
“Lo mejor de nuestro amor es Camilo. Buen viaje, Roberto”, escribió en sus redes sociales la artista María Causa, ex pareja de Roberto Elía, quien falleció ayer a las 20.30 tras una larga enfermedad.
“Él venía muy mal de salud desde hace unos años. Estos últimos fueron muy difíciles porque empezó a deteriorarse mucho y llegó a una instancia que fue extrema. Él tuvo una vida muy radical, muy extrema, muy de batalla con la realidad y eso lo transformó no sólo en un quehacer artístico, donde básicamente fue un tipo muy de vanguardia, sino también a través de un modo sensible de vincularse y aproximarse a esa realidad que le era tan difícil por medio del humor y del arte. Vivía en el arte, era su mundo. Y creo que siempre necesitaba inventar para sostener todo esto”, dijo Camilo Elía, en diálogo con Infobae Cultura.
Roberto Elía (1950) egresó de la Escuela Nacional de Bellas Artes Manuel Belgrano, tras lo que ingresó en un quehacer artístico relacionado al conceptualismo, que lo llevaron a desarrollar un lenguaje en el que jugaba con las formas tradicionales y los significados, construyendo una lingüística propia.

En ese sentido, su obra no solo se limitó al campo de lo visual, sino que también incorporó elementos discursivos que invitan a la reflexión, estableciendo un diálogo entre el espectador y la pieza.
“Mi padre es un tipo al que siempre se lo ha visto como un artista conceptual, tal vez simbólico. Pero creo que todo eso en realidad era su atajo para conectar con algo más de la belleza de las cosas. La inteligencia retórica de las ideas y de las imágenes eran siempre poemas que él se inventaba para conectar con esa belleza”, dijo Camilo.
Y agregó: “Creo que la obra de mi padre está muy vigente. Fue un pionero y desarrolló estrategias a partir de cómo entendía el arte o su conexión con el arte, con una profundidad y una gran complejidad”.
A lo largo de su carrera, Elía recibió importantes reconocimientos como el Premio Braque, otorgado por el Museo Moderno en 1980, y el Premio Hoechst de la Harrod’s Galería de Arte en 1991. También fue galardonado en el Salón Municipal de Artes Plásticas Manuel Belgrano en 1992 y obtuvo el Primer Premio de Pintura del Centro Cultural Recoleta en 1995. Ese mismo año, recibió el Premio Gunther en la V Bienal Buenos Aires y el Premio Joven Pintura Argentina de la Fundación Fortabat.

También se le adjudicaron prestigiosas becas que impulsaron su desarrollo profesional: en 1985, obtuvo la de la Fundación Esso, y un año después, fue seleccionado para la beca Guggenheim en Estados Unidos. A partir de estas experiencias, expandió su horizonte artístico y su obra comenzó a circular en escenarios internacionales, como la Galería Mitend y el Centre Régional d’Art Contemporaine en Montbéliard, ambas en Francia.
“Para Elía, el arte es un medio de conocimiento, una vía de acceso; y los recursos de la cábala, su particular interpretación de lo oriental y el budismo zen, son utilizados como pretextos válidos para elaborar sus discursos con referencia alquímicas [...] Elía se ubica en el mundo en una actitud reflexiva. Crea vínculos diferentes entre las cosas, entreteje los hilos invisibles y rescata su dimensión poética. Nos sugiere detener la rueda para percibir los objetos que comúnmente nos rodean, pero que no vemos”, escribió Laura Batkis, curadora e investigadora de arte contemporáneo.
“Yo conocí a un Roberto mucho más en una decadencia, no tanto al Roberto más productivo, más movido, más allá que él, siempre le costó los vínculos humanos. No lo conocí en el momento donde estaba más activo en la escena, donde producía cosas con mayor lucidez. Sin embargo, en la intimidad logré que él me respetase como artista. Pude construir un puente por medio del arte”, recordó Camilo.

“Soy hijo de dos artistas muy respetados, muy de culto para los que saben, pero para las generaciones jóvenes que viven más en el ahora y se manejan en ciertos circuitos, quizá no los conocen. Yo siempre lamenté un poco eso. Mis coetáneos, muy pocos sabían quién era mi padre. Después artistas de más trayectoria, sí, me he encontrado a un montón, como Juan Astica o Marcia Schwartz. Hace unos años lo postulé para el Premio Trayectoria del Bellas Artes, pero lamentablemente no lo eligieron, eso le hubiera hecho muy bien, dijo.
Y añadió: “Soy de los pocos artistas jóvenes con los que en los últimos años de su vida tuvo conexión. Se fue quedando muy solo, por sus problemas con el alcohol, esa fue su perdición, su autodestrucción. En ese aspecto de la vida atentó un montón contra su modo de estar circulando o exponiéndose en el medio y también mucha gente lo dejó, no toleró eso y medio lo abandonó con el tiempo”.
Su última gran muestra se produjo en 2003, en el Centro Cultural Recoleta, escenario de una retrospectiva que celebró su carrera bajo el título El laboratorio de Roberto Elía, donde se recorrió las múltiples facetas de un creador que ha sabido combinar lo discursivo con lo poético en una producción que abarca desde la pintura hasta la creación de objetos.

En la actualidad, además, su obra forma parte de la muestra grupal Huellas compartidas, homenaje a Daniel Callori (1982-2019), en la galería Otto, junto a Daniel Callori, Carlos Arnaiz y Mónica Canzio, abierta hasta el 10 de abril.
El legado de Roberto Elía se encuentra en su habilidad para fusionar lo conceptual con lo poético, creando un lenguaje visual que trascendió las fronteras del arte tradicional con una obra profunda y original, que continúa siendo una referencia en el ámbito del arte contemporáneo.
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