Fernanda Trías: “Todas las luchas están hechas de marchas y contramarchas, me siento recalibrando”

La autora uruguaya acaba de publicar “En un rincón de mí nacerá una planta”, su primer libro de ensayos. El feminismo está en una tapa difícil, dice, y ahora les toca a las nuevas generaciones

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En un rincón de mí nacerá una planta, de Fernanda Trías PORTADA
Fernanda Trías publicó "En un rincón de mí nacerá una planta" (Marciana, 2026), un libro de ensayos personales sobre el proceso creativo, sus maestros y su recorrido de escritura

Fernanda Trías tiene una forma de habitar el mundo que podría definirse con la palabra ‘libertad’. Once años lleva viviendo en Colombia —aunque tal vez “vivir” sea una palabra que ella misma matizaría con un chasquido de lengua y una sonrisa—, y cuando se le pregunta si volvería a Uruguay, responde con esa honestidad despojada que también atraviesa sus páginas: “Qué sé yo, mirá... No sé ahora qué va a pasar, por ejemplo, con esta sorpresa que nos hemos llevado... —señala en referencia al terremoto en Venezuela, que la ha atravesado sensiblemente— Yo me dejo sorprender”. La escritora, que nació en Montevideo en 1976 y acumula premios en varios continentes, acaba de publicar En un rincón de mí nacerá una planta (publicado por editorial Marciana), un libro de ensayos personales sobre el proceso creativo, sus primeros textos, sus maestros, los tiempos y procesos de su quehacer, la memoria y los dolores que, tarde o temprano, exigen ser escritos.

Trías es narradora, traductora y docente de escritura creativa en Bogotá. Su novela Mugre rosa la consagró internacionalmente: fue finalista de los National Book Awards en Estados Unidos en 2024, se tradujo a más de quince lenguas y le valió, entre otros reconocimientos, dos premios Sor Juana Inés de la Cruz —el último, en 2025, por El monte de las furias—. Con este nuevo libro, el primero de ensayos, eligió un territorio diferente: el de la reflexión sobre su propio camino. Una pausa en la mitad de la vida, como lo define —“yo, en realidad, estoy pasada de la mitad bastante, porque ya estoy en cuarenta y nueve, cincuenta, pero quiero creer que estoy en la mitad”, dice— para mirar hacia atrás y pensar lo recorrido.

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—¿Cómo nació este libro?

—En realidad, todo empezó porque cuando los editores de Marciana lanzaron esta colección de no ficción, ellos me preguntaron si yo no quería escribir algo para la colección que fuera sobre el proceso creativo. Entonces, cada vez que escribía un ensayo, decía: “Ah, pero esta excusa también me sirve para ese potencial libro que algún día tal vez salga”. Y cuando vi que tenía algunos que eran largos y podían funcionar como piezas fuertes, me dije: “Ya terminé de escribir El monte de las furias, me voy a dedicar un tiempo a escribir ensayos nuevos específicos para este libro”.

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—¿Había temas que supieras que querías tocar?

—Para mí era importante, por ejemplo, escribir algo que tuviera que ver con [Mario] Levrero —su maestro y a quien dedica el volumen—, porque nunca había escrito sobre él. Yo sabía que eso era importante y que era algo que quería hacer inédito para este libro.

El proceso, como cuenta Trías, fue caótico y en paralelo con otras obras. Mientras escribía los ensayos, también avanzaba con su libro de cuentos Miembro fantasma. Y antes, con la novela El monte de las furias. Tres proyectos que descansaban y se relevaban entre sí, que se interferían sin quererlo —o queriéndolo—. “Me gusta esa interferencia, me gusta darle espacio a la interferencia, abrirle cancha. De ahí salen cosas interesantes que me pueden sorprender”. No lleva diarios, se le pierden las libretas, no sistematiza nada. “Yo aprendí a moverme en el caos y lo acepto. Como así se mueve mi mente”, reconoce.

Portada de libro rojo burdeos con texto Fernanda Trías, En un rincón de mí nacerá una planta, Colección No Ficción, Marciana, y dos imágenes: planta y peces koi.
La autora define sus textos como ensayos personales y distingue ese enfoque de un ensayo académico para centrar la reflexión en su vida y su camino literario

—¿Hubo textos que quedaron fuera del libro?

