
Diario de Familia es una novela inspirada en las dificultades de la convivencia en el Buenos Aires de hoy. La narradora encuentra en el género de la escritura cotidiana una forma de reivindicación y transformación para atravesar el desafío de una típica familia ensamblada. Escribiendo busca reencontrarse a sí misma en medio del caos cotidiano y recuperar también una libertad que parece lejana y perdida.
Al comienzo de Ana Karenina, dice Tolstói: “Todas las familias felices se parecen, cada familia infeliz lo es a su manera”. Este libro se va planteando preguntas acerca de cómo ser una familia feliz, ¿es posible? Y sobre todo, ¿cómo es el tiempo de la felicidad familiar? ¿Acaso algo sostenido o chispazos que podremos atesorar en un álbum eterno?
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La escritura de este libro no es la del típico diario en donde alguien habla para sí, sino la de quien sabe que del otro lado alguien está leyendo, escuchando, comprendiendo. Considero a la escritura provista de un gran poder que es el de la compañía, quizá por eso hay tantos talleres literarios en la actualidad –coordinarlos es mi trabajo desde hace décadas–. Frente a la atomización de nuestra atención digitalizada, el encuentro de lectura/escritura es la construcción compartida de una magia que suspende la vorágine y nos encuentra en una misma sintonía, profunda, auténtica, humana.

¿Quién no vivió la enfermedad y la muerte de un familiar? Son momentos que nos enfrentan a una revolución en las jerarquías con que medíamos el mundo y los vínculos. ¿Qué es realmente importante, qué nos convoca, cuál es el epicentro del amor? Este diario comienza con las asperezas en un nido revuelto y tenso y termina con un encuentro cara a cara con la orfandad y la transformación del concepto de familia. Frente a las contracciones y expansiones de los afectos, el libro abreva sin filtro y sin restricción en las posibilidades expresivas del lenguaje: diario, narración, crónica y poesía son recursos para adentrarse en la experiencia vital.
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Ya sea simulando un diario o bien un texto que supone ser ficción, estoy segura de que no podemos escribir por fuera de aquello que las etapas de la vida nos traen en cuanto a experiencia y saber. Este libro se trata también de cómo madurar sin dejar de lado una autenticidad, una curiosidad y un entusiasmo que no finiquitan con el climaterio ni con el cierre de etapas en la crianza.
Como respuesta a un mundo que nos obliga a lucir eternamente jóvenes, aquí una mujer de cincuenta pelea por ser vitalmente libre y se divierte con un despilfarro de confesiones tan personales como universales, abriendo la posibilidad de nombrar lo que impide la corrección política de la vida compartida.
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[Fotos: prensa Bosque energético; Beto Gutiérrez]
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