
Javier Cercas estaba en el Salón del Libro de Turín firmando libros cuando se le acercó su editora y le dijo: “Hay alguien del Vaticano que te está esperando”. La oferta era alucinante: acompañar al papa Francisco en un viaje a Mongolia, un país budista con 1500 católicos, y contarlo todo, con libertad. Nunca había ocurrido algo así, nunca un escritor había tenido tal oportunidad. Pero había un problema: Cercas es ateo.
“Ningún escritor en su sano juicio lo hubiera rechazado”, dice ahora, en el streaming de Infobae en la Feria del Libro de Buenos Aires, entrevistado por Guillermo Pintos y Patricia Kolesnicov.
Fruto de esa propuesta, de varias conversaciones y recorridos y de un arduo trabajo de escritura, surge El loco de Dios en el fin del mundo, un libro que, en palabras del propio Cercas, es una novela.
“Soy ateo. Soy anticlerical. Soy un laicista militante, un racionalista contumaz, un impío riguroso”, comienza el libro, a modo de introducción. Ya en la primera página deja en claro su posición. ¿Por qué, entonces, ese interés genuino por Francisco?

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“Me he embarcado en este avión para preguntarle al papa Francisco si mi madre verá a mi padre más allá de la muerte, y para llevarle a mi madre su respuesta (...) He aquí un loco sin Dios persiguiendo al loco de Dios hasta el fin del mundo”, escribe.
“Fue el primer papa en muchas cosas”, dice en este diálogo. “El primer papa latinoamericano, el primer papa jesuita, y también el primer papa llamado, increíblemente, Francisco. Esa decisión dice mucho de él. Francisco por Francisco de Asís, quien se llamaba a sí mismo ‘el loco de Dios’. Y también estoy yo, como narrador: el loco sin Dios, como tantos otros”, explica.
Javier Cercas estaba en su casa cuando se enteró de la muerte de Francisco. “Me cayó un alud de periodistas”, cuenta. Todos querían tener su opinión. En algún punto se lo imaginaba: “Era un hombre con una salud muy frágil y desde hacía mucho tiempo. Él tenía un trozo de pulmón cortado, de muy joven, por eso no pudo ser lo que él quería ser, que era misionero. Era un hombre mayor. En algún momento tenía que ocurrir”.
“Aunque no fue un sorpresa, lo lamenté. Lo sentí como una pérdida”, reconoce. “Este libro me ha cambiado todo: mi forma de ver la Iglesia, el cristianismo, el mundo, de verme a mí mismo”.

Para el autor de libros como Anatomía de un instante y El impostor, el hombre que lloró tanta gente en los últimos días en realidad son dos: “Uno es el Bergoglio persona, luego está el papa. Son dos cosas distintas. Se entrecruzan, pero son distintas. La impresión que yo tuve es que era un tipo normal, un hombre de carne y hueso. Al principio pensabas: joder, este tío es el papa. Pero después se te olvidaba”.
“Si tengo que definirlo —arriesga el escritor— diría que es un hombre en lucha consigo mismo. Nada que ver con la imagen plana y unidimensional que daban los medios de comunicación. Un hombre muy consciente de sus propios defectos y flaquezas que luchó a muerte para vencerlas y ser el mejor que podía ser”.

Cercas recuerda cuando lo nombran papa a Bergoglio en la Capilla Sixtina. Sus palabras fueron: “Sí, acepto, pero soy un pecador”. “Me permito corregirle: debería haber dicho: ‘sí, porque soy un pecador’. La iglesia no es el lugar de los ricos y los triunfadores, es el lugar de los desgraciados. Cristo no elige papa a Superman, lo elige a Pedro, que lo traicionó tres veces en una tarde noche. Casi de récord mundial”.
“Este papa fue criticado en todas partes. Tuvo una gran oposición”, dice Cercas y señala un gran ejemplo: “En Roma, desde el principio de su papado, también desde España, habían sacerdotes se reunían para rezar para que se muriese”.

¿Fue un papa revolucionario? Cercas matiza la respuesta: “Si por revolución entendemos que este hombre cambió la doctrina cristiana, es falso: este hombre no cambió nada. Pero si entendemos por revolución otras cosas, la cosa cambia”.
“Este papa es el primero en ser hijo del Concilio Vaticano II, que propone una gran revolución: volver al cristianismo primitivo, la iglesia de los pobres. Cristo era un tipo peligroso. Lo crucificaron porque decía cosas peligrosísimas. Era subversivo”, agrega.
“Si tengo que resumir su papado, ha sido un intentado de regresar al cristianismo primitivo, a la iglesia de Cristo”, concluyó el autor español.
[Fotos: Maximiliano Luna]
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