Llámame por tu nombre narra el verano de 1987 en la Riviera italiana durante el cual Elio Perlman, un joven de 17 años, y Oliver, un académico estadounidense de 24, atraviesan una relación marcada por la duda, el deseo y el descubrimiento del otro. La novela, publicada en 2007 por André Aciman, se convirtió en un fenómeno global tras su adaptación cinematográfica de 2017 dirigida por Luca Guadagnino y protagonizada por Timothée Chalamet, y ahora suma una nueva versión: una novela gráfica ilustrada por Sarah Maxwell, publicada por el sello VR Ficción de VR Editoras.
En ese marco, Aciman mantuvo un diálogo con Infobae vía intercambio de correos electrónicos, en el que repasó el proceso de adaptación de su obra al formato gráfico y profundizó sobre el sentido que la historia conserva casi dos décadas después de su publicación.
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El escritor egipcio-estadounidense, radicado en Nueva York desde 1968, señaló que no participó en la decisión de convertir su novela en cómic. “Nunca estuve involucrado en la decisión de convertir mi novela en una novela gráfica. Me gustó lo que la artista hacía en blanco y negro y amé el producto final”, afirmó. Aciman consideró además que las escenas entre los dos protagonistas resultan particularmente sugerentes en esta versión, tal como ocurría, según su análisis, tanto en la película como en el libro original.

Consultado sobre si su percepción de la trama se modificó a lo largo de las distintas adaptaciones, el autor fue categórico: “La historia para mí no ha cambiado. Es la historia de un primer amor, o más precisamente de un amor difícil de articular y de predecir. Está lleno de vacilación, duda, ambivalencia, arrepentimiento y, sobre todo, ignorancia”. Aciman destacó que tanto el cine como la novela gráfica respetaron las dudas centrales del personaje de Elio. “He tenido mucha suerte: tanto en la película como en la novela gráfica, ambos creadores mantuvieron las dudas de Elio en primer plano. Haber perdido esas dudas e incertidumbres habría hecho que mi novela resultara irreconocible”, explicó.
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El escritor se refirió también a la función del silencio en la relación entre los protagonistas, un elemento que atraviesa toda la obra. “Es extremadamente importante. La escena de la confesión en la plaza principal —como también se la llama en La Princesa de Cleves— está expresada de forma tan indirecta que Oliver habría estado totalmente justificado en no saber de qué hablaba Elio”, señaló. Según Aciman, “gradualmente él entiende, aunque nada de lo que Elio le dice pueda tomarse como una declaración de amor. La novela está llena de silencios, y la novela gráfica los ha respetado”.

Sobre si comprende a Elio de manera distinta a como lo hacía cuando escribió la novela, el autor respondió que no. “Él siempre es cauteloso respecto de todo. Y en buena parte reconozco esto en mí también. Siempre soy ambivalente e indeciso sobre todo”, admitió. En contraste, Aciman reconoció que Oliver representó siempre una figura de difícil acceso interior, incluso para él mismo como autor. “No. Y hay una razón para esto. Me parezco mucho a Elio. Oliver es determinado, pragmático, no realmente melancólico, ni se entrega al lirismo o a un temperamento que busca la prosa hermosa. Le gusta chasquear los labios cuando bebe jugo de damasco. Le gustan los huevos. Elio, sin embargo, tiende a evitar los juicios definitivos. Es, como he dicho, cauteloso”, detalló.
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Respecto del lugar del deseo en la narración, el autor vinculó la atracción física con la posibilidad de descubrir a la otra persona. “Sin atracción sexual el amor no siempre sucede. Esto puede ser incorrecto, por supuesto, ya que hay muchos casos en los que el amor ocurre en ausencia de atracción sexual. Pero estar atraído significa querer descubrir quién es la otra persona, qué quiere, quién es. Si no hay atracción, la otra persona puede ser un ser humano maravilloso, pero el interés en ella puede parecer débil”, sostuvo, y aclaró que se trata de una visión personal que “podría cambiar fácilmente mañana”.

Aciman explicó que, al escribir la novela, buscó generar tensión a partir de la sensación de prohibición que rodea toda apertura emocional. “Quería que hubiera tensión en el deseo, quería que las cosas parecieran difíciles, quizás quería que existiera una sensación de prohibición, no solo porque la relación era entre dos hombres, sino porque siempre existe una sensación de infracción cuando uno abre su corazón a alguien. Básicamente uno está pidiendo el amor de alguien, y eso puede ser difícil de pedir”, indicó, en respuesta sobre qué quiso explorar acerca del primer amor. Sobre la posibilidad de repetir esa intensidad a lo largo de la vida, diferenció entre la experiencia y el recuerdo. “Creo que definitivamente puede volver a experimentarse, una y otra vez. Pero eso no significa que uno olvide su primer amor”, afirmó.
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El escritor también se refirió a su propio proceso creativo al ser consultado sobre qué le diría al André que escribió Llámame por tu nombre por primera vez. “Le preguntaría si desea seguir escribiendo la misma historia. Uno nunca está terminado con una historia así. Uno quiere ver cómo envejecen, en quiénes se han convertido, qué amores han buscado en sus 30, 40, 50 años”, reflexionó, en una respuesta que remite a Encuentrame (2019), la secuela que él mismo publicó de la novela original.

Consultado sobre su conexión con el público hispanohablante y en particular con los lectores argentinos, Aciman admitió que nunca visitó Argentina, aunque expresó su deseo de viajar al país. “Nunca he estado en Argentina y agradecería la oportunidad de viajar allí. He estado en México, Chile, Brasil, y me dirijo a Perú más adelante este año”, señaló. Sobre la recepción de su obra a lo largo del tiempo, el autor cerró: “Los lectores de mi novela han sido maravillosos y es particularmente alegre para mí ver que personas que llegan a sus 18 años me han descubierto, como lo hicieron personas de fines de los 30 y principios de los 40 hace algunos años”.
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