
Una vidriera como las fauces de una bestia, el ingreso a una caverna que ya nos advierte sobre los peligros que nos esperan, y en el reverso de un bastidor, en el centro de la sala, un meteorito cae sobre un paisaje apasible. El desastre, a pocos segundos. Todo a punto de cambiar. Así es el inicio de Fuerza mayor, el debut de Marcelo Canevari (Buenos Aires, 1984) en Galería Cott y que se presenta, en el subsuelo, con la última producción de Verónica Gómez y Renata Juncadella.
Apenas se ingresa, un gesto no excento de humor, un Soldado surge lánguido mientras corre un cortinado y parece espiar todo lo que vendrá después: un despliegue de escenarios en que lo trágico, lo fantástico y lo histórico se mixturan, donde todo está ocurriendo o a punto de.
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Luego, en Edén, otro soldado ¿o el mismo? -las fuerzas armadas protagonizan muchas de las pinturas- le corta el cuello a un unicornio, animal mítico que en la iconografía medieval representaba a Jesucristo y la Encarnación y en el Renacimiento, a la virtud y el linaje.

Un out of context: la existencia de los unicornios se creyó real por muchos siglos y tener un cuerno era una obsesión de monarcas, ya que se le atribuían poderes mágicos, incluso de fecundidad fálica.
Uno de ellos sobrevive y se exhibe en el Palacio Imperial de Habsburgo, Austria, cómo llegó allí y cuándo vaya uno a saber, pero fue el objeto más importante del gabinete de curiosidades de la Casa, que paradójicamente para retener el poder practicaron matrimonios consanguíneos de forma excesiva, lo que provocó graves problemas físicos y genéticos. El Ainkhürn no era otra cosa que un colmillo de narval. Pero volviendo a lo simbólico, el asesinato del unicornio preludia el fin de la inocencia, dios ha muerto, la oscuridad de los eventos que a partir de allí tendrán un in crescendo.
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En otro de los ejes, la idea del cambio, surge a partir del uso de las mariposas, “que representan la metamorfosis”, comentó a Canevari a Infobae Cultura, y de hecho, en el siguiente óleo, como en otro más adelante, soldados de gesto adusto pierden la visión cuando una mariposa se pose sobre los ojos.

Esa relación entre visión parcial, donde hay una obstrucción poética de la mirada, y la ficción escenográfica coloca a los personajes como “prisioneros en este teatro”. Desde esa perspectiva, el “ojo cubierto no es un detalle anatómico sino una señal de percepción limitada ante un mundo montado como representación”.
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En el mundo de los insectos, los ocelos -“ojos” en las alas- tienen una función defensiva, sirven para confundir o asustar a los depredadores, mientras que en el plano simbólico están relacionadas a la protección y la guía espiritual, esta ascepción puede obervarse en Fuerza mayor, en el centro de la sala, donde una mujer mariposa extiende sus alas frente a un pelotón de fusilamiento y dos niños arrodillados esperan su fin con bolsas en las cabeza, todos bajo una luz cenital, deliberadamente forzada.
Mientras lo trágico está a punto de explotar, uno de los soldados del grupo mira hacia otro lado, le da una calada a un pucho, y su atención se dirige a una luz roja sale de una caverna, ¿platónica quizá?.
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Con este recurso, Canevari logra que la mirada se deflecte, aún con esa intencionalidad de orientar la luz de manera artificial, el protagonista de la obra pasa ser ese otro, el que entiende que lo que está sucediendo más allá es aún más importante. Pero no sabemos qué. O más bien, sí.
La luz de la sala, en esta muestra sin curador y texto de sala de Daniel Santoro, toma mayor importancia a partir de un gesto teatral: se observa al final de la pared un fulgor rojizo que llega desde la parte trasera, donde la galería tiene una sala con forma de pasillo.
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En esa salita angosta, oscura, se ve al final un telón como el de la obra que da inicio al recorrido, que como un velo oculta algo: cuando se corre, sobre un escenario de altura aparecen los personajes de los cuadros, pero en 3D proponiendo un paso del lienzo a lo real, dando cuerpo a esta belleza inquietante y cruel.

En las obras de Canevari lo paisajístico tiene un papel importante, son piezas cargadas de montañas, árboles, en su mayoría de copas esféricas, como de cielos cargados por cúmulos y nimboestratos que anticipan la tormenta o límpidos, naranjas detrás del volcán que erupciona o de celestes a blanquecinos.
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Para el artista, el paisaje tiene un rol fundamental, ya que en su mirada todo lo que sucede “siempre está como prisionero de algo más grande que ellos”, los soldados, por ejemplo, no son más que “presos de esta jerarquía social”.
“Mi vínculo con la pintura comenzó en mi adolescencia trabajando junto a mi padre, biólogo y artista, en la realización de guías de campo dedicadas a la fauna argentina. A través de ese trabajo aprendí a observar la naturaleza no solo como algo para representar, sino como un sistema vivo”, escribe Canevari sobre este vínculo en la gacetilla de prensa.
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Pero el mundo natural se expresa en sus obras como testigo pasivo: desde los meteoritos a los eclipses, de la futura lluvia a la promesa de explosión, lo atmosférico está allí, metiendo su cuña, pero no es protagonista, no hay movimiento en las plantas, por ende tampoco viento. Es como una fotografía, ese instante, otra vez todo está a punto de suceder.
Canevari construye así situaciones, sea en un rincón del cuadro o en escena más complejas, a partir del uso de la luz, a veces natural o teatral, como también de las propias curvas del fondo para direccionar la mirada. Hay, en ese sentido, cierta familiaridad con la forma en que Liliana Porter, utiliza el blanco y el caos para genera tensión, para acarrerar el ojo hacia donde quiere.
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El Ermitaño es el tour de force de la muestra: una pintura vertical de múltiples sucesos, en la que las ondulaciones del paisaje, van llevando de fondo a frente, y en la que se aprecian las influencias de El Bosco, Brueghel el Viejo y “La muerte y las máscaras”, de James Ensor.
Fuerza mayor es una muestra que desconcierta a partir de obras en que lo mágico convive con lo monstruoso del hombre, que propone un juego de atención alternante, y que logra construir y sostener un relato a partir de la repetición de los detalles. El eclipse, las mariposas, los soldados. La inocencia que es aniquiliada. El fin de una etapa se está produciendo, aún cuando nos distraigamos con una luz roja, en el fondo de una caverna.
*“Fuerza mayor”, de Marcelo Canevari en Galería Cott, Perú 973 San Telmo. Entrada gratuita de martes a sábados de 14 a 19 hs, hasta el 3/10/26.
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