—Sí, hay algunos textos que podría haber intentado darles mejor forma, incluso lo conversé con alguien. Por ejemplo, el texto que tuve que escribir para el discurso del premio Sor Juana, cuando gané el año pasado, podría haberlo transformado. Reflexiono sobre procesos de escritura de otros de mis libros, pero no llego a entrar ahí. Podría haberlo hecho, pero también me parecía que la extensión estaba bien y que no era necesario tampoco que fuera exhaustivo, que pasara por todos los libros.

El libro lo define como de “ensayos personales”, una denominación que Fernanda Trías elige con respeto. “Cada vez que digo ensayos, enseguida aclaro: ‘Pero no te imagines…’. Porque ni me interesa ni creo que sea lo mío el ensayo académico, el ensayo serio. Esta es una reflexión sobre mí misma, sobre mi propio camino, sobre mi vida.”

—¿Creés que se ha ido conformando un corpus de textos que tienen la escritura como tema?

—Para mí es un género que existe mucho antes que ahora. Hay un libro maravilloso de Margaret Atwood con ensayos sobre la escritura. Hay uno de Ursula K. Le Guin que me encanta, armado a partir de conferencias en universidades. Yo los disfruto muchísimo, porque me encanta leer sobre el proceso creativo de otras personas. Aun a pesar de que leer sobre el proceso creativo de otros no ayuda al ´mío, porque cada uno es personal e intransferible. Pero me gusta ver la diversidad de procesos que hay, porque también a mí me sirvió ver esa diversidad para entender que no hay una manera buena ni mala de hacerlo.

Menciona también a Betina González y sus libros publicados por Gog y Magog, a Thomas Wolfe, a Hebe Uhart, las clases de Simone de Beauvoir. Ve en ese corpus algo que va más allá del mundo literario: “Todos somos seres creativos, en realidad. Y hay un misterio detrás de cómo funciona la creación. Yo creo que siempre es fascinante acercarse a ese misterio, aunque nunca lo puedas resolver”.

Acerca de los géneros, Fernanda Trías es osada, y sin decirlo con esas palabras, los entiende como ficciones útiles, no como compartimentos. “Estoy muy a favor de irrespetarlos completamente, de mezclarlos, de atravesarlos”. Lo que ella necesita expresar, dice, ya viene con su forma implícita: “Si yo estoy atenta, el material ya me va a decir más o menos qué es lo que necesita. Si me dice ‘esto es para cuento’, ‘esto es para novela’, lo escucho. Siempre entendido de manera muy amplia y no prescriptiva”. En su caso, ese proceso de escucha es casi físico: una atención sostenida al material que, con el tiempo, va revelando su propia arquitectura.

El texto más extenso del libro, “En nombre propio”, está dedicado a su sobrina y funciona como una reflexión sobre las mujeres, la escritura y el feminismo. Se le pregunta si, desde 2021 —año del nacimiento de la niña—, algo ha cambiado.

Fernanda Trías sostiene que cada proceso creativo es personal e intransferible, y por eso rechaza una única forma válida de escribir o de ordenar los géneros
Fernanda Trías sostiene que cada proceso creativo es personal e intransferible, y por eso rechaza una única forma válida de escribir o de ordenar los géneros

—Estos años han sido difíciles. Siento que hay un brutal recrudecimiento de la violencia hacia las mujeres. Los casos que se vuelven mediáticos son cada vez más furibundos, más terribles, más espectacularizantes. Y eso va de la mano del renacimiento poderoso de la ultraderecha en América Latina, completamente. Si amplío el foco histórico, yo quiero creer que es ese último manotazo de ahogado, el “berrinche histórico”, esa resistencia fuerte a un cambio del que ya no se va a poder volver atrás. Pero no tengo evidencia a favor de lo que estoy diciendo —reconoce—.

La imagen que usa para describir el momento del movimiento feminista es precisa: el avance de la ultraderecha, “machista, patriarcal, retrógrada, violenta”, lo ha dejado como al boxeador que recibe un golpe en la cabeza y queda mareado. “Siento que la energía del movimiento está un poco cansada de resistir. Se siente un poco descorazonador este momento, te parece que se hizo tanto, que se luchó tanto, y no parece haberse sostenido ese esfuerzo”. Pero agrega, con esa mezcla de lucidez y esperanza que la caracteriza: “Sin embargo, todas las luchas están hechas de marchas y contramarchas, y de momentos de tomar, y retomar fuerzas para volver a ir para adelante. Me siento como cuando el GPS te dice: ‘Recalibrando’”.

