental, como detectar la presencia de plásticos en aguas antárticas. Además, Le Futuroscope organizó un gran programa pedagógico para que pudiéramos brindar la información que fuimos recabando a estudiantes franceses. Estuvimos en contacto e intercambio en directo con 500 escuelas y 19.000 alumnos de Francia.

-O sea, tuvo también una importante finalidad educativa.

-Pusimos a su disposición textos e imágenes para que puedan aprender y apropiarse de la historia, porque en un futuro, ellos serán quienes construirán la nueva historia. Para nosotros es muy importante transmitir nuestras experiencias a los jóvenes para que tomen su rol y partan en nuevas expediciones.

Es muy importante transmitir nuestras experiencias a los jóvenes para que tomen su rol y partan en nuevas expediciones.

-¿Cómo se prepararon para esta travesía?

-Cada uno de los integrantes de Antarctic Explorers tiene experiencia en expediciones pasadas. Yo atravesé la Antártida sola y trabajé en la base Dumont D’Urville. La preparación de esta expedición fue una mezcla de experiencia aplicada a encontrar la gente adecuada para que se ocupara de los temas que necesitábamos resolver para hacer los trabajos científicos y para el programa pedagógico para los niños. Fue muy complejo.

-Sus dos hijas hoy ya son grandes, pero ¿cómo manejó el tiempo de familia con el tiempo que demandaban las grandes expediciones que encaró en su vida?

-Es una cuestión importante. Es difícil tener hijos cuando uno vive haciendo expediciones, pero para mí es una pasión. El tener hijos fue un hecho que se integró a mi vida y no disminuyó mi pasión. Es una suerte de melange entre vida de familia, rol de madre y de mujer. Hay que buscar un equilibrio que no es para nada fácil. Todos los días se plantea esta cuestión, pero también hay que sentirse feliz por esa gente que comparte y respeta lo que uno es.

En 1997, Laurence realizó una travesía antártica que le permitió llegar al Polo Sur. Foto: Archivo DEF.
En 1997, Laurence realizó una travesía antártica que le permitió llegar al Polo Sur. Foto: Archivo DEF.

-¿Piensa que fue comprendida en su pasión aventurera?

-Mi hija piensa que, aunque sufrió la separación cuando no la veía por mucho tiempo, hoy tiene la libertad de vivir como verdaderamente quiere. No fue fácil, pero hoy es consciente de que puede tener un objetivo verdadero de vida. Es importante discutir todo esto, porque si bien no es un modelo, representa una posibilidad de vida y no tenemos razón para excluir esa posibilidad.

-¿Siente que es una mujer pionera?

-No, me siento como una mujer con una diferencia y que encontró el camino para exprimir esa diferencia. Tengo conciencia de que hice cosas que otros no hicieron, pero eso no es lo más importante para mí. Lo más importante es la libertad de descubrir, la curiosidad por los lugares y la gente. Que yo sea la primera o la segunda da igual. Ser la primera está bien, porque da la facilidad para hacer otra expedición u otra cosa, y que me tengan confianza. Pero no es el objetivo principal.

Lo más importante es la libertad de descubrir, la curiosidad por los lugares y la gente. Que yo sea la primera o la segunda da igual.

-¿Cuál es el rol de la mujer en el mundo de los expedicionarios?

-Creo que tenemos una visión diferente a la del hombre. La mujer tiene una sensibilidad diferente a la del hombre, por lo que va a aportar argumentos diferentes. Pero los dos son complementarios. No soy feminista en el sentido de hablar de paridad impuesta. Sí impulso la libertad: si una mujer quiere vivir de forma diferente, se le debe dar esa libertad, de la misma manera que la mujer debe respetar la voluntad del hombre. Pero no tengo la reivindicación de hecho.

Si perdemos el contacto con la naturaleza, perderemos nuestra humanidad. Es por eso que hay que proteger la naturaleza.

-¿Qué memoria tiene de la travesía antártica de 1997, cuando alcanzó el Polo Sur?

-Es difícil resumirlo, porque fue una experiencia enorme. Lo que guardo en la memoria es la fuerza que adquirí en ese contacto con la naturaleza, un entorno natural totalmente virgen, sin polución material ni humana. Si perdemos el contacto con la naturaleza, perderemos nuestra humanidad. Es por eso que hay que proteger la naturaleza. La importancia no es la conservación en sí, la importancia radica en reencontrarnos con esa fortaleza espiritual que solo encontramos en el contacto con la naturaleza. La travesía me dio la prueba de eso. Eso es lo que le transmito a los jóvenes.

*La crónica completa sobre la expedición Antarctic Explorers se publicará en la edición 131 de la revista DEF.

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