El Museo de la Cárcova, la joya oculta de Puerto Madero, reluce con su nuevo guion

Tras una remodelación integral, el espacio de la Universidad Nacional de las Artes cambia el relato de su colección y pone el foco en la enseñanza artística pública, el rol estatal y el uso pedagógico de las copias

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Museo de la Cárcova
El Museo de la Cárcova, la joya oculta de Puerto Madero, reluce con su nuevo guion

Hace más de un siglo, los edificios de lo que fueron caballerizas del Lazareto se convertían en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Nación por iniciativa de Ernesto de la Cárcova y en 1928, allí, se instaló el Museo de Calcos que, en la actualidad, tras una profunda remodelación recuperó su esplendor y función didáctica.

Esta joya museística de Puerto Madero, que depende de la Universidad Nacional de las Artes (UNA), quedó atravesada por un cambio de enfoque que redefine el sentido de su colección: ya no se propone contar la historia del arte desde una secuencia europea, sino explicar por qué esas copias llegaron a la Argentina, cómo fueron usadas para enseñar y qué dicen hoy sobre la educación artística pública. Esa es la tesis que expuso Luciana Delfabro, directora del museo, a Infobae Cultura, durante un recorrido exclusivo.

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En ese sentido, Delfabro explicó cómo la renovación busca desplazar el eje tradicional de lectura de la colección: “Lo que hicimos es virar el foco del guion curatorial y contar no los periodos de historia del arte que venían a enseñarse a través de la adquisición de los calcos, sino la historia de la Escuela Superior de Bellas Artes y cómo comenzó la enseñanza artística superior en la Argentina”.

La directora sostuvo que esa decisión también apunta a recuperar el papel estatal en la formación de artistas. Según describió, por el museo y la antigua escuela pasaron muchos de quienes después se consolidaron como figuras centrales del arte argentino, dentro de un proyecto público orientado a formar “su propia comunidad de artistas”.

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Museo de la Cárcova
Hace más de un siglo, los edificios de lo que fueron caballerizas del Lazareto se convertían en la Escuela Superior de Bellas Artes de la Nación

El desarrollo del nuevo guión estuvo a cargo de las autoridades del museo: con su directora, la coordinadora general Cecilia Pitrola, la directora de gestión institucional Patricia Moreira, y de Milena Gallipoli, responsable del área de investigación especializada en calcos. Contó además con la colaboración especial y asesoría de Feda Baeza, Marisa Baldasarre y Sergio Raimondi.

Así, remarcó que la colección fue reunida en gran parte por Ernesto de la Cárcova con fines pedagógicos, a partir de adquisiciones hechas a talleres vinculados con los principales museos de Europa. “Fue un proyecto de una envergadura enorme gestionado por Cárcova”, señaló, al describir el esfuerzo institucional y presupuestario que implicaba pedir partidas al Estado nacional, comprar las piezas y trasladarlas al país.

La directora precisó que las principales compras se concentran “alrededor del ’26”, aunque luego hubo nuevas resoluciones para ampliar el conjunto, como el David, que se encuentra en el ingresa, que “llegó más tarde al museo”.

Otro de las grandes modificaciones fue la manera en que se presentan las obras. Ya no se busca ocultar que son calcos, sino todo lo contrario: reforzar esa condición revelando, en algunos casos, el reverso hueco. Y es que hasta esta actualización, el recorrido presentaba una periodización de la historia del arte sin subrayar que el visitante estaba frente a reproducciones.

Museo de la Cárcova
La colección fue reunida en gran parte por Ernesto de la Cárcova, a partir de adquisiciones hechas a talleres de los principales museos de Europa

La nueva museografía incorpora, incluso, esa distinción en los nomencladores, que ahora separan la información del original y la del calco para atribuir identidad al objeto reproducido y también a la pieza que lo replica, en lugar de tratar esta última como una presencia transparente o secundaria.

Otro de los núcleos de la reapertura aparece en la sala mesoamericana, donde el museo conecta la historia de los calcos con la circulación desigual del patrimonio. Delfabro explicó que allí el énfasis está puesto en una pregunta: ¿por qué muchas piezas americanas eran reproducidas en talleres de museos europeos?

La respuesta, según planteó, remite a procesos de apropiación. “Muchas veces el patrimonio era expropiado. En algunos casos, se trasladaba la obra; en otros, cuando el tamaño lo impedía, se hacía el calco en el lugar, pero el molde y el derecho de reproducción quedaban en manos de instituciones europeas”.

