
Cansados de ver fachadas sucias, grafitis repetidos y basura acumulada en las calles del centro de Montevideo, un grupo de vecinos ha creado el colectivo “Montevideo más linda”, que moviliza a centenares de voluntarios en jornadas de limpieza y pintura para establecer “una pandemia de embellecer” y restaurar el patrimonio urbano.
Sin afiliación partidaria declarada y apoyados en una logística autogestionada, sus impulsores defienden que su acción no busca sustituir al Estado, sino “pasar de la queja a la acción ciudadana” y llamar la atención de las autoridades sobre el deterioro urbano.
“Todo empezó hace casi dos meses, cuando me sentía disconforme con la vida de la ciudad, de salir a la calle y ver basura, fachadas rotas y un descuido del patrimonio”, relata Imanol de los Reyes, impulsor del colectivo y quien lanzó el primer llamado en Instagram.
Lo que comenzó como un video de “disconformidad” se fue transformando en un fenómeno social. Hoy cuentan con casi 25.000 seguidores en esa red y un grupo de WhatsApp con unos 2.000 integrantes, de los cuales alrededor de 200 participaron en la última jornada de “acción ciudadana”, cuando limpiaron el callejón de la Universidad de la República (UdelaR).
Pocos días después, las paredes volvieron a ser vandalizadas, lo que generó frustración entre los voluntarios, pero también reafirmó la decisión de insistir. “Era esperable” —asegura De los Reyes— aunque no contaba con que fuese tan rápido.

Las intervenciones se eligen por votación entre los integrantes del canal de WhatsApp, que proponen lugares de acción y definen fechas y horarios, lo que —según comentan— da al movimiento una estructura horizontal y participativa.
El colectivo insiste en desmarcarse de cualquier etiqueta partidaria, definiéndose como una “comunidad en construcción” integrada por personas comunes. Sebastián Angiolini, gestor cultural e integrante del grupo, enmarca la iniciativa en el concepto de “topofilia”, desarrollado por el geógrafo chino Yi-Fu Tuan y que habla sobre el vínculo afectivo con el territorio.
Angiolini reivindica una Montevideo “romantizada” al estilo Benedetti, pero con vocación de futuro. A su juicio, la acción del colectivo busca reactivar un sentido de pertenencia que muchos vecinos han perdido tras años de ver sus esfuerzos individuales desbordados por el deterioro, y demostrar que “cuando la ciudadanía se organiza y pasa a la acción, suceden grandes cosas”.
La relación con las autoridades, aseguran, es “fluida” y se basa en el diálogo. Tanto De los Reyes como Angiolini afirman haber sido tildados tanto de opositores como de oficialistas, algo que interpretan como señal de que transitan “un camino muy central”.
“Somos un grupo de vecinos y vecinas que queremos una ciudad más linda, más habitable; no venimos a suplantar a ningún trabajador público, venimos a sumar”, enfatizó De los Reyes, quien admite, no obstante, que el colectivo funciona también como un “llamado de atención” a las autoridades sobre la falta de mantenimiento en la capital sudamericana.

Frente a las críticas de quienes sostienen que “para eso pago impuestos”, el grupo responde que su apuesta es salir de la queja y promover la participación directa, sin dejar de exigir políticas públicas.
Los impulsores insisten en que no están en contra del arte urbano ni pretenden censurarlo, sino diferenciarlo de las intervenciones ilegales sobre fachadas patrimoniales o privadas.
Angiolini explica que distinguen entre el “tagueo”, grafiti y muralismo: mientras los dos primeros se basan en la saturación y la repetición de firmas o tipografías, el mural suele surgir de un consenso, con muros cedidos, artistas convocados y temáticas acordadas.
Asegura que no están en contra del arte urbano y subraya que no son quienes “para decidir qué es arte y qué no”, pero recuerda que “hay una ley de faltas que determina en qué superficies se pueden hacer estas manifestaciones y en cuáles no”.
Explican que aspiran a que Montevideo sea una ciudad más limpia, con ciudadanos comprometidos y redes de vecinos organizados en múltiples barrios para provocar una transformación, no solo la estética de la capital uruguaya, sino la propia conciencia cívica de sus habitantes, recuperando el orgullo de pertenencia barrio a barrio.
Fuente: EFE. Fotos: EFE/Montevideo Más Linda
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