
“Alejandro Sirio no ilustraba: descifraba el alma de la escritura, de ritmos silenciosos, de la armonía del gesto y del palpitar poético.” Con esta afirmación, la exposición que la Casa Nacional del Bicentenario dedica al artista hispano argentino invita a sumergirse en la profundidad de una obra que trasciende la mera representación visual.
Alejandro Sirio y la Edad de Oro del arte gráfico argentino se presenta como una oportunidad única para redescubrir a uno de los grandes creadores de la primera mitad del siglo XX y a su círculo de contemporáneos, a través de una selección de cerca de 200 piezas originales que, en su mayoría, se exhiben al público por primera vez.
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La muestra, curada por Cristina Santa Cruz y Jorman Gutiérrez, se apoya en una investigación de más de diez años y en el rastreo minucioso de obras pertenecientes a colecciones particulares, así como en la colaboración con el MUDI Museo del Dibujo y la Ilustración. El trabajo curatorial no solo ha permitido reunir materiales inéditos, sino que también ha implicado la evaluación del estado de conservación de cada pieza, su consolidación preventiva, el archivo, la digitalización y la catalogación.

Los curadores han mantenido las inscripciones originales y las huellas del paso del tiempo en los soportes, lo que aporta un valor documental y estético adicional. Además, han identificado las publicaciones en las que estas ilustraciones vieron la luz, con el objetivo de publicar un catálogo y de crear un archivo abierto colaborativo que estará disponible próximamente en el sitio web de la exposición.
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El recorrido por la obra de Alejandro Sirio (1890–1953) revela la amplitud de su legado en el arte gráfico argentino. Llegado a Buenos Aires en el año del Centenario de Mayo, Sirio se distinguió por un estilo refinado y espiritual, que dejó una huella profunda en la gráfica rioplatense. Su trazo, de una elocuencia psicológica y una fuerza serena, se nutrió de influencias tan diversas como el barroco español, los arabescos expresivos, el prerrafaelismo y el simbolismo espiritual, pero siempre con una impronta criolla y una modernidad que lo situó a la vanguardia de su tiempo.
La exposición se articula en cuatro núcleos temáticos y subespacios complementarios: Cartografía Siriana, Estampas del Alma, Palabra y Pensamiento Ornamental, y Variedades Gráficas. Estos ejes permiten apreciar la versatilidad de Sirio como ilustrador, diseñador, calígrafo, poeta gráfico y escritor. Su trabajo con la figura humana, la caligrafía, las letras capitales y las estampas patrias se entrelaza con su relación con los principales exponentes literarios de la época, como Horacio Quiroga y Leopoldo Lugones, y con su influencia en generaciones posteriores de artistas.
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Entre las obras expuestas destacan ilustraciones para revistas y periódicos emblemáticos como Plus Ultra, La Nación, Caras y Caretas y El Hogar. Sirio también ilustró libros fundamentales de la literatura argentina y española, como “La gloria de don Ramiro” de Enrique Larreta, “Muchacho de San Telmo” del Vizconde de Lascano Tegui, “Poemas de la fundación” de Mariano de Vedia y Mitre y “La pampa erguida” de Federico García Sanchiz. Estas piezas, de contrastes nítidos y plenos de tinta equilibrados, conforman un muestrario de iconografías incisivas y espirituales, fundadas en personajes de la vida y la literatura.
El universo visual de Sirio se despliega desde el trazo místico y filigranado hasta la letra ornamental, desde los rostros que parecen hablar hasta las revistas que brillaron en el Río de la Plata. Su arte, que viajó desde Oviedo hasta los barrios de San Telmo, Palermo y Montparnasse, conjuga espiritualidad, literatura, poesía ornamental y forma gráfica en una expresión única. La selección de materiales inéditos pone de manifiesto la complejidad, sensibilidad y vanguardia de un creador que supo unir dibujo, palabra, alma y pensamiento en una obra de gran elegancia y profundidad.
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La exposición, que permanecerá abierta hasta el domingo 5 de octubre en el tercer piso de la Casa Nacional del Bicentenario, propone revisitar la potencia expresiva de la línea y la imagen de un artista y de toda una generación. Sirio logró que su arte, nacido en la fragilidad del papel, alcanzara la mirada íntima del público cotidiano y del lector silente, manteniendo intacta la fuerza de las primeras páginas impresas en aquellas publicaciones.
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