A lo largo del recorrido, se puede observar la procedencia de los calcos, que revelan justamente cómo todo lo relacionado a mesoamérica se hacían en Berlín, en una institución dedicada específicamente a la producción de reproducciones para distintos museos, mientras que en otras el origen remite a los talleres del británico Victoria and Albert, el Museo de Escultura Comparada de París o el Louvre.

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Otro de los núcleos de la reapertura aparece en la sala mesoamericana, donde el museo conecta la historia de los calcos con la circulación desigual del patrimonio

Esa operación contribuyó, históricamente, a un control del relato sobre lo que era arte y lo que era un objeto antropológico, dejando siempre a las piezas realizadas en esta parte del mundo en un segundo escalón.

En ese sentido, la directora sotuvo la tésis de estructura de legitimación cultural: “Es toda una maquinaria de hegemonía. Los grandes museos difundían sus obras maestras mediante copias, reforzaban su centralidad y convertían a esas ciudades en polos de atracción”.

La renovación también incluyó un recorrido accesible con textos en braille, cabezas táctiles y recursos pensados para ampliar la experiencia de visita. En la sala de Grecia, además, fueron recuperados antiguos atriles de la vieja escuela, que hoy conservan un doble valor: patrimonial y utilitario, ya que el museo sigue abierto al dibujo y durante los fines de semana organiza jams con música en vivo para estudiantes y aficionados. Esa actividad se articula con carreras de la universidad y forma parte de una lógica más amplia: “Es un museo universitario, con lo cual la dinámica está muy vinculada al aprendizaje de los estudiantes”.

En ese marco, las salas fueron pensadas como espacios flexibles. Muchas bases tienen ruedas para permitir una redisposición rápida y habilitar que los estudiantes de distintas carreras usen el museo como aula, lugar de ensayo o ámbito de trabajo.

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La reapertura también dio lugar a una selección de trabajos de archivo y de producción estudiantil antes no exhibidos, con una fuerte presencia de las artistas mujeres

La reapertura también dio lugar a una selección de trabajos de archivo y de producción estudiantil antes no exhibidos. La directora señaló que el año pasado se hizo una puesta en valor del archivo y que eso llevó a la necesidad de mostrar ese patrimonio, entre grabados, fotografías, estampas, prensas originales de la escuela y obras de alumnas, elegidas en este caso para destacar la presencia de mujeres en una institución donde eran minoría.

Otra pieza central del relato renovado es el taller de calcos, ubicado al final del jardín. Allí se concentra la conservación del patrimonio, la producción de copias para otras instituciones cuando son solicitadas y la articulación con cátedras y programas públicos.

Detrás del museo, atravesando un jardín con esculturas, se encuentra el taller de trabajos de restauración sobre piezas dañadas, un taller de serigrafía e impresión, entre otras.

El museo posee, además, una sala para exposiciones temporales, que hasta octubre presenta Copia única, con curaduría de Milena Gallipoli, que reúne patrimonio de varias instituciones educativas, entre ellas el Colegio Nacional Buenos Aires y la Belgrano, para volver sobre una pregunta de fondo: para qué fueron adquiridos estos objetos y qué papel tuvieron en los inicios de la enseñanza artística en la Argentina.

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En el espacio también se puede visitar el jardín escultórico y observar los talleres

Luego, será el momento de la expo realizada por estudiantes que están por recibirse de la carrera de curaduría, con trabajos desarrollados como parte del cierre de su formación en la UNA.

La propuesta se inscribe en la idea de un “museo escuela” y “museo universitario”, donde las salas funcionan como espacios de aprendizaje. El objetivo es que incluso la sala temporaria se use como “sala aula”, con docentes de artes visuales que puedan dar clases allí.

Para diciembre, la universidad organizará un congreso sobre enseñanza artística que culminará con una exhibición. El plan también contempla que estudiantes de otras carreras, como danza, utilicen el museo para ensayar.

La puesta en valor edilicia, añadió la directora, fue posible gracias a un subsidio de la Fundación Williams y al aporte de la universidad. Con esos recursos se repararon techos y goteras, se redefinió la paleta cromática de las salas y se sostuvo la decisión de mantener el carácter “anacrónico” del museo.

*Museo de Calcos y Escultura comparada Ernesto de la Cárcova, Av. España 1701, CABA. De martes a domingo de 10 a 17. Feriados, cerrado. Entrada gratuita

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