Nahuel Pérez Biscayart, protagonista de El Jockey, la película de Luis Ortega que está nominada en la categoría “mejor película latinoamericana” para la entrega de los premios Goya, es muy pesimista sobre el futuro del cine argentino: “la situación es desastrosa, cada vez peor”.
“El año que viene probablemente no haya pelis argentinas viajando por los festivales”, ha afirmado rotundamente el actor y agregó que los dirigentes de su país están “muy, muy, muy obstinados con la destrucción, sobre todo obstinados con destruir todo lo que sea cultura y arte. Es una misión de vida o muerte”.
Y lo que más le preocupa es la falta de compromiso de la gente más joven y la desaparición gradual del espíritu de lo colectivo. “Hay mucha sensación de que ‘Bueno, mientras que yo tenga mi trabajito, mi libertad de comprarme lo que yo quiero, estoy bien...’ Pero eso tiene duración corta para mí, porque no hay posibilidad de construir y de evolucionar en soledad. Es imposible”.

El pesimismo del actor contrasta con el buen comienzo profesional que está teniendo, con sus últimos trabajos, rodados en España (La mitad de Ana), Argentina (El Jockey) y Francia (No hay amor perdido). “Francés, español... Donde sea, estaremos ahí filmando o haciendo otras cosas”, apunta Pérez Biscayart, encantado con asistir este sábado a la gala de los Goya, que se celebrará en Granada.
“El Jockey”, nominado al Goya
Pérez Biscayart no confía mucho en las posibilidades de El Jockey para llevarse el Goya -”ni siquiera se estrenó en España. No sé quienes la vieron de la Academia, muy poca gente, me imagino”-, aunque el filme ganó el premio “Horizontes Latinos” en el Festival de San Sebastián con su original y arriesgada propuesta centrada en un jinete tan famoso como autodestructivo y en su relación con su novia, interpretada por la actriz española Úrsula Corberó.
Pero está feliz por ir a la gala y encontrarse “con colegas, con amigos y amigas”. “Celebrar el hecho de que podamos seguir haciendo películas ya eso me parece un montón”, ha agregado el actor, que también destacó la importancia de los premios porque dan “espaldarazos y más larga vida al cine”.

En este caso además el premio al que aspira en un Goya, de un cine, el español, que es “un mundo desconocido y conocido a la vez” para él. A la vez destacó la relación que mantiene con los periodistas españoles, que califica de “increíble”. “Me parecen de un nivel descollante, me parecen de un entendimiento y de una sensibilidad de verdad abrumadora”.
Y aunque nunca ha vivido largas temporadas en España, reconoce que cada vez que le surge la oportunidad de trabajar aquí la aprovecha. “Es un lugar que se trabaja muy bien, es muy amoroso, es muy creativo. Yo siempre he tenido experiencias muy buenas en España, realmente muy buenas. Lo siento como una casa que no conozco mucho, pero cada vez que voy me siento muy en casa, sinceramente”.
Cine francés
También se siente como en casa en Francia, un país que lo ha recibido muy bien y en el que trabaja mucho, como en No hay amor perdido, una película en la que interpreta a un padre que se queda solo con su hija tras el abandono de la madre.

“Me conmovió profundamente. Cuando leí el guion y terminé llorando, era muy evidente que había algo del gesto amoroso que la película propone que me conmovió profundamente, ver a estos personajes intentando resolver o reconciliarse con este dolor tan antiguo a través del amor, el afecto, el juego, el humor, la poesía.... Es todo lo que quiero de la vida”.
En el filme le acompaña la joven Céleste Brunnquell, nominada al César a revelación femenina, y con quien destila química en la pantalla, algo que se trasladó al rodaje porque el director, Erwan Le Duc, “armó como una constelación familiar bastante especial” y cuando se construyen “esos lugares un poco disidentes, más de la minoría, el entendimiento es más inmediato”.
Una película con toques de comedia, en la que el actor se apoya más en el cuerpo que en los diálogos para construir el personaje, algo que también le pasó con El Jockey. “No me doy cuenta si un personaje es silencioso o no es silencioso (...) Para mí, el cuerpo es texto y el texto es cuerpo”, concluye.
Fuente: EFE
[Fotos: Annegret Helse/REUTERS; Hannibal Hanschke/REUTERS; Disney +; Domino Films]
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