Un poeta a la venta y un siniestro chanchito alcancía: dos libros de Afonso Cruz retratan la obsesión por el dinero

En la novela “Vamos a comprar un poeta” y el libro ilustrado “Capital”, el artista portugués despliega diferentes recursos para reflexionar sobre el consumismo, la insatisfacción y la desigualdad

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El modelo de artista que
El modelo de artista que encarna Cruz es poco convencional y es tal vez por eso que su obra ofrece cruces y puentes poco habituales.

Su perfil recuerda el modelo de artista del Renacimiento, millonario en oficios y habilidades. El portugués Afonso Cruz (Figueira da Foz, 1971) es escritor, ilustrador, cineasta, músico y autor o ilustrador de más de 40 libros (muchos de ellos traducidos, muchos de ellos premiados como la novela La muñeca de Kokoschka, que recibió en 2012 el Premio Europeo de Literatura). Su obra se resiste a la clasificación, como si todo lo que produce, más allá de formatos y plataformas, fuera un género en sí mismo. Suele decir que no cree en el talento sino en la pasión y así, apasionadas, son sus propuestas. Dice habitualmente algo más y es que en su vida no hay fronteras entre el trabajo y el ocio. Afonso Cruz es artista 24 x 7.

“Siempre pienso en la escritura como un trasbordo de las lecturas. Lees y lees y llega un momento en el que el vaso está lleno y empieza a derramarse y eso es lo que escribes. Entonces creo que mi proceso es llenarme de lecturas hasta que salga algo”, dijo en una entrevista con Andrea Yepes Cuartas en el sitio Bakánica. “No hay un género que prefiera realmente”, agregó. El género tiene que ser simplemente algo adecuado a tu idea”.

El modelo de artista que encarna Cruz es poco convencional y es tal vez por eso que su obra ofrece cruces y puentes poco habituales. Hay algo en el tono de algunos de sus libros que recuerda al fado, la música popular portuguesa, posiblemente por la melancolía que impregna sus trabajos. Hay en ellos una ironía ligera, una forma también melancólica del humor y una elegancia sutil. Con esos elementos, a sus libros no le hacen falta gritar nada y, afortunadamente, Cruz no subestima al lector; por el contrario, confía en su inteligencia.

"Vamos a comprar un poeta"
"Vamos a comprar un poeta" y "Capital", de Cruz, reflexionan acerca de cómo afecta el consumismo el lenguaje, la vida cotidiana, la imaginación y las emociones.

Dentro de la obra del portugués —poco conocida en la Argentina aunque más frecuentada en Colombia— hay dos títulos que dialogan entre sí y esto no tiene que ver ni con cuestiones de género ni de formato sino con una preocupación que tienen en común y es cómo afecta el consumismo el lenguaje, la vida cotidiana, la imaginación y las emociones cuando todo ya empieza a medirse en términos de utilidad, rendimiento o ganancia. Te sugiero que anotes los nombres de los libros, vale la pena: son Vamos a comprar un poeta (Libros del Asteroide) y Capital (Calibroscopio).

"Vamos a comprar un poeta"
"Vamos a comprar un poeta" fue publicado por Libros del Asteroide.

Un poeta para ver el mundo

Publicada originalmente en 2016, Vamos a comprar un poeta es una novela breve, con muchos capítulos cortitos, que genera el entusiasmo de una fábula contemporánea. Ya desde el comienzo el lector advierte un clima de extrañamiento:

“Hoy he comido treinta gramos de espinacas, el kilo cuesta dos euros treinta, echando cuentas se necesitan treinta céntimos al día para tener algo de vitamina K, según un estudio. Mi padre ejerció veinte gramos de fuerza en la puerta de la cocina y dijo muy alto, antes de dejarnos en la cara uno o dos miligramos de saliva, o besos, si nos ponemos poéticos: ‘crecimiento y prosperidad’”.

Poco después, llegará la explicación para ese mundo extraño imaginado por Cruz, en el que sucede algo inquietante aunque verosímil en un futuro cercano: las personas ya no tienen nombres y pasaron a tener números. En ese universo, en el que la fórmula de cortesía para el saludo es “crecimiento y prosperidad” y donde el aire “huele a dólares”, las personas, los objetos, los animales y hasta los vínculos se evalúan según su productividad. Todo es material, todo es mensurable, todo se rige por las reglas del mercado.

La figura del poeta es
La figura del poeta es frágil, incómoda, casi ridícula para una sociedad que solo valora la pura ganancia, pero resulta perturbadora en la novela de Cruz.

Los chicos hacen números desde la cuna y aprenden temprano a calcular el costo-beneficio de todo aquello que emprenden, desde un paseo a una conversación con amigos. Cada elemento viene patrocinado por alguna marca y es en ese contexto de vida “sponsoreada” que, a pedido de una de las hijas (la narradora de la historia), una familia decide comprar algo excéntrico e inútil: un poeta. Los termina de convencer el vendedor, cuando consultan por los diferentes modelos disponibles. Es allí cuando les cuenta la ventaja de llevarse uno: son austeros, no le dan importancia a la ropa y casi no comen, incluso a veces se olvidan de hacerlo. Solo necesitan tener a mano dos elementos, una libreta y un lápiz y algo fundamental: son muchos más limpios que los artistas, que ensucian todo con sus pinturas.

