
No siempre es claro el por qué del origen de una obra teatral. Todo habita en uno y suelo pensar que a veces eso se hace presente. O quizás uno escucha aquello que viene de algún lado…
Por lo general son imágenes. Puedo decir que vi ranchos donde siempre había un altar con una velita prendida a la Virgen. Una religiosidad popular que habita más allá de todo. Pueblos donde siempre hay algún mural con la imagen de Maradona. Y un recuerdo aún más personal: mi padre afeitándose, silbando un tango de Gardel.
Esas imágenes son la Patria, aquello que es identidad personal y colectiva. Un sentimiento personal, pudoroso, íntimo, lejano al patrioterismo.
Ay... patria mía...!! Se le adjudica a Belgrano esa frase en el último momento de su vida. Ay!!! Un dolor íntimo, un dolor que sigue en el presente, como un parto que nunca termina. Y se nos promete una y otra vez que ese dolor será el último.

¿Y si la Patria fuese una mujer que nos dice “se acabó, ya no hay más que parir” o “sólo puedo hacer una parodia de parición.”? ¿Y si nos dijese, como un tango, “sólo queda un pasado descascarado bajo un manto de neblina…”? Una mujer rota, chúcara, rea como la Merello, santa como la Virgen, futbolera como la Raulito o la gorda Matosas. Dolorosa, vita. Amorosa y poética en su dolor y abandono. Y una actriz como Bianca Vilouta Rando, que desde su juventud puede multiplicarse y ser todos esos pedazos. Y Pedro Alonso como un partenaire de lujo, que puede cantar a Gardel y acompañar ese juego. Ambos con quienes trabaje en La Noche Oscura.
Pero algo faltaba. Porque la Patria es también su historia trágica nunca saldada. La Patria son los muertos.
Y entonces, ¿por qué no un díptico? Como esos viejos discos singles que tenían dos canciones.

Conozco a Javier Omezzoli y a Lucho Medina, gracias a Bernardo Cappa, y ellos son apasionados lectores de la Historia. Y me acompaña Juana Carranza, que me muestra el film de su padre Otra Excursión a los Indios Ranqueles (que recomiendo ver, está completo en Youtube). Y recuerdo al profesor David Viñas, que me hizo admirar ese libro. Y mis lecturas de la historieta Cabo Savino.
Vamos con Juana a ver dónde conseguimos monturas viejas. Y allí damos con una casa ecuestre que había aprovisionado cuando se hizo El Santo de la Espada. Y me recuerdo siendo niño mirando a ese San Martin que era don Alfredo Alcón.
Y todo eso trata de ser Ay Patria Mía! Un recordatorio de pedazos para que cuando se salga de verla, cada cual llegué a su casa, prenda una vela a la Virgen, escuché a Gardel, vea el gol de Maradona a los ingleses, recuerde a don Alfredo Alcón, lea a Mansilla... Pero sobre todo, recuerde su identidad con un sentimiento pudoroso de amor hacia esa Patria que se encuentra en cada quien, ajena al patrioterismo. Bella como la pampa, que nos regala un horizonte de lejanía y silencio.
*Ay patria mía se presenta los domingos a las 17 hs. en el Centro Cultural Thames (Thames 1426, C.A.B.A.).
[Fotos: gentileza Valeria Franchi prensa]
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