
En 2020, Hervé Le Tellier enfrentó una inesperada inquietud: encontró el nombre André Chaix grabado en el muro externo de su nueva vivienda en La Paillette, al sur de Francia. Este descubrimiento, repetido en el monumento local a los caídos “por la patria”, llevó al escritor a indagar en la vida de un joven de la Resistencia francesa, cuya historia pasaría a protagonizar su libro más reciente, El nombre en el muro.
Este proyecto literario surge del impulso de rescatar la memoria de quienes enfrentaron el fascismo, en un contexto en el que Le Tellier advierte la necesidad de no dejar de hablar de la Ocupación, del colaboracionismo y del racismo que persisten bajo nuevas formas.
El autor, nacido en París en 1957, es conocido no solo como novelista, sino también como matemático, crítico literario y miembro destacado de OuLiPo, el célebre taller de experimentación literaria. En su búsqueda de rigor, Le Tellier se basó en archivos de la Asociación Nacional de Antiguos Combatientes, fotografía histórica, bibliografía sobre la Resistencia en La Drôme —región donde Chaix combatió— y testimonios orales de sus familiares, aún presentes en la zona. Esta exhaustividad material y testimonial se complementó, según reconoce, con “un porcentaje razonable de especulación”, pero siempre bajo la premisa de no inventar hechos: “Me habría parecido obsceno inventar nada”.

El nombre en el muro reconstruye la trayectoria de Chaix, aprendiz industrial que se unió a la lucha contra la ocupación alemana, caído el 23 de agosto de 1944, a los 20 años, 2 meses y 30 días. El propósito de Le Tellier no es solo biográfico: aspira a transmitir el descontento y la irritación generados por la persistencia de formas de intolerancia que, a su juicio, no han desaparecido. El escritor expone que, “viendo cómo va el mundo, no tengo duda de que hay que seguir hablando de la Ocupación, del colaboracionismo y del fascismo, del racismo y del rechazo del otro hasta su aniquilación”.
Por eso eligió confrontar en su obra “al monstruo contra el cual luchó André Chaix”, y dar voz a los ideales por los que el joven murió, planteando interrogantes sobre la naturaleza humana y la tendencia a buscar pertenencia en algo que puede conducir a actos nobles y, al mismo tiempo, atroces.
Esta reconstrucción narrativa se distingue, en palabras del análisis publicado por El País, por un tono didáctico y una crítica ácida a las complicidades históricas con el fascismo y el odio al otro. El libro se aparta de la mera biografía para incorporar extensos pasajes sobre la dimensión colectiva del fenómeno: las responsabilidades alemanas en los crímenes del nazismo, la posguerra y una “desnazificación” que Le Tellier caracteriza como insuficiente tanto en Alemania como en Francia, la continuidad entre el colaboracionismo francés y movimientos actuales como el Rassemblement National de Jean-Marie y Marine Le Pen, y experimentos sociológicos acerca de la obediencia. También explora episodios como la desobediencia cívica en Dieulefit durante la guerra, la actividad artística en París bajo ocupación y la historia militar de la 11ª Panzerdivision alemana.

Aunque en sus mejores pasajes Le Tellier brilla al narrar la vida de Chaix, el crítico de El País subraya que la brevedad vital de su protagonista conduce a un desvío hacia reflexiones de mayor alcance y a veces a digresiones. El resultado es un libro que, pese a su vocación experimental y la pertenencia de su autor a OuLiPo, asume un lenguaje formal menos arriesgado, acercándose incluso —según la reseña— a un tono concebido para uso escolar.
Todas las ideas principales del libro, resultan válidas, aunque “uno ya las ha leído muchas veces y, a menudo, mejor expresadas por otros”. Entre las conclusiones de Le Tellier destacan afirmaciones como: “Hay que tomarse en serio a los nazis, y también sus delirios”, “La vida, como las películas en blanco y negro, está llena de grises” y “El destino es una enorme broma, por no decir una estafa”.
No obstante, para el análisis publicado, estas reflexiones —y su escaso peso específico— terminan por ocupar más espacio emocional que el homenaje a quienes “salvaron la humanidad”, lo que también es el objeto de este libro.
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