
El regreso de la misión Artemis II a la Tierra es la noticia que cautivó a la humanidad este fin de semana, un hecho que, en medio de “tantos desastres medioambientales”, resulta “un poco desesperante”, aseguró para esta agencia la directora argentina Lucrecia Martel, y es que parece que “en el fondo de nuestro corazón ya hubiéramos abandonado este planeta o lo hubiéramos dado por perdido”.
“No sé por qué pensamos que no es prioritario nuestro deseo de cómo vivir en la tierra, como si la carrera de la tecnología y del mercado fuera imparable y estuviera por encima de nosotros”, opina la cineasta, para quien las empresas tecnológicas han “acelerado el tiempo y achicado el espacio” en el que vivimos, pues “no hay Estado que las limite”.
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En su visita a México, donde recibió la Medalla de la Cineteca Nacional 2026, la realizadora es directa y defiende sus ideas sin medias tintas, porque ante este momento de “caos e incertidumbre”, del que la guerra forma parte, “nos queda poco tiempo” y “la gente que trabaja para la cultura debe pensar desde esa vitalidad”.
“Si la gente del cine mira para otro lado, se va a perder un momento histórico interesantísimo (...) Y va a quedar muy mal parada en el futuro. Yo no me lo voy a perder: decido prestar atención”, sentencia la también guionista y productora de 59 años.
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‘Nuestra tierra’
Martel, una de las mujeres más influyentes del cine contemporáneo, con obras como Zama (2017) o La ciénaga (2001), pone esa atención y vitalidad en Nuestra tierra, su primer documental, en el que cuestiona las supuestas “naciones independientes”, que históricamente se han conformado a partir de la apropiación del territorio y la violencia contra las comunidades indígenas que lo defienden.
Así ocurrió en 2009 con la muerte de Javier Chocobar, líder de la comunidad indígena chuschagasta, quien, al defender sus tierras en la norteña provincia de Tucumán, Argentina, recibió un disparo mortal por parte del empresario y terrateniente Darío Amín.
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Pese a que el asesinato fue grabado, difundido en YouTube y movilizado por la sociedad civil a nivel internacional, el juicio tardó casi una década en llevarse a cabo.
El proceso, sumido en la impunidad y la burocracia, también fue investigado por Martel durante 14 años, un período en el que acumuló 400 horas de filmación y más de 5.000 fotografías de archivo.

“No podemos creer en la idea de que somos naciones independientes si todavía tenemos a población indígena sin su territorio”, argumenta sobre la historia de Chocobar que narra en Nuestra tierra, la cual tuvo estreno mundial en la pasada edición del Festival de Venecia.
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El costo de “subestimar el cine”
Filmar, procesar y editar una producción de esta magnitud lleva mucho más tiempo que el promedio de cualquier película en la actualidad, que dura entre uno y dos años; un costo que Martel está dispuesta a asumir porque “lo importante es que se haga cine en profundidad y valga la pena”.
“Engañarnos a nosotros mismos, subestimando la potencia del cine y hablando de éste solo como entretenimiento, es un acto de enorme ignorancia y estupidez”, subraya.
En esta misma línea, recalca que los festivales internacionales de cine se han transformado en “suntuarios caros” que para “sacar el dinero se ven comprometidos con películas de la industria del entretenimiento”, en lugar de dar un espacio al cine que reflexiona “sobre la humanidad”.
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“Ese precio lo van a pagar los festivales, porque se van a desprestigiar. En esta época tan necesaria, los festivales siguen boludeando”, lamenta.
Nuestra tierra es una coproducción internacional en la que participa México, por lo que la película se proyectará en salas mexicanas desde el 9 de abril.
Fuente: EFE.
Fotos: EFE/ Sáshenka Gutiérrez.
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