
“Todas las películas son políticas”, declaró el cineasta estadounidense Todd Haynes, presidente del jurado que deberá otorgar el sábado el Oso de Oro de la 75ª Berlinale. El director de 64 años llamó a los cineastas, como todos los ciudadanos, a “empezar a luchar de nuevo” contra “el ambiente reaccionario” tras la elección presidencial de Donald Trump.
Haynes, conocido por un estilo cinematográfico que explora la identidad, el deseo y la representación a través de una estética meticulosa y referencias al cine clásico, recurre con frecuencia a narrativas fragmentadas y una puesta en escena estilizada para cuestionar convenciones sociales y culturales. Su obra se inscribe dentro del cine independiente estadounidense con una mirada crítica y sofisticada, con una filmografía que incluye películas como Lejos del paraíso (2002), que evoca el melodrama de Douglas Sirk, I’m Not There (2007), una aproximación experimental a la figura de Bob Dylan, y Carol (2015), un drama sobre el amor prohibido en los años 50. Ahora le toca el turno de estar del otro lado del mostrador.

—Carol, Secretos de un escándalo... Usted ha competido a menudo en festivales, ¿qué se siente al formar parte del jurado?
—Es una oportunidad para poner de lado tu propio trabajo. Fui bastante estricto conmigo mismo, como creo que lo fueron los demás miembros del jurado, no leí nada sobre las películas, apenas un vistazo al nombre el director (...) Ese tipo de virginidad con el cine es cada vez más raro en nuestra cultura, saturada de información. Es el mejor homenaje a la propia película, porque no tienes expectativas particulares.
—Como ciudadano estadounidense ¿esperaba más reacciones de parte de los artistas tras las primeras decisiones de Trump?
—No tengo ningún problema en señalar a Donald Trump, Elon Musk y a todo el Partido Republicano y condenarlos por lo que está ocurriendo, este bárbaro asalto contra las instituciones democráticas estadounidenses (...) Es un momento atroz en el cual nos encontramos actualmente, que necesitará toda nuestra energía para resistir y volver a un sistema que, por imperfecto que sea, es algo que hemos dado por sentado como estadounidenses. Todo lo que hemos dado por sentado está en peligro.

—¿Los artistas y cineastas tienen un papel que desempeñar?
—Todo el mundo tiene un papel que desempeñar. El cine es intrínsecamente un subproducto cultural. Incluso la película hollywoodense más comercial (...) es un reflejo de la cultura, incluso si uno no se da cuenta (...) Sus significados son importantes (...) Desgraciadamente, ya estamos viendo, no necesariamente en Hollywood, pero sí en otros lugares vinculados al poder de las grandes empresas, un abandono frente a esta nueva administración, que es chocante (...) Tenemos que ser conscientes del peligro.
—¿Cree que el cine LGBT, celebrado en Berlín con la Queer Palm y del cual usted es una figura destacada, esté en peligro?
—Sí, pienso que no nos damos cuenta de lo mucho que de repente está en juego. He visto esta campaña odiosa e insensible contra las personas trans en particular y las personas queer en general, que ha sido uno de los motores de la campaña de la derecha dura que llevó a Trump al poder (...) Eso significa que todos debemos empezar a luchar de nuevo por todo aquello por lo cual hemos luchado en el pasado.

—¿Le dan ganas de volver a hacer películas políticas, como El precio de la verdad (2019), que denunciaba la contaminación de la empresa química DuPont?
—Todas las películas son políticas (...) Cuando Rainer Werner Fassbinder, que venía de un entorno muy político después de 1968, vio los melodramas de Douglas Sirk en Hollywood y decidió que las historias más relevantes y políticas eran sobre la vida doméstica. No hace falta hablar de la lucha contra DuPont para ser político.
—Vemos especialmente en Berlín cada vez más grandes actrices que coproducen las películas que protagonizan, ¿son el futuro de la industria?
—Esperemos que sí. Las mujeres como actrices y estrellas del cine han tenido un papel esencial en Hollywood. Olvidamos que hubo una época, como en los años 30, en la que el número de películas protagonizadas por mujeres era enorme. Mantenían a la industria en marcha, podían influir en cuáles películas se realizaban. Las mujeres interpretaban personajes complejos, incluso crueles (y no) solo la gentil esposa. Esas viejas luchas son un punto fuerte. Pese a las dificultades en el ambiente reaccionario actual, también podemos ganar.
—Como artista, ¿ve a la inteligencia artificial como una herramienta?
—No en la cultura creativa. Es en la medicina y el desarrollo científico, en mi opinión, donde puede ser más positiva. La creación es algo profundamente humano, orgánico y desordenado. Y una computadora no puede reproducir ni mejorar el desorden de una mente creativa.
Fuente: AFP
[Fotos: Ralf Hirschberger/AFP; REUTERS/Fabrizio Bensch; REUTERS/Annegret Hilse; REUTERS/Nadja Wohlleben]
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