“Dimos trecientos cuarenta y dos pasos desde la tienda hasta nuestra casa. Mi padre, el poeta y yo. Una sensación extraña. Mientras caminábamos, el poeta me dio la mano. Cuando veía mariposas, se detenía a contemplarlas. Sucedió dos veces durante el trayecto”, cuenta la narradora, sorprendida por esa dosis de sensibilidad.

La figura del poeta —frágil, incómoda, casi ridícula para una sociedad que solo valora la pura ganancia— introduce en la familia una inquietud que resultará decisiva. Nada de lo el poeta hace se vende, no sabe optimizar procesos ni sirve para nada en materia económica. Sin embargo tiene un talento único: sabe nombrar el mundo de otro modo, con otras palabras, alejadas de lo utilitario y lo mercantil, “con la absoluta precisión de la ambigüedad”. Esa sencilla operación de la lengua comienza a esmerilar el sistema desde adentro porque la niña que pidió que le compraran un poeta empieza, lentamente, a ver a través de sus ojos. Pero ella no será la única: el poeta busca belleza y eso se contagia. “La cultura no se gasta. Cuanto más se usa, más se tiene”, les dirá la niña a unos compañeros del colegio que no entienden su transformación y la hostigan por “inutilista”.

No hay panfleto en los
No hay panfleto en los libros de Cruz sino ideas y arte conceptual.

La poesía no sirve para nada, repiten los personajes de la novela, como quien enuncia una verdad evidente, y es justamente esa falta de objetivos y finalidad económica la que volverá al poeta demasiado perturbador, hasta llegar a ser visto como peligroso. Cruz no necesita grandes discursos para mostrar la deriva peligrosa por la que nos estamos deslizando, se sirve para eso de su imaginación y de grandes versos de grandes poetas (Walt Whitman, Robert Frost, Paul Celan, Yeats, Wislawa Szymborska, Dylan Thomas, Teresa de Ávila y muchos más) y muestra así hasta qué punto estamos abrumados de codicia y necesidad de resultados.

No hay propaganda en la novela, hay reflexión y una mirada sobre el presente a través de una ficción. Hay, sí, tristeza, una cierta melancolía por un mundo que parece haber olvidado para qué sirven las palabras y que solo piensan que sirven -–como todo— para comprar y vender. En ese sentido, distintos críticos señalaron que Vamos a comprar un poeta puede tener referencias tanto en Fahrenheit 451 como en El Principito, aunque su crítica no es abstracta: el capitalismo que describe es una lógica que se sienta a la mesa familiar, se filtra en la educación y también en la forma de mirar el mundo y a los seres humanos.

"Capital", de Afonso Cruz, fue
"Capital", de Afonso Cruz, fue publicado por Calibroscopio.

El chanchito alcancía

Capital fue publicado originalmente en 2014 y en la edición de Calibroscopio es un libro álbum de tapa dura, una suerte de ensayo visual en el que Cruz se propone pensar, a partir del dinero, cuestiones como el valor, el trabajo, y la desigualdad.

Desplegado en el espacio de la doble página, el tono del libro es juguetón pero lo que esas imágenes señalan no tienen nada de ligereza. A través del arte visual y la metáfora del chanchito alcancía (una figura que va de la ternura a lo siniestro), advertimos cómo el dinero y el mercado se imponen desde la infancia, primero como una fuerza arrolladora que promete cumplir los sueños y promover el progreso y tranquilidad para el futuro, para luego convertirse en una obsesión fantasma. Una fijación que sobrevuela vínculos y proyectos personales y laborales y que provoca una competencia enferma, pánico a perder lo mucho o poco que se tiene y, también, una soledad demoledora.

Sin palabras, "Capital" se hace
Sin palabras, "Capital" se hace preguntas incómodas.

Si hubiera que apelar a una metáfora podríamos decir que por este camino de acopio infinito solo compramos insatisfacción. Y también habría que decir que, más allá de las promesas y los sueños, nadie encontró aún la solución para terminar o al menos reducir la abismal desigualdad entre las personas. Muy por el contrario, el abismo se profundiza y desde el peor de los cinismos se lo termina naturalizando. Como si en lugar de una injusticia se tratara de un destino, una fatalidad contra la cual es imposible hacer nada.

Si en Vamos a comprar un poeta Afonso Cruz retrata la falta de sensibilidad de una sociedad aplastada por el automatismo del capitalismo tardío, en Capital ilustra su funcionamiento a partir de conceptos ya incorporados a la manera de una Biblia como que las personas valen por lo que producen o que el individualismo asegura el éxito y el tiempo cuesta dinero. Una aclaración importante: en los libros de Cruz no hay panfleto sino ideas, de modo que en Capital no encontramos propaganda o bajada de línea sino arte conceptual. Sin palabras y con ilustraciones sugestivas, por momentos hipnóticas, el autor logra mostrar todo lo que representa la obsesión por acumular dinero.

"Capital", de Afonso Cruz, fue
"Capital", de Afonso Cruz, fue publicado originalmente en 2014. Puede leerse como profecía y crónica de una era.

A más de una década de publicados, y con un mundo de las ideas reducido a la perplejidad y convertido en objeto de bullying, estos libros de Cruz son, a su manera, profecía y crónica de una era dominada por la especulación. Leídos en conjunto, se potencian y complementan porque la novela pone en palabras, y con humor melancólico, la misma inquietante pregunta que el libro álbum subraya desde las imágenes: ¿qué clase de humanidad estamos construyendo?