Señala además que el recambio generacional es parte de la ecuación: “Hay que ver qué quieren hacer las generaciones jóvenes, porque desde que empezó el movimiento Ni una menos hasta ahora ya pasaron diez años. El trabajo tiene que venir también desde las nuevas generaciones. No va a poder sostenerse solo desde nosotras". Y desde el punto de vista literario, agrega, el movimiento sigue muy vivo: “No creo que se pueda dar vuelta atrás”.

Cuentos desde el dolor

Miembro fantasma, su libro de cuentos publicado en paralelo con los ensayos, también nació de un dolor que tardó décadas en encontrar su forma. “Siempre había querido escribir algo que tuviera que ver con mi experiencia de cómo fue ser una niña en dictadura viviendo en Uruguay. Con este horror y esta violencia ocurriendo alrededor, fuera de cámara, que lo hace más inquietante para la niña que fui.” Pero ese material esperó. Necesitaba, dice, un segundo golpe. Y ese golpe llegó desde Colombia y México: las madres buscadoras que recorren el desierto desenterrando huesos.

—Eso a mí me impactó tanto, me dolió tanto, que ahí se unió. Las dos cosas colisionaron y generaron una energía insoportable que hizo que saliera todo. Salió el cuento “Miembro fantasma” –que da nombre al libro–, con recuerdos de mi infancia en los años de dictadura que luego reconfiguró por obra de la ficción. Salió El monte de las furias, con estos cuerpos que aparecen de la nada y que una mujer cuida y entierra. Varias cosas que se potenciaron. Es puro dolor. Lo que pasa es que me parece que todo lo que nos atraviesa tiene que encontrar una elaboración, que reaparezca reelaborado a través del tamiz del arte. Me cuesta mucho escribirlo hasta que no encuentro una forma interesante de hacerlo. Y eso puede llevarme años.

Portada del libro 'Miembro fantasma' de Fernanda Trías
"Miembro fantasma" surgió del cruce entre la infancia de Fernanda Trías en la dictadura uruguaya y el impacto de las madres buscadoras de Colombia y México sobre su escritura

Esa búsqueda de la forma es, para Fernanda Trías, el núcleo de la escritura. Sigue en línea con lo que expresaba tan bien Julio Cortázar —“los temas ya existen, el talento está en cómo se cuenta”— y lo asume como propio. “Yo siempre estoy trabajando con mis propios temas, mis propios dolores, pero primero los tengo que colectivizar. Todo esto que es acerca de mi yo, en realidad no es una experiencia mía única, sino colectiva. Está siempre en diálogo con lo que se ha escrito, con lo que se ha vivido”. Lo personal, entonces, como punto de partida, no como destino.

Trías trabaja el lenguaje de sus ensayos con la misma exigencia que aplica a sus novelas: los lee en voz alta, frase por frase, hasta que cada una suena como tiene que sonar. “No lo diferencio. El pacto con el lector es un pacto autobiográfico, pero el trabajo que me exige con el lenguaje y con la música de las palabras es el mismo que con una novela o un cuento”.

—¿Y te gustaría continuar por este lado, el de la escritura sobre escritura?

—Ahora pienso que no, porque sentí que al cerrar el libro cerré una etapa. No me parece descabellado pensar que tal vez, dentro de muchos años, me den ganas de nuevo. Pero ahora ya me cansé —dice, y vuelve a reírse—. Tengo ganas de escribir ficción.

Lo que sí queda claro es que Fernanda Trías no controla lo que escribe, al menos no de la manera en que se suele entender ese verbo. Nunca escribió poesía, ni siquiera de adolescente, ahora se permite dudar: “Mirá si termino algún día escribiendo poesía...” La trayectoria le ha demostrado que sus propias certezas son provisorias. El camino escritural, dice, es el de abrazar cada vez más la libertad total. “El riesgo que eso pueda implicar es decepcionar a quienes esperan una cosa u otra, pero no importa. Este es tu camino, es tuyo y de nadie más. Y es ahora o nunca que podés abrazar esa libertad creativa”.

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